Trinchera Oriental

 

La Octava Estrella

 

        

         Como si fuese una gracia, los flamantes diputados decidieron que su primera tarea del año debía ser complacer los caprichos de Rosines y su papá quien, demostrando claramente que a Venezuela la considera de su propiedad, se empeñó en dar como regalo de reyes a la infanta un lucero más en el cielo de la patria.

 

         Colocar una octava estrella a la bandera es una tarea imprescindible sobre todo si su majestad lo solicita, y es mas importante aún que resolver la ley de jubilaciones y pensiones, solventar la emergencia vial del país o castigar la corrupción – bueno, entiendo que esto último sería como encarcelarse ellos mismos – no obstante, una estrella mas, torcerle el pescuezo al caballo o agregar espigas al escudo tiene su sentido, sobre todo en estos tiempos de escándalos.

 

         Cambiar los símbolos patrios, la historia y hasta las fechas patrias se ha convertido en una constante de este régimen quien está empeñado en contar las cosas a su manera, ilustrando una especie de revisionismo histórico para convertir a héroes en villanos, a golpes de estado en rebeliones populares o a traidores de la patria, asesinos y criminales en héroes continentales.

 

         Pero esto también es parte de un plan para enterrar los escándalos que por la ineficacia gubernamental, tienen a los venezolanos a punto de ebullición, porque de alguna manera deben tapar los huecos de las calles, los puentes caídos, los millares de damnificados, los centenares de muertos dominicales, los sin techo, la escasez de alimentos, el hambre, la corrupción, el desempleo galopante – hacia el frente, como el caballo que proponen – y en fin, los incontables problemas que sufrimos, y nada mejor que un escándalo para ello, y como Barreto fracasó en su intento, entonces, recurren a algo que si de verdad duele a todos: nuestros sagrados símbolos patrios.

 

En lo sucesivo y no nos extrañemos, pues para eso están, veremos a una AN ocupada en complacer caprichos del dictador, cambiando el himno (gloria al manso pueblo que a Cuba entrego – su alma, su tierra, que Chávez regaló, por ejemplo) o hasta cambiando las fechas patrias para celebrar el natalicio de Chávez, su ascenso al poder, sus batallas contra el imperio o quizás el día en que mojó los pantalones en el Museo Histórico Militar y quien sabe, hasta a lo mejor decretan como día de fiesta nacional el cumpleaños de la morrocoya.

 

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