Rompiendo el silencio

Por: Daniel Cardozo

Martes, 06 de abril, 2005 

         Durante estos años de lucha, una de las cosas que tuvimos como fortaleza ha sido la capacidad del pueblo venezolano, del pueblo demócrata, verdadero heredero de Bolívar, de no callar ante las amenazas de los usurpadores del poder, dando por sentado que la voz del pueblo no puede ser silenciada por los artífices de la opresión.

         Entonces, ¿Cómo podemos permitir que nos silencien? ¿Cómo podemos permitir que nos callen la boca y nos apaguen la llama de la conciencia? ¿Cómo dejar que nuestra fortaleza se vuelva debilidad?

Simplemente ni podemos ni debemos permitirlo, pues el hacerlo es sinónimo de cobardía y debilidad y no somos un pueblo de cobardes ¿o si?

Eso es lo que desean a toda costa los neocomunistas que han invadido y usurpado el poder, que seamos testigos mudos de su incursión, que seamos incapaces de protestar, que nos convirtamos en marionetas que ellos muevan cuando quieran.

         Pero no solo este régimen tiránico liderado por el peor dictador que ha tenido nuestra patria es quien neciamente pretende silenciarnos, sino también aquellos que han sido vanamente nuestros “interlocutores” pues desgraciadamente son mas los que han vendido su alma al tirano que aquellos que verdaderamente buscan nuestra libertad pues desgraciadamente para algunos de esos “voceros” es mas importante un cargo o un puesto de “poder” que la libertad de nuestro pueblo.

         Entonces, ¡rompamos el silencio!, no permitamos que las cadenas de dictadura nos arropen, salgamos, protestemos, manifestémonos, declaremos nuestra inconformidad por todos los medios, hagamos lo que un pueblo conciente que su destino esta siendo transformado en esclavitud haría: desobedecer, rebelarse, protestar y luchar por los medios posibles para alcanzar ese ideal de libertad y justicia que nos merecemos como nación e individuos.

         La única forma que nos callen es que nosotros tengamos miedo de hablar, entonces ¡Rompamos el silencio y echemos a los miedos fuera! ¡Hablemos! ¡Que se nos escuche! ¡Que sepan todos, los tiranos y sus payasos que el pueblo venezolano no los quiere!, pues ni siquiera la amenaza de sus leyes opresoras deben hacernos retroceder.

Lo peor que una sociedad puede hacer es silenciarse por temor a la injusticia, pues cuando callamos, no solo dejamos que la única voz que se escuche sea la del tirano sino que nos hacemos rehenes de nuestros propios miedos.

         Venezuela… Despierta y reacciona…

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