Libertad, divino
tesoro
Por: Daniel Cardozo
Miércoles,
02 de febrero 2005
Hablar de libertad es entrar en un tema interesantísimo, lastima
que tratar de desarrollar un concepto simple y adaptado a los ideales de cada
quien resulte casi imposible.
Veamos: libertad es para el preso estar en la calle, para el ladron robar sin ser capturado, para el niño jugar con lo
que quiera, para el político poder desarrollar sus ideas, para el periodista o
el escritor plasmar su pensamiento sin censuras, para el empresario crear
riquezas para si, para el pobre dejar de serlo, para los pueblos su
independencia o autodeterminación, y así, podemos seguir dando ejemplos hasta
el infinito pero ¿Qué es realmente la libertad?, eso depende de de cada quien
en su particular condición.
Pero vayamos a un ejemplo más cercano a nosotros: ¿Qué es libertad
para el régimen y para los opositores a este? Nuevamente caemos en un bucle
infinito de modelos e interpretaciones.
Para el régimen libertad parece ser el tener la capacidad de
integrar a todo el país a su modelo “ideológico”, que todos conciban al mundo
bajo su particular óptica mientras que para la oposición es algo similar, solo
que – y volvemos a las interpretaciones particulares – cada uno muestra un
modelo de libertad donde parece que solo se es libre cuando el otro deje de
serlo.
El régimen dice que los venezolanos somos libres porque ahora
ellos combaten el latifundio, la “excesiva” propiedad privada, los modelos
económicos capitalistas y el pluripartidismo. Consideran que somos libres
porque están desarrollando un modelo ideológico y social que “garantiza la
independencia económica de las masas, donde cada uno es ahora dueño de su
destino”, que se ha acabado la
dominación imperialista, pero ¿eso es lo que verdaderamente ocurre? Yo creo que
no.
No puede existir libertad cuando las leyes están siendo
maquilladas no para regular a la sociedad con normas que hagan mantener la
esencia de igualdad entre todos, sino para condicionarla a pensar, actuar,
opinar y subsistir dentro de un esquema donde el sistema sea intocable, no
criticable y absolutamente superior a la voluntad del colectivo supeditando a
un pequeño grupo a decidir por todos.
Del otro lado, existe la realidad que la libertad quiere ser
igualmente condicionada a un modelo donde se aplique esta misma concepción
absolutista pero ¡contra el que ahora agobia al resto de los que no están con
el sistema!, y de nuevo esto nos lleva a caer en un ideal de libertad donde un
grupo controle al otro y eso, amigos míos, no me parece libertad.
En definitiva – repito, es mi apreciación – ambos sectores, el que
tiene el poder y el que desea recuperarlo, conciben a la libertad como la forma
de controlar a la sociedad y una manera de manejar sutilmente los hilos del
poder para que ellos mismos sean los que decidan como debe ser el pensamiento y
acción de los ciudadanos, y ninguno de los dos conceptos permiten desarrollar
un sistema de libertades donde ciertos valores fundamentales – la tolerancia,
la aceptación de las diferencias, la libertad de iniciativas, la igualdad de
oportunidades, la igualdad ante la ley y la libertad del pensamiento – sean en
realidad respetados íntegramente.
Libertad por supuesto no puede ser que cada quien haga lo que le
de la gana sin limites ni reglas de convivencia – las leyes fijan estos limites
y estas reglas – y mientras las leyes sigan siendo dictadas no para regular la
acción de todos sino para facilitar la actuación de unos pocos y el control
absoluto de los demás, mientras las leyes sean formas de coaccionar al que
piensa distinto, al que sueña distinto, al que opina diferente, la libertad
seguirá siendo una utopía y un matiz de interpretaciones donde el concepto en
si será desarrollado dentro de los cánones particulares de valores personales
de quienes dictan y hacen cumplir estas leyes.
La libertad no se decreta ni se inventa, eso es un valor
intrínseco a los seres humanos, pues hemos dejado de vivir en el libertinaje,
el caos y la anarquía cuando creamos las reglas básicas de convivencia. La
libertad no puede ser la capacidad de oprimir a los contrarios ni la libertad
puede ser que dependiendo de quien mande las leyes se adapten para darle la
facilidad de dominar a la sociedad: la libertad debería ser la capacidad de los
seres humanos de desarrollarnos íntegramente, de ser iguales ante las leyes, de
no ser limitados por nuestras ideas, de aceptar los limites de convivencia,
debería ser algo tan sencillo como “no hacer a los demás lo que no queremos que
nos hagan a nosotros”.
Libertad, divino tesoro. Que difícil es lograrla y que difícil es
vivir dentro de ella, pero que difícil es comprender que no seremos libres
mientras queramos dominar a los demás e impedirles ser libres.
Para
contactar a Daniel Cardozo: