La verdad de Isaías

Noviembre 11, 2005

Por: Daniel G. Cardozo M.

Probablemente nunca se logre dar con la verdad de lo sucedido a Danilo Anderson, quizás jamás se pueda saber la verdad de quienes están detrás de su muerte y los reales motivos de su ajusticiamiento, pero algo si llegaremos a conocer de toda esta situación: las capacidades imaginativas del poeta fiscal.

Digo que nunca sabremos la verdad porque dependiendo de a quien afecte esta, puede sacarse a relucir o esconderse detrás de algunas de las mas oscuras y pesadas líneas del libreto que en 11 meses el fiscal ha preparado para, cual novelita rosa, entregarlo a cuenta gotas y con variantes en la trama según sea la aceptación del publico de su comedia.

Pero algo si tiene que quedar claro: a Danilo lo mandaron volando al otro mundo porque estaba pisando duro en un terreno incomodo para algún poderoso que no podía darse el lujo que continuase roncándole en la cueva.

¿Quién es ese o quienes son esos poderosos? Indudablemente que si tuviésemos un sistema de justicia serio lo estarían averiguando y lo primero que hubiesen hecho sería investigar el entorno personal del fiscal muerto, la relación de sus casos con ese entorno, su estilo de vida – sumamente ostentoso para su sueldo – y algunos otros detalles que quizás, como sucedió desde un principio, hubiesen apuntado en una dirección nada agradable para sus jefes superiores.

Pero investigar a fondo e imparcialmente el ajusticiamiento de un fiscal que tenia en sus manos casos que, bien manipulados y resueltos según los criterios del pupilo de Fidel para un régimen como este hubiese sido desastroso pues este superfiscal y sus anodinas investigaciones ayudaban a construir al régimen una coraza contra la investigación periodística acuciosa, la critica en sus modos de implementar justicia y sus relaciones obscenas de dominación sobre el resto de los poderes públicos, además de haber sido fuertes escarmientos para quienes se atreven a disentir de la voluntad de “yo el supremo”, y todo indica que a quienes beneficia realmente su muerte no es precisamente a quienes se oponen al régimen sino todo lo contrario.

Necesariamente entonces deben huir por la derecha, desviar las investigaciones, enterrar toda evidencia comprometedora para el sistema y el propio muerto, endosar la culpabilidad a quienes ellos consideran sus enemigos naturales para evitar que al ahora mártir se le vean las costuras de su propio saco de inmundicias acumuladas.

Evidentemente solo para quienes viven insuflados por el odio revolucionario los culpables están donde el fiscal diga así no posea prueba alguna que sustente sus afirmaciones, pero para quien tiene “cuatro dedos de frente” la cosa no es tan sencilla como dice el poeta de ministerio publico.

La verdad es que algo raro sucede con la investigación, porque sino ¿Por qué existen tantas versiones del mismo hecho? ¿Por qué no se toman en cuenta las investigaciones iniciales? ¿Por qué destituyeron al equipo que inicio dicha investigación? ¿Por qué la fiscalía confía en el testimonio de un consabido estafador colombiano? ¿Dónde están las investigaciones de la red de extorsión ampliamente denunciada? ¿Por qué esa acuciosa representación de toda la sociedad opositora en los imputados del crimen?

¿Es que la única verdad es la que dice el fiscal?

¿No será que lo único cierto es que el fiscal miente?

Quienes mataron al superfiscal ciertamente no tienen pases de abordaje al autobús de Isaías y deben estar regocijándose de ver como inculpan a los más pendejos intentando colocarles tras las rejas de la indolencia de un ministerio público que convierte a sinvergüenzas en mártires revolucionarios.

Esos son los que mas se benefician de la imaginación cómplice de Isaías: los culpables…

 

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