Por: Daniel G. Cardozo M.
Probablemente nunca se logre dar con la verdad de lo
sucedido a Danilo Anderson,
quizás jamás se pueda saber la verdad de quienes están detrás de su muerte y
los reales motivos de su ajusticiamiento, pero algo si llegaremos a conocer de
toda esta situación: las capacidades imaginativas del poeta fiscal.
Digo que nunca sabremos la verdad porque dependiendo
de a quien afecte esta, puede sacarse a relucir o esconderse detrás de algunas
de las mas oscuras y pesadas líneas del libreto que en 11 meses el fiscal ha
preparado para, cual novelita rosa, entregarlo a cuenta gotas y con variantes
en la trama según sea la aceptación del publico de su comedia.
Pero algo si tiene que quedar claro: a Danilo lo mandaron volando al otro mundo porque estaba
pisando duro en un terreno incomodo para algún poderoso que no podía darse el
lujo que continuase roncándole en la cueva.
¿Quién es ese o quienes son esos poderosos?
Indudablemente que si tuviésemos un sistema de justicia serio lo estarían
averiguando y lo primero que hubiesen hecho sería investigar el entorno
personal del fiscal muerto, la relación de sus casos con ese entorno, su estilo
de vida – sumamente ostentoso para su sueldo – y algunos otros detalles que
quizás, como sucedió desde un principio, hubiesen apuntado en una dirección
nada agradable para sus jefes superiores.
Pero investigar a fondo e imparcialmente el
ajusticiamiento de un fiscal que tenia en sus manos casos que, bien manipulados
y resueltos según los criterios del pupilo de Fidel para un régimen como este
hubiese sido desastroso pues este superfiscal y sus
anodinas investigaciones ayudaban a construir al régimen una coraza contra la
investigación periodística acuciosa, la critica en sus modos de implementar
justicia y sus relaciones obscenas de dominación sobre el resto de los poderes
públicos, además de haber sido fuertes escarmientos para quienes se atreven a
disentir de la voluntad de “yo el supremo”, y todo indica que a quienes beneficia
realmente su muerte no es precisamente a quienes se oponen al régimen sino todo
lo contrario.
Necesariamente entonces deben huir por la derecha,
desviar las investigaciones, enterrar toda evidencia comprometedora para el
sistema y el propio muerto, endosar la culpabilidad a quienes ellos consideran
sus enemigos naturales para evitar que al ahora mártir se le vean las costuras
de su propio saco de inmundicias acumuladas.
Evidentemente solo para quienes viven insuflados por
el odio revolucionario los culpables están donde el fiscal diga así no posea
prueba alguna que sustente sus afirmaciones, pero para quien tiene “cuatro
dedos de frente” la cosa no es tan sencilla como dice el poeta de ministerio
publico.
La verdad es que algo raro sucede con la investigación,
porque sino ¿Por qué existen tantas versiones del mismo hecho? ¿Por qué no se
toman en cuenta las investigaciones iniciales? ¿Por qué destituyeron al equipo
que inicio dicha investigación? ¿Por qué la fiscalía confía en el testimonio de
un consabido estafador colombiano? ¿Dónde están las investigaciones de la red
de extorsión ampliamente denunciada? ¿Por qué esa acuciosa representación de
toda la sociedad opositora en los imputados del crimen?
¿Es que la única verdad es la que dice el fiscal?
¿No será que lo único cierto es que el fiscal miente?
Quienes mataron al superfiscal
ciertamente no tienen pases de abordaje al autobús de Isaías y deben estar
regocijándose de ver como inculpan a los más pendejos
intentando colocarles tras las rejas de la indolencia de un ministerio público
que convierte a sinvergüenzas en mártires revolucionarios.
Esos son los que mas se benefician de la imaginación
cómplice de Isaías: los culpables…