Fachadas
Por:
Daniel G. Cardozo M.
Los poderes públicos,
esos que teóricamente deberían mantener el equilibrio del poder y sustentar la
democracia como sistema, se han convertido en simples reservorios de patrañas
para sustentar la permanencia de un régimen retrógrado.
Tomemos el ejemplo de la
Defensoría del Pueblo: un organismo que en otras partes del mundo tiene como función
el velar por el cumplimiento estricto de aquellas reglas que dan valor al ser
humano, sus derechos individuales, colectivos y difusos ante el poder, aquí sencillamente
es un órgano para defender la impunidad de acción de las otras ramas del poder
publico, así estos actúen en contra de simples normas éticas.
Esta “defensoría”
plantea que el recurso de las morochas – técnicamente avaladas por el “estatuto
electoral de participación publica” – es legal y no menoscaba el derecho de representación
proporcional que tanto costó instaurar en Venezuela, y contrariamente favorece
a que la nueva oligarquía oficial pueda preservar sus “ventajas” ante cualquier
contendor político.
El CNE, que debería ser
el órgano encargado de mantener la transparencia electoral es otro apéndice del
ejecutivo dedicado a crear no condiciones para que todos participen, sino las
que el régimen necesita para fraguar fraudes indetectables.
El TSJ, que debería ser
la voz de la justicia y el garante de la ley, es solo un gran edificio donde
convergen los mas oscuros intereses del régimen para,
de manera técnicamente “legal”, sostener su fachada democrática.
Las FAN también entran
en este paquete, pues de haber sido una vez los garantes de la soberanía y
guardianes de la libertad, son solo un atajo de maletas que sostienen con grandes
correas sus abultados estómagos y sus rebosantes bolsillos llenos del dinero con
el que han comprado su lealtad.
La AN, sitio por
excelencia para el debate, la discusión y la creación de leyes y contrapesos
administrativos, es solo un recinto donde se dan cita facinerosos, mafias y
bandas de delincuentes con inmunidad cuyo único propósito es facilitar la creación
de instrumentos legales que den carácter “legal” a la represión y el
despilfarro.
Ante este panorama,
donde las instituciones publicas, los órganos representativos del ciudadano y
los entes garantes de la soberanía, la legalidad y el derecho se han convertido
en simples consortes inmundas de un sistema contrario a los valores de la
democracia y destructor de la libertad, los ciudadanos, los venezolanos,
debemos comenzar a tomar decisiones trascendentales, pues no es otra cosa que
la vida, la libertad y nuestro futuro lo que nos estamos jugando.
No es posible ni
aceptable que permitamos el fallecimiento de la democracia, así que cada quien
que tome sus decisiones y asuma la responsabilidad que le toca.
Señores: la pelea es
peleando así que ya va siendo hora que en lugar de asomar el garrote lo usemos…