La fabrica de odios
Por:
Daniel G. Cardozo M.
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Viernes, 19 de agosto
de 2005
Como nunca en Venezuela el odio es fabricado en serie, en una línea
ensambladora de resentimientos y maleficios que cada día cuenta con
innovaciones y adiciones.
Si nos sentamos a observar el aparato propagandístico del régimen y sus
efectos sobre la población podemos quedar absolutamente espeluznados: este
gobierno va sembrando odios en la conciencia de los ciudadanos a un ritmo
vertiginoso, filtrándose en todos los estratos sociales cual cáncer metastásico.
Desde el odio entre hermanos hasta el odio xenofóbico se inculca como
modelo de pensamiento político y hasta como forma de vida de muchos ciudadanos.
El régimen maléficamente prepara el escenario a una supuesta confrontación
donde unos defenderán – según ellos – la dignidad y la soberanía del país y
otros serán los receptores de semejante carga de violencia por considerarles parte
de los “invasores”, pero también maquina la forma en que los venezolanos
terminemos detestándonos y por miedo a ser agredidos, mucha gente se sume a sus
filas, finiquitando el mas sagrado principio de un ser humano: la autodeterminación.
Según el mensaje oficial hay que odiar a los ricos, odiar a los
extranjeros, odiar a los sectores mas favorecidos, detestar la democracia,
execrar al que piense distinto y destruir a todos estos ya que su matemática malévola
los define como variables enemigas.
La violencia política es su instrumento pero ya la intención va mas allá
de solamente dividir por diferencias de pensamiento: desean fervientemente que
el odio se convierta en violencia, que los venezolanos se maten entre si, que
seamos capaces de dañar a nuestro vecino, a nuestro hermano, a nuestros hijos.
Hemos sido testigos de lo que un sistema que siembra odios puede hacer y
también de hasta donde puede llegar un ser humano infectado por el germen de la
maldad contenida en mensajes que manipulando el patriotismo, la lealtad y los
principios afectan la psiquis colectiva.
Hay sectores que parecen irreconciliables con los que difieren de su
pensamiento: chavistas que odian a los opositores, opositores que odian a los
chavistas, chavistas que se odian entre si, de igual manera entre la oposición pero
parece que ninguno se ha puesto a pensar que de cierta forma todos tienen el
mismo ideal de prosperidad y grandeza, solo que unos creen que pueden llegar a
eso destruyendo al contrario y otros creemos que estos se puede lograr sin
necesidad de matarnos entre nosotros.
Definitivamente hay que buscar la forma de no dejarnos permear por la violencia sin sentido a la que nos quieren
conducir, pero tampoco podemos dejarnos dominar y someter por los que a cuenta
de creerse poderosos consideran tienen el derecho a
ejercer la violencia en contra de los demás.
Bien dijo un amigo mío hace tiempo: la no violencia no significa el
dejarse golpear, humillar y someter, significa ser paciente, tolerante y evitar
la confrontación, sin embargo ante la agresión tenemos el deber irrenunciable
de defendernos, de evitar ser denigrados y aunque en el ejercicio de esta
legitima defensa debamos ser violentos, eso jamás puede ser considerado una
falta.
Pero la legítima defensa tampoco se circunscribe a una respuesta
instintiva ante la agresión: es también generar acciones que eviten esta o
luchar para que los derechos naturales del ser humano de ser libre, ser
autentico y expresarse no sean confiscados.
Poner “la otra mejilla” es bueno, lo malo es siempre estarla colocando
para ser abofeteados, así que si el otro quiere agredirnos constantemente debemos
defendernos, si vemos que el otro prepara el terreno para destruirnos debemos
defendernos y a veces la mejor defensa es el ataque.
Debemos defender nuestra integridad física, la de nuestros seres
queridos, nuestros bienes y nuestro sustento, eso es defender nuestros derechos
específicos, pero también debemos defender los derechos difusos del colectivo del
que somos parte.
Defendamos pues nuestro derecho colectivo a expresarnos, a elegir, a ser
libres, a decidir que hacer con nuestras vidas y contraataquemos a un régimen
que a toda costa nos quiere sumisos y obedientes, que ejerce la violencia
contra todos y que merece que de una buena vez los ciudadanos demócratas y
amantes de la libertad le enfrentemos.