Esquelética
protesta
Por: Daniel G. Cardozo M.
Aparecieron como seres salidos de las sombras, sin invitación y sin
aviso, mostrando que aun en este país existe gente que a su manera expresa su
descontento.
Se convirtieron por unos días en el símbolo más tangible de lo que ha
significado este gobierno para los mas pobres a
quienes tiene en el hueso, flacos, famélicos y hambrientos tanto de alimentos
como de esperanzas porque hasta esta ha desaparecido de las mentes confundidas
de aquellos que creyeron que con un "hombre fuerte" las cosas
mejorarían.
No es la primera vez que se relaciona a este régimen con símbolos
macabros, pero es que no ha dejado alternativas: esta "revolución"
solo ha dejado a su paso hambre, muerte y destrucción.
Pero no son solo huesos pintados sobre cartón lo que se exhibió en
algunas partes de la capital, fue el descontento, fue el sentimiento, fue la
voz reprimida de aquellos que no tienen los mismos medios para protestar por la
situación indignante que vivimos que posee el régimen para proclamar a los
cuatro vientos la ilusión de que vivimos en un país prospero.
Ingeniosa manera de protestar: mostrando en papel y públicamente un
retrato fiel de esta gobierno hambreador, traidor a la
patria, que ha vendido y comprado el alma de muchos y que esta adquiriendo a
plazos la capacidad de ser dueño de la vida de todos mientras que destruye
sistemáticamente un futuro en paz, libertad y prosperidad que a la final es lo
único que desean los venezolanos, no ser simples peones del gobierno.
Y aun cuando se intente decir que eso fue un ataque
"terrorista" porque según estaban impregnados de materiales tóxicos
sabemos que lo único toxico, el veneno mas mortal es la combinación de una
ideología orientada hacia la exaltación del odio como forma de vida y que a la
final es lo que quien por ahora dirige al país da como mensaje cada vez que
abre la boca: expele veneno, acido corrosivo que destruye lo que toca.
Los esqueletos de cartón son en gran medida una protesta simple, quizás
para algunos ingenua o infantil pero que demuestra la templanza de un pueblo
que no se rendirá, que no se dejara someter ni permitirá que su libertad sea
roída hasta los huesos por las jaurías del comunismo disfrazado de "revolución".
Esquelética protesta, minúscula pero que expresiva, que clara y que
mordaz, y hay que ver que a pesar que lo nieguen, ha puesto los pelos de punta
al régimen, no por el miedo a los espantos sino por el temor que el pueblo
definitivamente despierte del letargo en que se encuentra