El payaso fantasma
Por:
Daniel G. Cardozo M.
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Martes, 31 de
mayo, 2005
Nuevamente ayer el gran payaso de Miraflores realizó
una opera burlesca donde muchos analistas, periodistas y ciudadanos cayeron por
inocentes.
Muchas situaciones se entretejieron, demasiadas
especulaciones y una excesiva importancia se le dio a la “desaparición
controlada” del bufón Chávez cuando mas bien ya deberíamos estar al tanto que
esa es una de las muchas estrategias mediáticas copiadas al dedillo de su
mentor y colega asesino Fidel Castro Ruz, dictador de Cuba.
El aprendiz de dictador indudablemente es astuto –
sino que lo diga Jorge Rodríguez y el Ministro de Petróleo – pero nosotros
debemos serlo más aun y evitar caer en sus manipulaciones porque con ese tipo
de cosas, consigue lo que necesita como aire para respirar: atención.
Muy distinto hubiese sido si nadie, ningún periodista
ni ningún analista hubiesen tomado en cuenta la falta del grotesco en la
marchita del sábado y en el Alo Delincuente. Estoy seguro – y esto por saber
algo de cómo tratar personalidades disociadas, egocéntricas y delirantes como
el – que si no se le hubiese tomado en cuenta por lo menos se sentiría
rechazado, solo y olvidado, y eso para el es mortal pues mientras le demos
atención a sus show e inexplicables “desapariciones” el muy sinvergüenza
seguirá feliz y con el ego hinchado.
Falta saber si quienes tienen en sus manos el manejo
de los medios – es decir los periodistas – entienden que no es noticia si el
sátrapa se esconde o decide “desaparecer”; noticia seria que ciertamente no se
le encontrase.
Yo seria partidario de dejar a Atila un par de días
sin cobertura mediática, o sea, dos días sin que se publique ninguna noticia
donde el este involucrado, sin que se le haga caso de sus peroratas ni se le
comente, es mas, que se haga como que no existe para ver que pasa.
No hay ley que obligue ni a los medios ni a los ciudadanos
tener que publicar, comentar o decir lo que el hace o dice, y deberíamos como
ejercicio saludable pasar un tiempo sin hacerle caso a sus locuras – por
supuesto, no podemos descuidar sus delirios asesinos – pero seria bueno para el
país dejar de prestarle atención por unos días ya que estoy seguro que se
desmoronaría emocionalmente.
Al margen de las teorías que se presentaron en días
pasados – problemas internos, viaje a Cuba, golpe seco, ensayo de sistemas de
defensa, etc. – debemos ser muy objetivos en el tratamiento de ese tipo de
payasadas: su única intención es levantarse la moral y esconder sus miedos,
hacer a los demás quedar como tontos elucubrando que pasó con el y facilitar la
manipulación al estilo fidelista donde al mentor lo “desaparecen” unos días con
rumores de hasta haberse muerto y luego “reaparece” en un acto triunfal donde
se hace el vencedor, el imprescindible y el necesario.
Que se recuerde Hugo: de imprescindibles están llenos
los cementerios y el ciertamente no hace falta para nada; solo necesitamos que
se calle y de una buena vez desaparezca para siempre.