Elecciones y participación
política
Por: Daniel Cardozo
Martes,
Elecciones y participación política son dos caras de
una misma moneda, pues sin elecciones, la participación política de los
ciudadanos es nula, y son las elecciones, la piedra angular de todo sistema
democrático.
Cuando hablamos de elecciones libres y democráticas,
los estándares que definen cuando estas elecciones son tanto legítimas como
validas exigen que dicha elección contenga al menos tres garantías básicas:
transparencia e imparcialidad del árbitro electoral, libre participación de los
que por ley pueden ser electores e igualdad de condiciones para la
participación de los que deseen postularse.
En Venezuela, ninguna de estas tres exigencias se
cumplen, sin embargo, hay una especie de frenesí electoral por parte de los
ciudadanos, quienes desean expresarse pero sienten temor de hacerlo porque
sencillamente nada garantiza que su voluntad sea respetada – cualquiera de las
voluntades – pues el sistema electoral venezolano se encuentra sumergido en la
mas grave tragedia que se pueda imaginar: esta absolutamente controlado por el
gobierno y por ende esta institución carece de credibilidad alguna incluso
dentro de algunos círculos moderados de los afectos al régimen.
Aun así, existen algunos factores políticos
supuestamente contrarios al sistema quienes desean a toda costa participar en
elecciones, aun con conocimiento que cualquier acto electoral efectuado con el
actual Consejo Nacional Electoral se convertiría en una especie de simulacro de
“participación electoral”, pues evidentemente – y quedo demostrado con los
resultados del año pasado – quienes gozaran de la “preferencia del electorado”
serán aquellos postulados por el dedo mágico de Miraflores.
Entonces frente a este escenario ¿Qué podemos hacer
los ciudadanos si quienes deberían poner orden en este asunto o no quieren o no
pueden hacerlo?, y por supuesto con instituciones controladas por el régimen
será imposible efectuar cualquier acto electoral que no genere dudas en la
población en cuanto a su transparencia, legitimidad y sobre todo en la
veracidad de los resultados.
Son muchas las cosas que se proponen, desde no proclamar
candidaturas hasta la desobediencia de las leyes, pero todas estas opciones
implican necesariamente de una cosa: de la participación de los ciudadanos en
la creación de escenarios donde se presionen a las instituciones, y es allí, en
la participación, en la cohesión, en la formalidad de la denuncia, en los
planteamientos de las protestas necesarias y de las denuncias imprescindibles
por donde comienza la solución al problema.
Muchos dirán que en el pasado cercano se realizaron
protestas, marchas y demás formas de presión ante la actitud autocrática de un
régimen que enfermizamente desea controlar todo ámbito de decisión política,
sin embargo, debemos aceptar que tanto quienes se encargaron de dirigir y
negociar la salida electoral como los ciudadanos que apoyamos a esos lideres
cometimos enormes y garrafales errores tácticos y estratégicos que afianzaron y
dieron mas poder al régimen, por lo cual, la estrategia necesariamente debe ser
otra.
Pero independientemente de cual será la estrategia
de a implementar para rescatar tanto la institucionalidad como la democracia,
es la participación de los ciudadanos lo que verdaderamente importa, pues si
nos dejamos arropar por el temor, la indiferencia, el derrotismo y el
conformismo, de nada habrán valido todas las penurias que como nación hemos
pasado para tener un sistema democrático que esta en riesgo de pasar a la
historia tanto por el hegemónico control que posee el régimen de las
instituciones como por la falta de voluntad y de participación que en estos momentos
posee la disidencia democrática al régimen.
Entonces, debemos de procurar lograr tener
elecciones, que los que se consideran aptos para dirigir al país tengan la
oportunidad de participar, pero para que esto no sea simplemente una farsa que legitíme a un sistema claramente autocrático hace falta
restituir el orden jurídico violentado y esto solo se lograra mediante la
presión del pueblo organizado en las calles, denunciando a nivel internacional,
con la protesta, con la presión que la misma democracia nos permite ejercer,
que las mismas leyes nos facultan a producir, mediante la ineludible
participación de los ciudadanos en la exigencia de que tanto las leyes como la
constitución sean respetadas y que no se ejerza el poder de la manera
delincuencial en que se ha venido ejerciendo.
Es imperativo que los ciudadanos nos reorganicemos y
de nuevo retomemos el control de nuestras decisiones y aspiraciones y no
permitamos que se nos reduzca a ser confinados dentro de una cárcel territorial
llamada Venezuela porque la sociedad de cómplices así lo desea.
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