Elecciones y participación política

Por: Daniel Cardozo

Martes, 08 de marzo, 2005

Elecciones y participación política son dos caras de una misma moneda, pues sin elecciones, la participación política de los ciudadanos es nula, y son las elecciones, la piedra angular de todo sistema democrático.

Cuando hablamos de elecciones libres y democráticas, los estándares que definen cuando estas elecciones son tanto legítimas como validas exigen que dicha elección contenga al menos tres garantías básicas: transparencia e imparcialidad del árbitro electoral, libre participación de los que por ley pueden ser electores e igualdad de condiciones para la participación de los que deseen postularse.

En Venezuela, ninguna de estas tres exigencias se cumplen, sin embargo, hay una especie de frenesí electoral por parte de los ciudadanos, quienes desean expresarse pero sienten temor de hacerlo porque sencillamente nada garantiza que su voluntad sea respetada – cualquiera de las voluntades – pues el sistema electoral venezolano se encuentra sumergido en la mas grave tragedia que se pueda imaginar: esta absolutamente controlado por el gobierno y por ende esta institución carece de credibilidad alguna incluso dentro de algunos círculos moderados de los afectos al régimen.

Aun así, existen algunos factores políticos supuestamente contrarios al sistema quienes desean a toda costa participar en elecciones, aun con conocimiento que cualquier acto electoral efectuado con el actual Consejo Nacional Electoral se convertiría en una especie de simulacro de “participación electoral”, pues evidentemente – y quedo demostrado con los resultados del año pasado – quienes gozaran de la “preferencia del electorado” serán aquellos postulados por el dedo mágico de Miraflores.

Entonces frente a este escenario ¿Qué podemos hacer los ciudadanos si quienes deberían poner orden en este asunto o no quieren o no pueden hacerlo?, y por supuesto con instituciones controladas por el régimen será imposible efectuar cualquier acto electoral que no genere dudas en la población en cuanto a su transparencia, legitimidad y sobre todo en la veracidad de los resultados.

Son muchas las cosas que se proponen, desde no proclamar candidaturas hasta la desobediencia de las leyes, pero todas estas opciones implican necesariamente de una cosa: de la participación de los ciudadanos en la creación de escenarios donde se presionen a las instituciones, y es allí, en la participación, en la cohesión, en la formalidad de la denuncia, en los planteamientos de las protestas necesarias y de las denuncias imprescindibles por donde comienza la solución al problema.

Muchos dirán que en el pasado cercano se realizaron protestas, marchas y demás formas de presión ante la actitud autocrática de un régimen que enfermizamente desea controlar todo ámbito de decisión política, sin embargo, debemos aceptar que tanto quienes se encargaron de dirigir y negociar la salida electoral como los ciudadanos que apoyamos a esos lideres cometimos enormes y garrafales errores tácticos y estratégicos que afianzaron y dieron mas poder al régimen, por lo cual, la estrategia necesariamente debe ser otra.

Pero independientemente de cual será la estrategia de a implementar para rescatar tanto la institucionalidad como la democracia, es la participación de los ciudadanos lo que verdaderamente importa, pues si nos dejamos arropar por el temor, la indiferencia, el derrotismo y el conformismo, de nada habrán valido todas las penurias que como nación hemos pasado para tener un sistema democrático que esta en riesgo de pasar a la historia tanto por el hegemónico control que posee el régimen de las instituciones como por la falta de voluntad y de participación que en estos momentos posee la disidencia democrática al régimen.

Entonces, debemos de procurar lograr tener elecciones, que los que se consideran aptos para dirigir al país tengan la oportunidad de participar, pero para que esto no sea simplemente una farsa que legitíme a un sistema claramente autocrático hace falta restituir el orden jurídico violentado y esto solo se lograra mediante la presión del pueblo organizado en las calles, denunciando a nivel internacional, con la protesta, con la presión que la misma democracia nos permite ejercer, que las mismas leyes nos facultan a producir, mediante la ineludible participación de los ciudadanos en la exigencia de que tanto las leyes como la constitución sean respetadas y que no se ejerza el poder de la manera delincuencial en que se ha venido ejerciendo.

Es imperativo que los ciudadanos nos reorganicemos y de nuevo retomemos el control de nuestras decisiones y aspiraciones y no permitamos que se nos reduzca a ser confinados dentro de una cárcel territorial llamada Venezuela porque la sociedad de cómplices así lo desea.

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