Con una pequeña ayuda de mis amigos…

Por: Daniel G. Cardozo M.

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Sábado, 30 de abril, 2005

Escucho algo de música mientras trato de concentrarme en mi trabajo. Es algo extraño tratar de concentrarse en algo mientras tengo tantas cosas que a la vez dependen de mi atención; la respuesta al que me escribe, el programa que no logro instalar bien, el teléfono que suena, y además la música que quiero escuchar a ver si logro evadir aunque sea por unos minutos la inmensa realidad que me oprime contra el piso, pero que va, ni siquiera escuchar la música que mas me gusta logra que mi conciencia, que mi alma pierdan la concentración que ellas tienen en atormentarme con esa cantaleta que me dice “no te conformes, no te rindas, no te dejes asustar”… que problema con esa conciencia mía.

Ciertamente es bizarro el tratar de estar eludiendo una situación que por mas que intente perderla me persigue, se me presenta en todas las formas visibles e invisibles, que bulle en mi mente sin que logren ni siquiera las notas agudas de la guitarra de Harrison acallarlas o por lo menos hacer que desaparezcan unos instantes, y es que desgraciadamente vivo en una situación de la que no hay escapatoria: mi conciencia no va a darme tregua y tampoco va a dejar que olvide aunque sea por un segundo todas las vivencias que me acompañan como un equipaje imposible de arrojar por la ventana.

¡Como envidio a esas personas que aun a pesar de ser victimas como yo de las circunstancias logran escapar de su conciencia y sus responsabilidades personales!, y mas aun las envidio por tener la capacidad de en un abrir y cerrar de ojos olvidar y dejar atrás, trascender y hacerse de la idea que nada ha pasado, que nada sucede y que todo esta bien.

Pero yo no puedo para desgracia mía. ¡Dios! ¿Por qué no me has dado el don de ser pasivo, paciente y conforme sino todo lo contrario? ¿Por qué me condenas a vivir angustiado preocupándome por las cosas que los demás consideran imposibles de cambiar? ¿Por qué me haces creer con tanta fuerza que si me empeño podré cambiar al mundo? ¿Por qué no me dejas simplemente ser uno más en la línea en vez de ser quien quiere desesperadamente salir de ella?

¿Será que tú tienes algún plan para mí? ¿O será que yo solo me imagino que mis ideas pueden ayudar a cambiar las cosas? ¿Será que de verdad soy un iluso, un idealista sin causa?

Cualquiera que sea la su plan, igualmente sigo con mi cerebro en ebullición, esperando, buscando, ideando, hablando y escribiendo para dar salida a las ideas, pues sino las digo se convierten en mas peso para mi agobiada alma, pues para darle reposo debo de decir lo que pienso ¡Como envido a aquellos que pueden quedarse callados y hacer lo que se les dice!, aun a pesar que creo que son simples borregos.

Sigo escuchando mi música, “With a little help from my friends” y no puedo dar crédito a mis propias palabras cuando digo que no importa agobiarme, pues al menos me siento bien preocupándome de las cosas que a algunos les parecen simplezas, cuestiones sin importancia; como que si la libertad de ser quien quiera ser fuese un juego, como que si el derecho a expresarme o a trabajar solo se me pudiese dar si pienso como se me diga, como que si yo hubiese dejado de ser yo para ser “aquel”, uno mas de la línea.

La música me da ideas, y creo que una de ellas es muy apropiada: con una pequeña ayuda de mis amigos, de los venezolanos que no nos dejamos meter en una línea y queremos ser libres, a lo mejor logremos que eso que tanto sueño y deseo se haga realidad: por fin ver al carnicero de Miraflores detrás de unas rejas gruesas, con traje a rayas y en espera de ser fusilado, verlo a el formado en una línea junto a los otros que desde hace tiempo quieren a juro meterme en la suya.

Dirán que es imposible, lo dicen esos que ya se conformaron, pero a mi no me saca nadie de la cabeza que llegara el día en que pueda convertir ese anhelo en realidad, con una pequeña  ayuda de mis amigos…

 

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