Anzoátegui merece prosperidad

 

Por: Daniel G. Cardozo M.

 

Anzoátegui es un estado bendecido por dios. Tenemos playas espectaculares, sabanas, ciudades, un mar rico en peces, petróleo y gas por patadas y lo más importante: gente buena que quiere progresar con paz y democracia.

 

Pero lo que dios nos concede en abundancia los que lo administran en este plano terrenal lo despilfarran indolentemente.

 

Durante décadas se ha desperdiciado lo que producimos, pero lo de ahora no tiene comparación ninguna. Todo el dinero que recibe el estado se desvanece en planes ineficientes y sin un criterio de inversión mediante el cual, los beneficios sean disfrutados por todos.

 

Vialidad, hospitales, infraestructura turística, ambiente, todos son un desastre y por mas que el gobierno actual, que el califa de la ribereña se empeñe en contradecir lo que este cronista relata, la realidad salta a la vista apenas se sale a cualquier calle o ciudad de este estado.

 

Y no puede decir que nada más se deba a que "heredó" un estado ya calamitoso y achacarle el desastre únicamente a sus antecesores, porque el califa de la ribereña junto a los irresponsables diputados que nos dicen representar tiene su cuota de responsabilidad y sus manos, así como sus chequeras están bañadas con la sangre, miseria y necesidad de un pueblo necesitado de soluciones.

 

Si bien la gestión "anterior" fue calificada por este cronista en más de una oportunidad de invisible, la actual solo puedo calificarla como trágica.

 

Los índices de bienestar son contradictorios si tratamos de contrastarlos con el nivel de recursos que esta administración ha recibido, pero a pesar que se ha demostrado que su gestión no es ni para los pobres ni para mejorar las condiciones de vida de los anzoatiguenses, pero si para engordar las panzas y las cuentas corrientes de mas de un "revolucionario", que como el pez, murieron por la boca.

 

Basta con ver los ostentosos niveles de vida que exhiben los personeros del gobierno para entender el nivel de depredación de las arcas publicas, y mientras ellos disfrutan de la bonanza petrolera, los ciudadanos humildes siguen condenados a la pobreza y la miseria.

 

Pero ese pueblo que lo puso lo va a sacar, porque Anzoátegui no se merece más engaños ni más saqueos, y aunque diga tener el poder, lo que tiene son los días contados, porque sencillamente se ahogan entre la ineficiencia, las disputas, la corrupción y el autoritarismo salvaje de un gobernador que antes de empezar ya había fracasado.

 

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