Por: Daniel G. Cardozo M.
Arrancó la campaña. Para mi debería ser motivo de jubilo esa noticia,
pero ahora es sinónimo de vergüenza.
Comentaba con una amiga cuando por primera vez fui a votar la emoción
que sentía. Nadie me presionó para que me inscribiera, lo hice porque eso, mas
allá que con 18 años podía entrar en discotecas o me daba el permiso de
manejar, me hacia sentir adulto, una persona seria, alguien responsable que
tendría en sus manos la responsabilidad de elegir a quienes nos representarían.
Mas adulto y mas emocionado me sentí cuando para esa primera
oportunidad, en la casa del partido me dijeron “carajito,
tu vas a ser testigo, así que preaprese e instrúyase para que cumpla con su
deber”.
No dormí antes de la elección y puntualmente estuve en mi centro de
votación, voté y me dispuse a realizar mi labor.
Ahora, años después y luego de mucho trabajo, sinsabores, desengaños, amigos
conocidos en el fragor de la lucha, enemigos que me detestan, pero con un
bagaje de recuerdos y vivencias extraordinarias, debo decir que me da vergüenza
aceptar que estoy inscrito en el REP, me da dolor decir que he votado y dado
legitimidad a tantos fraudes, pero mas vergüenza me da decir que estoy inscrito
como candidato – suplente – a diputado por el Estado Anzoátegui, y aunque esto
ultimo debería ser para mi un orgullo, lo fuese si se hubiesen logrado las
condiciones mínimas de decencia: conteo manual, sin cuadernos electrónicos,
auditoria previa y posterior, auditoria del REP y eliminación de EEPP (alias
morochas), aun cuando el CNE, esa bazofia de institución continuase en manos
del anormal psicólogo.
Si esto se lograse, si aunque fuera pudiésemos contar los votos sin
traumas, pudiese seguir en la contienda, pero visto que eso tampoco será
posible, prefiero retirarme a pasar como tonto útil del régimen.
Proyectando como he hecho en los últimos tiempos las acciones del
régimen y sus aliados de la oposición, observo que todo aquello que antes podía
ser un orgullo, una responsabilidad y hasta un deber, se ha convertido en un
simple acto de teatro, ya que nadie puede hacer que confíe en la institución
del voto, nadie puede hacer que yo, un ciudadano que nunca ha dejado de
participar ahora lo haga, pero lo mas grave es que ahora nadie puede siquiera
asomar que la voluntad verdadera del elector será respetada así vayamos
masivamente a votar y lo hagamos expresando a viva voz nuestra decisión.
Reflexionando seriamente he decidido buscar las maneras para que si mi
partido desea continuar en la contienda puedan sustituirme de la postulación,
porque lo que soy yo, me niego a participar en semejante circo, y si no puedo
hacerlo, si es imposible que se me sustituya, aun si mi compañero y yo ganamos,
me negaré a ser parte de una Asamblea entregada de piernas abiertas a un
dictador.
Pero no me quedare de brazos cruzados ni melancólicamente discerniendo
acerca de la posibilidad de haber sido electo ya que por ser parte de un
partido pequeño, sin morochas, sin dinero para campaña, se que por mas que la
gente llegase a votar por mi compañero de formula y yo, nunca saldremos
electos, simplemente porque ni somos parte de la oposición oficialista ni
tampoco estamos dentro del “pacto” para la repartición de los cargos “de
maquillaje”.
Retomaré el camino que así me cueste la cárcel, es el único que
considero es el adecuado para continuar siendo digno: proclamar la
desobediencia ciudadana, el derrocamiento del régimen y la disolución de esta
porquería llamada “Quinta republica”.
Nuevamente retomaré el teclado, aplazaré mis planes, me entregare a la
lucha, me apartaré del camino partidista y evitare toda ruta electoral hasta
que seamos una nación con instituciones serias e imparciales.
Volveré a las calles, seguiré siendo crítico de los pactos secretos para
mantener cargos, seguiré mordazmente atacando al régimen y cueste lo que
cueste, llevaré el mensaje y la voz de la esperanza a los oprimidos, a los
engañados, a los desesperanzados: que si es posible ser libres y liberar a
Venezuela de esta dictadura comunista.
Hoy le digo adiós a un sueño, a una ilusión, a mi deber como político y
como ciudadano, el llegar a ser diputado de la Republica, el de representar a
mi estado porque es eso únicamente: un sueño imposible de concretar ante las
circunstancias de inmensas desventajas e ilegalidades a que nos vemos
sometidos, pero nuevamente abrazo las banderas que me han movido: las de la
libertad a toda costa, el tricolor de mi patria, los estandartes de la
dignidad, vuelvo a ser combatiente.