Ajuste de cuentas 

 

Por: Daniel G. Cardozo M.

 

Regularmente vemos esta frase en reseñas noticiosas de última página. Esta forma velada de pena de muerte se está aplicando desde hace años casi con la anuencia de la población y por supuesto con la complacencia y hasta participación de los cuerpos de seguridad, pero la incidencia estadística de los ajustes de cuentas en los últimos años es espantosa y por desgracia caen justos por pecadores – como en la masacre de Caricuao –, convirtiéndose a los primeros en simples delincuentes según la ocasión y la preferencia del tipo de malandro – uniformado o común – que actúe.

 

Si relacionamos los ajustes de cuentas, los asesinatos por encargo, “entre bandas” y los enfrentamientos policiales obtenemos un numero asombroso: mas del 70% de los homicidios que han ocurrido giran en torno a estos móviles que de por si no dan muchas luces de lo que realmente pudo suceder con los fallecidos aun cuando nuestra inmisericordia nos dicte que “por ser malandros, no importan”, pero que si dice mucho de nuestra terrible situación social.

 

Pero el ajuste de cuentas como forma de desaparecer a los contrarios no solo es usado por el hamponato común sino que también puede perfectamente denominarse al accionar represivo del estado como un “ajuste de cuentas” con motivaciones delincuenciales, y si bien no es el plomo parejo lo que regularmente usan – también funciona, ojo y sino que lo diga el hijo de Haydee Castillo – los métodos “revolucionarios” y los formalismos “legales” bien pueden catalogarse como armas de grueso calibre disparadas inmisericordemente en contra de cualquiera – inocente o no – que ose fastidiar al hampón mayor Hugo Chávez.

 

Pareciese que al igual que los delincuentes comunes encuentran como motivación para asesinar a diestra y siniestra la “lucha” por los territorios o la exclusividad para delinquir, el régimen también se motiva en cosas similares: el abigeato transformado en expropiaciones para justificar el deseo irrefrenable de poseer la tierra ajena, la confiscación transfigurada en “utilidad publica” para convertirse en industriales de la noche a la mañana o la inefable figura del “enfrentamiento” para encubrir los ajusticiamientos políticos.

 

Pero el modo favorito del régimen es el de endosar el epíteto “terrorista” en su variadas formas a todo aquel que de una manera u otra este determinado a exponer, expresar y denunciar todas las artimañas de un modelo político criminal que transforma la disidencia, el pensar distinto o el no arrodillarse en un pecado que ellos deben expiar mediante sus tribunales inquisidores populares o en ultima instancia, con el fuego – o el plomo – sagrado de la “revolución, pues todo enemigo de la “revolución” debe ser destruido de cualquier forma posible.

 

De todas formas, y pese a lo que muchos consideren, esta manera de saldar cuentas con los contrarios son propias de delincuentes, de matones, de asesinos o mafiosos y distan mucho de ser las maneras de cualquier gobierno democrático por imperfecto que sea debería usar para dirimir sus diferencias políticas o ideológicas, pero cuando los delincuentes tienen poder, nada menos puede esperarse.

 

El régimen ajusta cuentas de la manera mas salvaje, pero como todo tiene su final y la justicia siempre alcanza al criminal, llegara la hora en que el pueblo demócrata tenga su momento de “ajustar cuentas” con los malvados, solo espero que se haga en la forma en que seguro mas les duele: exponiéndolos al necesario escarnio publico que viene de ser juzgados con todo el peso de la ley.

 

Así que vayan sacando cuentas, prepárense que el tiempo de pagar y cobrar esta cerca…

 

 

 

 

 

 

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