LA CASA HURDANA

Por Mar�a Luisa Mart�n Guti�rrez

ASPECTOS SIGNIFICATIVOS

La comarca de Las Hurdes se encuentra situada al norte de la provincia de C�ceres, formando frontera con la provincia de Salamanca. Limita al norte con las comarcas salmantinas de Agadones y de la Sierra de Francia, al sur con la comarca de Vegas de Alag�n, al oeste con la Sierra de Gata y al este con el Valle del Ambroz.

Desde el punto de vista f�sico, se define por ser un espacio heterog�neo, con fuertes pendientes y cerrados valles formados por el discurrir de los r�os; con una altura media de 800 metros y un sustrato de pizarras; con raqu�ticos suelos y una vegetaci�n aut�ctona de encinas, casta�os y algunos robles, y otra extra�a con eucaliptos o pinares. Estos elementos influyen en la orientaci�n de las viviendas, en el tipo de materiales que se emplean, en su forma de asociarse para conformar las manzanas, etc.

Su territorio, desde un punto de vista administrativo, se organiza en cinco municipios que albergan un total de 34 alquer�as que dependen a tales efectos de los anteriores. Pero dentro de la misma comarca, se distinguen Las Hurdes Altas (Casares de Las Hurdes, Ladrillar y Nu�omoral y sus respectivas alquer�as), y Las Hurdes Bajas (Caminomorisco y Pinofranqueado, adem�s de sus alquer�as). La evoluci�n hist�rica de los municipios y sus alquer�as ha determinado la aparici�n de algunos elementos extra�os a la comarca y la desaparici�n de otros, lo que enriquece todav�a m�s nuestra curiosidad por conocer como es la arquitectura en este espacio.

Si tenemos presente la hidrograf�a, Las Hurdes est�n atravesadas por los r�os Los Angeles, Hurdano, Ladrilar o Malo, todos ellos afluentes del Alag�n y el Arrago, Esparab�n, afluente de Los Angeles y Malvellido, afluente del Hurdano. Existe una red secundaria conformada por numerosos arroyos que discurren entre barrancos y que dan una impronta muy caracter�stica al paisaje. El discurrir de estos cauces ha marcado el emplazamiento de los n�cleos y su dedicaci�n.

Desde el punto de vista econ�mico, la dedicaci�n ha sido la ganadera y la agricultura, aunque siempre con un sentido de precariedad y autosuficiencia. Sus principales relaciones han sido con Plasencia y Ciudad Rodrigo, y en menor medida, con Coria y Salamanca.

Poblacionalmente, vemos una comarca que ha pasada de tener una fuerte presi�n demogr�fica a estar a la cabeza del proceso migratorio, con unas perdidas que han superado en algunos casos m�s del 50 % y que ha repercutido negativamente en las casas, pues el proceso de deterioro se ha generalizado con mayor rapidez.

La estructura urbana viene determinada por la topograf�a, careciendo de espacios p�blicos amplios y con una trama de calles estrechas, empinadas, de fuertes pendientes que se adaptan al terreno y en los que no hay cabida para mobiliario urbano, salvo las entradas a las casas y umbrales que se constituyen en improvisados bancos.

LA CASA HURDANA. EVOLUCI�N

Desde sus or�genes, los asentamientos de Las Hurdes presentan caracter�sticas peculiares derivadas de su ubicaci�n sobre un complejo y fragmentado relieve y de una encajonada red fluvial. Pero la nota m�s conocida de este lugar es, sobre todo, el tipo de arquitecturas que se encuentran y que iremos difiniendo concierto detalle.

Podemos partir de una descripci�n asumida durante mucho tiempo y es la que Madoz da en su obra (P. Madoz, 1849). Seg�en �l, "...estas alquer�as se componen de varios grupos informes de casas, y �stas, que m�s pueden llamarse grutas y pocilgas, se construyen cavando en la tierra todo su recinto interior, para elevar las paredes en el exterior, tanto menos cuanta mayor es la profundidad que resulta. Este reciento se cubre despu�s con los ramos o brazos de los �rboles, poniendo encima, en lugar de tejas, frandes l�minas de pizarra que escurren el agua unas sobre otras, todo sin barro ni argamasa de ninguna clase y, menos lucido ni encalado... El aspecto exterior, por consiguiente, es tan mezquino, confundi�ndose con el color y la escabrosidad del terreno, que se necesita alguna atenci�n para conocer a alguna distancia que all� hay un pueblo... En el interior, constan estas casas de dos espacios: en el primero, o sea, en el de entrada, se coloca elmiserable jumento, o cuatro o seis cabras que alguno tiene; y en el segundo, se ve lleno la mayor parte de camadas de helecho seco, que sorven para el descanso, quedando un trecho para el fuego...".

Las tipolog�as arquitect�nicas del viejo caser�o hurdano no presentan en apariencia gran diversidad en cuanto a morfolog�as constructivas. En s�ntesis, vienen definidas por dos aspectos que son: el uso de la pizarra como material b�sico en las f�bricas y en las cubiertas (que confiere a la construcci�n una m�mesis con el paisaje), y la simplicidad estructural en una adecuaci�n perfecta al medio en el que se ubica.

El m�dulo fundamental responde en el exterior con una construcci�n de una planta, de proporciones modestas, conplanta semiredonda o cuadrada, de escasa altura, sin apenas vanos (entrada �nicamente), y cubierta de grandes lajas de pizarras montadas sobre una simple estructura de maderos; y al interior se organiza en dos partes, una de uso dom�stico y la otra agr�cola. Se presentan en emplazamientos monta�osos, confuertes pendientes, cercanos a los r�os, en fondo de valle, con escasos recursos agrarios (todas las alquer�as que festonean los valles de los r�os Malvellido y Ladrillar).

A este m�dulo inicial, apenas imperceptible por la m�mesis que presenta con el entorno, se lesuperpone en el tiempo otro en el que el incremento de las alturas es considerable, llegando a un total de dos a una calle y tres en la pendiente (de tres a cinco metros en pizarra), pero siempre emple�ndose la parte baja paa cuadra (con entrada en recodo o por la puerta abierta a favor de la pendiente). Pero esta reconversi�n de las alturas se fundamentan en un cambio de actitud con respecto al espacio interior, en el que se incrementan el n�mero de las estancias y se cambian de emplazamiento. Est�n m�s cercanas al siglo XX y a un urbanismo en el que ya se entiende la necesidad de articulaci�n a trav�s de calles y en compacto, lo que da lugar a manzanas m�s o menos irregulares (Vegas de Coria, Cambroncino, El Robledo, Riomalo de Arriba).

En la actualidad, las renovaciones y la mutaciones edificatorias han convertido a la arquitectura hurdana en un elemento ex�tico dentro del panorama arquitect�nico comarcal, pues salvo algunas excepciones, �nicamente hay restos puntuales. Se han roto vol�menes, texturas, perspectivas, perfiles, materiales a la b�squeda de esa nueva vivienda m�s acorde con las nuevas necesidades planteadas.

ASPECTOS SIGNIFICATIVOS: MATERIALES, PLANTAS, VANOS Y DISTRIBUCI�N INTERNA.

El uso de la pizarra es uno de los rasgos definitorios pues el sustrato sobre el que se asientan todos los n�cleos es ese. Este material se extrae del mismo solar en el que se edifica y se emplea tanto para los par�metros como para los tejados.En las paredes se disponen sin argamasa, con piedras de tama�o parecido, encaj�ndose cada una de las piezas como si de un puzzle se tratase: las de mayor calibre y longitud en la parte baja y en las esquinas, zonas de m�xima tensi�n y a medida que vamos ascendiendo, se reduce el tama�o y por consiguiente el peso.

En las cubiertas, las lanchas empleadas tienen unas determinadas peculiaridades con respecto al tama�o, robustez, grosor, e incluso color. Es una de las partes m�s delicadas de las casas, y por ello se pone un especial inter�s. Las lajas se montan directamente sobre una estructura simple de palos de casta�o, pino o cualquier madera que d� las medidas, salvo en algunos casos en los que sobre los palos se disponen jaras o escobas trenzadas. Cuentan con una o dos vertientes paralelas a la fachada en la que se abre la puerta principal, volando ligeramente para crear una especie de voladizo o alero.

La apertura de huecos en la casa hurdana tradicional es m�nima, lo que unido al uso indiferenciado como cuadra y como vivienda, hace que las condiciones de habitabilidad interior sean extremas y s�lo comprensibles en una sociedad tan primitiva como era la hurdana hasta las primeras d�cadas de este siglo. La misma vivienda evoluciona hacia una mayor altura y complejidad interna, y el n�mero de vanos se incrementa, pasando a tener las puertas diferenciadas y algunas ventanas en las plantas habitadas, pero siempre dispuestas de modo aleatorio.

Son huecos de tama�o peque�o o medio, con secci�n cuadrada o rectangular, con alf�izar y jambas en pizarra y dinteles en el mismo material o madera; cerradas al exterior con barrotes (pocas) y al interior con portillos macizos ya que apenas se emplea el cristal.

Ya en este siglo podemos datar un nuevo cambio con respecto al tipo y n�mero de huecos, pues no s�lo se vuelvan a incrementar sino que aparecen otros nuevos como los balcones (quiz�s con anterioridad a estas fechas ya se empleasen, pero su generalizaci�n no es hasta ese momento). El urbanismo ha cambiado sensiblemente y este elemento constructivo tiene mucho que ver con el trazado de calles y el ensanche de los pueblos, con una concepci�n m�s abierta hacia el exterior, en una participaci�n en el n�cleo.

Las plantas de las viviendas son generalmente muy irregulares, adapt�ndose al terreno, pero hay una que nos llama especialmente la atenci�n por la significaci�n que se le ha dado: las plantas circulares (propias de estancias dedicadas a actividades agr�colo-ganaderas como boh�os, corrales o zahurdas. Muchas son las teor�as acerca de su procedencia, pero la que m�s nos seduce es la que asocia su origen a una evoluci�n de las majadas. Tal y como se cita en varias publicaciones, las primeras alquer�as que se mencionan en esta comarca est�n relacionadas con una actividad pastoril muy fuerte y no es de extra�ar que de la asociaci�n de varias majadas surgiesen peque�os poblados que dieran lugar con el tiempo a n�cleos habitados de manera continua.

En cuanto a la distribuci�n interna, podemos ver que responden a m�dulos simples, aunque diferenciando entre las formas m�s primitivas en las que el espacio interior se divide en dos �reas dedicadas a cuadras y habit�culo humano (y que siempre aparecen en las cr�nicas), y otras m�s complejas en las que lo normal es que la zona baja (aprovechando el desnivel) se utilice para la cuadra y el resto para uso dom�stico: el patio de entrada y las escaleras a un lado, habitaciones individualizadas e interiores y la cocina, sin chimenea y con lumbre baja cuyos humos se filtran por entre las lajas de pizarra.

N�CLEOS DE INTER�S DE LA COMARCA HURDANA.

Esta selecci�n no pretende discriminar unos n�cleos de otros, pero s� destacar aquellos que cuentan con rasgos de arquitectura hurdana mejor conservados. Son El Gasco, Fragosa, Martilandr�n, Aceitunilla, Asegur, Riomalo de Arriba, Ladrillar, Avellanar y Ovejuela. Si tom�semos otros par�metros como los religiosos o los paisaj�sticos, la lista cambiar�a o se ampliar�a, pero quiz�s en estos est� todav�a la esencia de una parte de Las Hurdes que es preciso conservar y mimar, por encima de los mitos y las leyendas de las que nunca se ha podido separar.

  • El Gasco: Se levanta siguiendo las curvas de nivel, en zigzag, con fuertes pendientes. Las viviendas son de una o dos alturas, m�s el aprovechamiento del subsuelo como cuadra; con entradas diferenciadas en altura o en fachada; cuentan  con ventanas estrechas y alg�n balc�n sobre laja de pizarra. Lo que llama la atenci�n es la decoraci�n de las puertas con imbricaciones, zigzag, rombos, etc.
  • Martilandr�n: Sigue las curvas de nivel, con casas de m�dulo simple con una �nica vertiente siguiendo la pendiente, un solo vano (entrada en recodo) y una planta de tipo semicircular con tabicaci�n horizontal en el interior. Pero tambi�n hay viviendas con dos alturas, con el hueco de entrada y un balc�n sobre lanchas.
  • Fragosa: su emplazamiento sigue las curvas de nivel, en zigzag y las viviendas son de una planta con aprovechamiento del subsuelo para cuadra, con entradas diferenciadas en fachada; ventanas estrechas y balcones sobre base de pizarra amplia,  con baranda en hierro y tejadillo. Las cubiertas a una vertiente (en zona de fuerte pendiente) o a dos (m�s llano), sobresaliendo en este caso sobre canes de madera.
  • Aceitunilla: Adaptado a las curvas de nivel, en forma de abanico. Cuentan con una altura, pero con divisi�n vertical consecuencia del desnivel (cuadra abajo, vivienda arriba) ; con entradas diferenciadas en fachada (puerta de casa con escaleras) y ventana arriba. Tienen guardapolvos o lajas sobre dinteles de puertas, adem�s de alpoyatas. El vuelo de tejados es muy corto, con m�dulos constructivos curvos o rectos.
  • Asegur: Se emplaza siguiendo curvas de nivel, en forma de abanico. Las casas son de planta rectangular o circular, contando con dos entradas diferenciadas en altura o en fachada, seg�n sea la topograf�a, contando con una puerta principal con escaleras de pizarra y un �nico vano de ventilaci�n. Tambi�n aparecen entradas en recodo y los vuelos de la cubierta son cortos.
  • Riomalo de Arriba: Se emplaza siguiendo las curvas de nivel pero en forma de abanico. En la zona alta las viviendas son de dos alturas, con doble puerta a distintos niveles y ventana en la parte superior, con una vertiente y cuentan con muros curvos. Mientras en la zona media y baja, las casa incrementan la altura hasta dos plantas, con balcones sobre lajas de pizarra y tejados a una pendiente.
  • Ladrillar: Sigue las curvas de nivel, estrech�ndose las manzanas a medida que descendemos y desarroll�ndose un tipo de viviendas de una o dos alturas, de una vertiente, con dos entradas independientes a la casa y la cuadra respectivamente a distintos niveles, con balcones sobre lanchas de pizarra o canes del mismo material, en algunos casos cubiertos de forma independiente.
  • Avellanar: Emplazado siguiendo las curvas de nivel, lo m�s destacado son os pasajes sobre canes de madera y base de pizarra, adem�s de las viviendas de modelo b�sico con algunas transformaciones en fachada y al interior.
  • Ovejuela: Se levanta siguiendo curvas de nivel, con casas de dos y tres alturas, con entradas diferenciadas en altura y fachada. Aprovechan el subsuelo para cuadras;  el bajo para habitaciones y sala o bodega; la primera para cocina y otras estancias. Cuenta con balcones retranqueados en fachada o sobresalientes sobre canes de piedra o lanchas de pizarra. Los tejados a dos aguas sobresalientes sobre canes de madera.

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