TERRE SANS PAIN, de Luis Buñuel. Por Murizio Catani
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| Rodado en Las Hurdes en
1933 y sonorizado en París en 1936, el cortometraje de Buñuel, aunque se le haya
considerado como un documental, es sólo una admirable película de ficción. La palabra "ficción" puede chocar porque, es cierto, las imágenes tomadas durante los meses de estancia nacen de las andanzas por la tierra y dan fe, por tanto, del vestuario de las familias pobres, del interior de algunas de sus viviendas como también del aula de una escuela e incluso de las enfermedades que producía la carencia de sal yodada... Pero hay también que advertir que si estas imágenes son, como tales, unos documentos, el contenido de las secuencias que componene el corto (y que son como los capítulos de una novela) y el orden del montaje (que se parece al de los capítulos de dicha novela) corresponden únicamente a la fantasía, a la sensibilidad y a la visión que Buñuel tenía de la vida. Como cualquier otro artista, el gran director de cine recrea, trasnsformándola, la realidad. Así como obra que nace y que es moldeada por la sensibilidad de un intelectual generoso y "hurdanófilo" (amigo de Las Hurdes, como se decía en aquellos tiempos). Tierra sin pan no puede ser y no es un documental o un simple reportaje aunque, al aproximarse la Guerra Civil, el prio autor resolvió a considerarlo como tal (1). Por su parte, aferrándose a la realidad de los hechos, los hurdanos reprochan a Buñuel, entre otras muchas críticas, la secuencia de la cabra despeñándose, las imágenees del burro que matan las aejas, el temblor de los palúdicos acentuado por el aguardiente que se le había dado a beber o las tomas de los infelices que las mojas del Cottolengo recogieron por fin, en Fragosa, unos veinticinco años más tarde. Y es verdad que, a no ser or esgraciado accidente, una cabra no se despeña, que nunca se oyó en la vida que las abajas mataran a un burro aunque siempre puede darse un caso excepcional y como único... pero la cuestión verdadera no es esta. Buñuel no tenía medios para quedarse en Las Hurdes más tiempo y, esto es importante,, lo que a él le interesaba era expresar visualmente su propia interpretación de una sociedad pastoril pobre y plagada de enfermedades (2). Después de componer elguión ideal (o sea, la serie de capítulos de su novela fílmica) a partir del libro de M. Legendre (3), trató de trasnformar cuanto más rápido posible tal letura en imágenes... Lo hizo como pudo y como es costumbre, buena o mala, utilizó los "efectos especiales" de su tiempo y a su alcance. El resultado es impresionante, pero los hurdanos los cosideran falso y atentador (4). De hecho, hay otra secuencia que hiere hondamente a los hurdanos, y no es fácil que hable de ella: la del niño muerto puesto en una artessa que el padre empuja para que pase el río crecido. Es una imagen documental, pero es también una imagen impúdica. "No hay drecho" dicen los hurdanos "nosotros también somos personas". Se ha de apuntar que es una verdad histórica documentada, que hasta el Plan Hurdes, que empezó en 1976, sólo había cementerios en las cabezas de municipio y en alguna alquería más. Las cadáveres tenían que ser transportados a hombros e incluso las parihuelas eran raras... de ahí que, para los hurdanos viejos o jóvenes, las imágenes de Buñuel carezcan de descrepción y de respeto. A mi entender, este equívoco es una pena. No fue por indiscreción por lo que Buñuel rodó y montó aquellas imágenes, quería denunciar un hecho indecoroso que correspondía al Estado sanear. Aunque fueran violentas, más de medio siglo después, las imágenes queda como un acto de amistad. Señalemos por fin que el cortometraje no llegó a ser proyectado en España durante la República y tampoco durante la época franquista. Sonorizado en París enn 1936, la película estuvo enmarcada en Francia y los Estados Unidos dentro de las tensiones ideológicas que pocos años después desembocaron en la Guerra Civil. El artista, el poeta, ya no podía presentar su obra como él, un poema de la vida humana, porque, viviendo fuera de España, tenía que elegir de qué parte estaba. Así lo hizo, y de ahí que él mismo, equivocándose generaosa y voluntariamente, hablara de su película como un documental. Bibliografía (1) La palabra "documental" aparece en las memorias de buñuel "Mon dernier soupir". En la versión castellana del cortometraje (198?), falta, y es en mi entender un fallo, el "placard" (cartel) de carácter nítidamente político que concluía la versión francesa a la época de la sonorización. Cabe señalar que la película no llegó a proyectarse en España no sóo durante el franquismo, sino incluso antes, en la República. (2) Buñuel, L. 1982. "Mon dernier soupir". Propos recueillis par J.C. Carrière, R. Laffont. París, ed. Castellana "Mi último suspiro", Plaza y Janés. Barcelona; Buñuel, L. 1995. "Le Christ à cran d'arrêt", Plon. París, Catani, M. 1985 "Comme e quando accettare l'obbjettivo dell'estraneo". Rivisitari luoghi e stereotipi filmici cinquant'anni dopo Terre sans pain di Luis Buñuel". Quaderni del Laboratorio antropologico universitario. "Teorie e tecniche di antropologia visuale", nº 4, Plalermo. Catani, M. 1989, La invención de Las Hurdes. Una sociedad centrada en sí misma. Editora regional de Extremadura, col. "Cuadernos populares", nº 27-28, 58 p., il. Ibarz, M. L'espectador i el mirall. Diàleg amb "Las Hurdes". Barcelona, julio, 1996. (3) Legendre, M. 1927. Las Jurdes, étude de geographie humaine, Bordeaux-París, ed. Feret et Fils, Bibliotheque de l'école des Hautes hispaniques, facs. XIII. (4) Los hurdanos reprochan también a Buñuel la fría ironía, muy propia, muy parisina e intelectual, del comentario de cuña surrealista, redactado además unos diez años después de las tomas por P. Unik y no por el cineasta. Manejar la ironía es difícil y puede pasar que los directivos interesados carezcan de referencias culturales para entenderla y darse cuenta de ocomo, hablandp así, es muchas veces lo contrario lo que se intenta decir. |