
Desde que logré instalar aquí mi piano Swinwey de gran concierto, ya no hay nada que me llame a otro lugar, porque ya llegué a donde anhelaba llegar. Ahora nada más falta seguir adelante realizando mi viaje más a arduo y más empinado, mi peregrinaje interior. Quiero afinar mi música, mis experiencias, pensamientos y sentimientos, para que armonicen con mi panorama interior. La música de esta simbiosis es el aliento que me sostiene. Deseo sentir el pulso de todo lo que me circunda y al tocar las cuerdas, quiero interpretar su sentido.
Así yo también soy parte
del todo ; no siento conflicto, división ni soledad, porque la sangre
que fluye en mis arterias es la misma fuerza vital que fluye en el universo
- sosteniendo el vaivén de la vida.
Aquí, viendo este paisaje que se disuelve en lo
infinito, el breve espacio que ocupan estos capítulos de mi
biografía puede sensibilizarse y vivir disfrutando de la magnitud
del tiempo espacial.
De lo más profundo de mi ser surge una música misteriosa, rompiendo las ataduras que la sujetan a lo trivial y pasajero para elevarse con alas de añoranza hacia lo eterno.
Aunque mi cuerpo es vulnerable y muy pronto dejará de servir, siento
algo en mi que es una parte de la corriente espiritual eterna. Este cuerpo
tan frágil nada más es el sobre de la carta - el contenido
es un poema titulado con mi nombre. Esta poesía añora vivir
más allá de los diarios, su sentido quiere superar el tiempo
y tener expresión universal. El sonido y el pulso de los milenios
vibra dentro de mi ; quieren quebrar barreras, paredes y las limitaciones
de la mente humana para fluir sin impedimento.
Nota. Hojas de mi último diario, se incluirá
en la tercera edición de su libro. La vida ante los ojos de un Rarámuri.
Autor Romayne Wheeler.