SI PUDIERA VIVIR NUEVAMENTE.

Ese tirano implacable llamado tiempo se vuelve cada vez más exigente, obligándonos a estar a la merced de sus caprichos. Cada vez nos sentimos más oprimidos por sus exigencias. Los rigurosos patrones de productividad que exige la vida moderna nos obligan a hacer más en menos tiempo, como si estuviéramos viviendo contra reloj.

El otro día me encontré en la calle con un amigo. Tenía la lengua afuera, cargaba su maletín en una mano, una enorme bolsa en la otra y sostenía un teléfono celular entre el hombro y su cabeza, por el que hablaba de manera un tanto frenética. Llevaba su ropa a la lavandería, después iba al supermercado, a recoger a los niños y planeaba pedir una pizza, pues no iba a tener tiempo de cocinar...

Mi amigo es un hombre moderno que vive la vida deprisa y corriendo alocadamente. Ese mismo día, también hablé por teléfono con una amiga que se mudó hace dos meses a un nuevo apartamento con sauna, piscina y cancha de tenis... aunque todavía no las ha usado.

¡Cuánta gente supone que, para ser feliz, debe someterse a los rígidos dictámenes de la vida moderna!

No tengo tiempo

No tenemos tiempo para leer un buen libro, escribir una carta, mirar la puesta de sol, conversar con tranquilidad, jugar con nuestros hijos, escucharlos. No tenemos tiempo ni para saborear lo que comemos. Nos olvidamos que para hacer bien la digestión tenemos que poner atención a lo que ingerimos, saboreando los alimentos con todos nuestros sentidos. Muchas veces comemos en quince minutos y tantas otras ni siquiera almorzamos por culpa del trabajo.

Carecemos de tiempo hasta para comer con dignidad.

¿Es que el lema es no perder el tiempo, cueste lo que cueste? Si nos paramos a pensar, nos daríamos cuenta de lo caro que nos está costando vivir así. Lo pagamos con la salud, nuestras relaciones y nuestra vida. No tenemos tiempo para vivir. ¿Y la felicidad?

La verdad es que la felicidad no es algo que nos ocurre, es algo que se construye en todo momento de nuestras vidas. La felicidad es un hábito que se cultiva y que, principalmente, proviene de un cambio de actitud. Cuando aceptamos que la felicidad es una elección que no sólo podemos tomar, sino que nos corresponde hacer, comenzamos a enfocar nuestra energía y atención en querernos, apoyarnos y liberamos de toda adicción a lo urgente.

Siempre estamos a tiempo para volver al ritmo de vida idóneo, para volver a prestarle atención a lo que hacemos, para recordar que sólo hay vida en el presente. Y para recordarlo, te ofrecemos este texto:

Sí pudiera vivir nuevamente mi vida, en la próxima trataría de cometer más errores.
No intentaría ser tan perfecto, me relajaría más, de hecho sería más tonto de lo que he sido.
Tomaría muy pocas cosas con seriedad, sería menos higiénico, correría más riesgos.
Haría más viajes, contemplaría más atardeceres, subiría más montañas, nadaría más ríos, iría a más lugares adonde nunca he ido, comería más helados y menos habas.

Tendría más problemas reales y menos imaginarios.

Yo fui una de esas personas que vivió sensata y prolíficamente cada minuto de su vida.
Claro que tuve momentos de alegría, pero si pudiera volver atrás trataría de tener sólo buenos momentos.

 
Por si no lo saben, de eso está hecha la vida, sólo de momentos. No te pierdas el ahora.

 
Yo era uno de esos que nunca iban a ninguna parte sin un termómetro, una bolsa de agua caliente, un paraguas y un paracaídas. Si pudiera, volvería a vivir, viajaría más liviano.

Si pudiera volver a vivir comenzaría a andar descalzo a principios de la primavera y seguiría así hasta concluir el otoño, daría más vueltas en calesita, contemplaría más amaneceres y jugaría con más niños, si tuviera otra vez la vida por delante....

 

 

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