Los Solitarios Cómo me hacen triste y dolorido los solitarios que van por la vida sin objeto y sin amigos llorando amores que nunca han tenido y arrastrando recuerdos muertos del pasado. Como el viento del arce derriba la hoja y al verla en la triste hierba caída hay quien pasando sin pararse no la recoja igual al fruto amargo que rodando se echa. ¡Ay! Los solitarios son parecidos a esas hojas y a esos frutos que más que del árbol caídas, son almas derribadas y por el mundo olvidadas muertos por besos de sangre y por pedradas. Cuando por las ventosas calles del anochecer los encuentro sin hablar, me llenan de angustia porque me veo a mí en ellos al amanecer después de una hora de amor abajo y arriba. Los solitarios me dan tantas penas y aunque no me hablen ni me vean yo les hablo en silencio de las nostalgias que al verles en mi corazón siempre brotan. No hay quien los mire con mínima bondad más que el mismo viento frío que se desenfrena y no hay quien les ofrezca fraternidad más que la hoja caída que ya está sin vida. Tantas cuitas tienen esos solitarios pero, ¿quién se apiada de ellos? ¿Dios? ¡Tampoco! Se apiada más de los perros y de los gatos que nunca se sienten solos. Y así van mis solitarios, mis amigos de soledad yo que paseo a su lado en profundo silencio mirando arriba a las estrellas sin edad y siempre viéndome tan lejos del hermoso cielo. Cuando en tus amores en lechos de raso te dejas ir en felicidades sospiradas, no olvides entre dos besos de paraíso que los solitarios también desean tus miradas. Tristemente y por todas las edades siguen los seres sin hogar y sin esperanza por las sendas de penas y dolores abrasados por un fuego que les quema el alma. Así pasa la vida, así se nos acerca el ocaso de todos los afanes y de todas las esperanzas que en el mundo siempre serán o han sido sin que nadie sepa la razón de todas esas miserias. Las hojas que estaban en el árbol sólo ayer hoy ya están en el suelo, miseras y desconocidas. así son mis solitarios, ayer a mi lado al atardecer pero mañana, ¿serán allí todavía? ¡Quizás! Sopla el viento y vuelan los pájaros como siempre y vivimos como si la vida fuese un eterno amanecer; canta mi canarino en su jaula, tan vivo y tan alegre, ¡Qué lástima que pronto va a morir, y con él mi placer! Claudio febrero, 1999