Madrileña
¡Oh, vientos que soplan en la noche
llena de soledad y de nostalgia!
¿cómo puedo con mi sangre
barrer los recuerdos de España?
Y tú Madrileña altanera
mirándome desde el pasado
¿crées tu que es mentira
si te digo que sufro tanto?
Comprendo que tus besos
nunca han de ser míos,
pero en mis locos desvaríos
bendigo tus silencios.
¡Bien sabe Dios lo que es
mi más hermoso sueño,
y cual entre todos los seres
es mi esperanza y mi abismo!
Por la última vez, ¡adiós!
sueño de mis sueños,
luz de mis noches,
esencia de mis flores.
Claudio Wye
septiembre, 1998