BORIS GODUNOFF

ópera de Mussorgsky

 

Mussorgsky ha encontrado un libreto casi completo en las escenas dramáticas de Boris Godunoff, de Puchkin. He aquí, contado brevemente, el argumento del drama histórico.

Boris Godunoff, consejero íntimo del zar Fedor, hijo de Iván, hace asesinar el joven Dimitri, hermano y único heredero del soberano. Muerto Fedor, Boris Godunoff sube al trono. En la misma época, un novicio que responde al nombre familiar de Grischka (diminutivo de Gregorio), se evade del convento y se refugia en Polonia, donde se hace pasar por el difunto zarevitz Dimitri. Es bien acogido, pues el gobierno polaco comprende el provecho que puede resultar para Polonia. El falso Dimitri se casa con la hija de uno de los grandes magnates. Al frente del ejército polaco invade Moscovia. Entretanto, muere Boris y el falso Dimitri usurpa durante algún tiempo los derechos soberanos. Esta sucesión de interesantes episodios, tallados por decirlo en la parte viva de la historia de Rusia en el siglo XVII, toman, por obra del genio del gran poeta ruso, un vuelo y una fuerza de expresión extraordinarios.

La obra de Mussorgsky está, pues, formada por una serie de cuadros, cuya enumeración sigue. Primer cuadro: el pueblo, impulsado por agentes secretos de Boris, le suplica, aunque a desgano, que asuma el poder supremo. Segundo cuadro: Cortejo de la coronación de Boris. Tercer cuadro: Una posada en la frontera lituana: Grischka, el falso Dimitri, que ha ahorcado los hábitos, se dirige a Lituania acompañado de dos vagabundos; sus compañeros de camino se emborrachan. El alcalde del lugar, que sigue la pista de Grischka, aparece y exhibe la orden de arresto. Grischka toma la hoja y leyendo en alta voz sustituye su nombre y filación por los de uno de sus dos compañeros. Pero éste arranca la orden de manos de Grischka, deletrea penosamente el contenido y descubre el engaño. Grischka apenas tiene tiempo para desenvainar un cuchillo que lleva oculto y salta por una ventana. Estupor de los presentes, gran agitación. La escena es una de las creaciones más vivas de Puchkin, admirable de agilidad, de vis cómica, de color local y concisión. El texto ha sido conservado por Mussorgsky casi en su integridad. Cuarto cuadro: Palacio del Kremlin. Conversación de Boris con sus dos hijos. Está acosado por terribles remordimientos. Se ha enterado de la aparición de un falso Dimitri. Obsesionado, ve surgir en todas partes la sombra del infante asesinado. Quinto cuadro: Las habitaciones de Marina, la prometida de Dimitri; las doncellas engalanan para un baile a la joven, abstraída en ensueños ambiciosos. Llega un jesuita y la exhorta a emplear el ascendiente que tiene sobre el pretendido zarevitz en favor de Polonia y de la religión católica. Sexto cuadro: Escena nocturna de los jardines del castillo de Mnicheck, padre de Marina. En un momento propicio, Marina abandona la fiesta para reunirse con el enamorado zarevitz en las silenciosas avenidas del jardín. Excita al joven a reconquistar sin tardanza sus derechos, pues su ambición no ve en él más que el futuro zar. Séptimo cuadro: Boris, en su palacio, es presa de fatales presentimientos. Escucha ávidamente el relato de la milagrosa virtud atribuída a los restos del niño mártir, el difunto zarevitz, Dimitri. Aterrado, sintiéndose morir, quiere tomar el hábito monacal, según la antigua costumbre de los príncipes reinantes rusos al acercarse su muerte. Coros de frailes, cirio en mano, recitan lúgubres letanías. Octavo cuadro: Un claro de un bosque; una turba de merodeadores ha hecho prisionero a un boyardo y le abruma a insultos y vejaciones. Un pordiosero visionario y lunático llega acosado por un grupo de niños. Los salteadores acogen con respeto el don profético del viejo. Llegan después dos frailes misioneros; la turba se arroja sobre ellos entre gritos de rabia, y cuando se dispone a colgarlos de un árbol suena una trompeta y súbitamente aparece a caballo el usurpador Dimitri, seguido de numerosa escolta; pone en libertad al boyardo y a los frailes y después de una digna alocución al pueblo continúa su camino acompañado de toda la gente. Queda sólo en escena el mendigo, abstraído en mística contemplación. La ópera termina con las tristes profecías del viejo iluminado, pronosticando al pueblo amargos sufrimientos y abundantes lágrimas.

Como puede verse por la exposición del plan de la obra, no se trata de un argumento cuyas diversas peripecias, combinadas en sucesión lógica y derivando una de otra, forman un conjunto de estricta unidad dramática. Cada escena es independiente, y de carácter secundario la mayor parte de los personajes. Propiamente hablando, Boris Godunoff no es ni un drama ni una ópera; es más bien una crónica musical, como las crónicas dramáticas de Shakespeare. Cada escena, aislada, despierta un gran interés, sin relación ni motivado por los anteriores, y termina bruscamente sin unión tampoco con la escena que va a venir. En este aspecto el texto de Boris tiene gran analogía con el de Russlan.

El autor de Boris Gonunoff es ante todo un compositor realista, con todos los buenos y malos aspectos de esta atrayente tendencia; pero en música, aún más que en otras artes, el realismo tiene límites que se debe temer sobrepasar, pues el lenguaje musical, por la falta de sentido definido y preciso, se presta poco a traducirlo.

Mussorgsky es un maestro de la declamación. Su música es eminentemente expresiva y descriptiva. Mussorgsky es no sólo un músico aparte de los demás, muy original, sino el explorador de aspectos nuevos, desconocidos hasta él, en la ópera dramática moderna. Hay de agregar a este conjunto que el elemento cómico es lo más nuevo y logrado de la partitura de Boris Godunoff.

 

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