y 13,
Conducta franciscana y contrapunto endurecedor
de las fibras del organismo
(Mens sana in corpore sano) 
Todos los animales de la naturaleza pueden hacerse amigos del hombre si éste, lejos de destruirlos y acosarlos, les abre su corazón. Recuérdese el ejemplo del mínimo y dulce Francisco de Asís, el varón que tiene corazón de lis, alma de querube, lengua celestial, cantado por Gustavo Adolfo Bécquer.
-Oiga, que me parece que no fue Bécquerr.
-Digo..., Campoamor; fue un lapsus. >
-Oiga, que me parece que tampoco fue Caampoamor.
-Bueno..., quien sea. ¿Qué más da? >
A los pajaritos se les puede atraer estándose quieto y echándoles migas de pan. A las hienas también pero a éstas hay que echarles gatos muertos. Los gatos pueden matarse a palos o ahogándolos en el pilón; este sistema no es recomendable porque después hay que secarlos; las hienas, contra lo que parece, son muy dengues y señoritas, muy aprensivas y gilipollas. ¿Quién lo diría, verdad?
El ciudadano Iscariote Reclús echaba migas de pan a los gorriones; primero se las traba lejos, para que se fueran confiando, y después, poco a poco, se las iba tirando cada vez más cerca para eso, para que se acercasen. Al final hasta llegaban a cagarle encima y todo. Daba gusto verlos con su alegre gorjeo y sus elásticos saltitos. Los animales de la naturaleza, lo que quieren es vivir y que los dejen en paz. El hombre, no; al hombre lo que le gusta es hacerle la puñeta al vecino, y mearle los geranios, y ponerle la televisión a toda marcha para que no pueda dormir. ¡Qué pena de humanidad, qué manera de desbaratar energías que hubieran podido aplicarse a una causa noble (la alfabetización del Congo, la lucha contra la viruela en la India, el amansamiento del clero indígena en España, etc.)!
-¿Y los grillos? ¿Usted cree que los ggrillos también pueden hacerse amigos del hombre?
-¡Huy, los grillos! ¡Los que más! Y lass ranas, y las avestruces, y las lombrices..., todos sin excepción. La naturaleza no conoce excepciones ni distingos. Unos animales se hacen amigos antes y otros, después; todo depende de que sepamos, o no, demostrarles nuestras intenciones.
El ciudadano Iscariote Reclús estaba especializado en gorriones (otros se especializan en piel, venéreas, sífilis, y tampoco pasa nada). El ciudadano Iscariote Reclús, en cuanto amanecía, preparaba su cartuchito de migas y salía a la calle, a dárselas a los gorriones; a veces se colaba algún pardillo o algún verderol.
-¿Y los dejaba?
-¡Claro que los dejaba! ¿Por qué no loos iba a dejar? El Iscariote no era maniático ni discriminativo, sino natural y espontáneo. El Iscariote dejaba que la naturaleza siguiera su curso. ¿Que un gato caza un pájaro para comérselo? Pues que se lo coma, es la ley de la naturaleza. ¿No lo había cazado solo y sin ayuda de nadie? Ahora bien: si durante el festín pajarero que organizaba el Iscariote cada mañana, se presentaba un gato con intenciones de merendarse un gorrión, el Iscariote lo espantaba sin miramiento alguno, por eso de la complicidad. El Iscariote no quería sentirse cómplice de nadie.
-Ya.
En Villafranca, se conoce que por lo del clima, hay más pájaros que en León; también hay más melones y más sosiego, ésa es la verdad. En Villafranca, el ciudadano Iscariote Reclús, o mejor dicho, para ser más precisos y puntuales, el cosechero de melones Xavier (con x) Cisneros Mola, se sintió a sus anchas y como pez en el agua.
-La naturaleza no reporta más que benefficios, ténganlo presente en todo momento; la naturaleza da salud al cuerpo y paz al karma, digo al alma. Ya los antiguos lo expresaron con muy sabias palabras: mens sana in corpore sano. La traducción es fácil: mens, mente; sana, sana; in, en; corpore, cuerpo; sano, sano. Vamos, que una cosa está en relación con la otra.
-Ya.
En Villafranca, el cosechero de melones que nació llamándose con el cristiano nombre de Saturnino Cabezón y López-Monachil, dormía sobre una tablas, para endurecer las fibras del organismo en general, y se daba largos paseos en bicicleta de piñón fijo, al objeto de robustecer los músculos de la pantorrilla (peroneos, tibiales, extensores, gemelos y flexores).
-El pedaleo es muy saludable porque dissuelve las grasas y fija cada a víscera en su sitio: al estómago, al bazo, al riñón, a todas.
-Ya.
-Y aguza el apetito y, a través de la ooxigenación del cerebro, despierta el discernimiento y da mayor lucidez a la memoria.
-Ya.
Un hombre va en el tren, por ejemplo, y de repente se nota flojón y como reverberado por dentro; nadie lo sabe todavía pero tiene cáncer. Otro hombre marcha por el sendero, o está muy entretenido en la parada del autobús mirándole las piernas a las señoritas, y de golpe se olvida de cómo se llama, o de dónde vive, o de qué color tiene el pelo su mujer; nadie lo sabe aún pero se volvió loco. La desgracia es un cuervo siniestro que nos saca los ojos sin que nos demos cuenta -solía decir don Dadas Papafigo, tío segundo del Saturnino y alnado del Licinio el Grajo, el que estuvo liado con la Tole-Tole de la Pajarera-, un buitre que, a veces, se disfraza de arcángel para mejor engañarnos.
El otro día, 9 de mayo, festividad de san Geroncio, obispo y mártir, de 1965, ocurrió una desgracia muy de lamentar: a quien fue el ciudadano Iscariote Reclús, lo dejó sequito, lo que se dice sequito, una camioneta que iba repartiendo gaseosas por los pueblos. El desventurado accidente tuvo lugar en el cruce de Montuiri, que es muy falso y engañoso, muy confuso y traidor. El interfecto iba montado en su bicicleta y, según síntomas, pasó a mejor vida cuando iba por el aire, incluso antes de poner pie a tierra y darse con la boca contra el suelo. La cosa, por lo visto, fue muy limpia y rápida, muy aseada y caritativa. ¡Más vale así! El entierro estuvo muy animado porque el Satur (q.e.p.d.) gozaba de generales simpatías.
Palma de Mallorca, 10 de mayo a 1 de junio de 1965
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