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Conducta higiénica (Interior y exterior)*
Al ciudadano Iscariote Reclús le daban aprensión las barberías. -No quiero que me peguen lo que no tenggo y puede coadyuvar a mi óbito prematuro. Tampoco debo privar a mi organismo de la sabia defensa natural del vello y del cabello, ornato de la especie y gala de la edad viril. Si el Sumo Hacedor nos hizo peludos, por algo será: no hay que darle más vueltas a la noria. La humanidad es pilosa con su cuenta y razón, igual que las ranas son calvas. ¡Esto de raparse la cara y de pelarse el cuero cabelludo quede para quienes tengan alma de esclavo! ¡Reivindico el inalienable derecho de cada ser humano a administrar su pelo según las normas del libre albedrío y los postulados de los derechos del hombre! -Bueno, bueno, por mí siga usted como uuna oveja, a mi se me da lo mismo... El ciudadano Iscariote Reclús, que se peló cuando lo del éxodo, solía decir para disculparse: -Todos hemos tenido en nuestras vidas uuna huida de Egipto. En caso de peligro de muerte, está justificado sacrificar el pelo para salvar la vida. En cierta ocasión, en Santa Colomba de Curueño, partido judicial de la Vecilla, el ciudadano Iscariote Reclús hubo de dirigir la palabra a un grupo de jóvenes. -¡Huid de los elixires de la muerte, dee los venelixires que minan la salud y adormecen el karma! ¡Rechazad con ira, con santa ira, los nefastos estupefacientes tabernarios: el vino, la cerveza, el anís, el coñac, todo género de alcoholatos! ¡Refugiaos en el consumo de los licores naturales, de los vitalicores que siembran las energías: el agua, la leche de las hembras de los mamíferos, y los zumos de frutas, preferentemente el limón y la naranja! ¡Dad también de lado al té y al café y substituidlos en vuestros hábitos por las infusiones de yerbas naturales o de cebada tostada (vulgarmente llamada malta)! A la salida del local, algunos le tiraron boñigas y cagallones; debe considerarse un éxito porque, por menos, a otros les habían tirado piedras, incluso con honda. El mayor Worm-Hole, el de las normas acroamáticas, aconsejaba andar descalzo para que la inspiración del chorro de la vida se nutriese directamente de los efluvios de la tierra, esto es, de las radiaciones recibidas por vía higiénica natural. El ciudadano Iscariote Reclús no lo ignoraba aunque, claro, tampoco podía seguir el mandato al pie de la letra; en la compañía de la luz no le hubieran permitido ir por las casas descalzo, apuntando contadores y cobrando facturas. El ciudadano Iscariote Reclús, para aunar los principios con la obligación, calzaba sandalias sin calcetines, que es un punto menos que ir a pie desnudo. Cada profesión tiene sus servidumbres y contra ellas de nada vale el querer rebelarse; las cosas hay que tomarlas con paciencia y según vienen. -¿Incluso entre ciudadanos? &nnbsp; -Sí, señor; incluso entre ciudadanos. Esto de ser ciudadanos es una voluntad cívica, en ningún caso un derecho diferencial. -Usted perdone. El ciudadano Iscariote Reclús vestía siempre de luto, en señal de protesta por los crímenes de los sojuzgadores de la humanidad; la higiene del karma, el saber mantenerlo libre de contaminación, no es menos necesaria que la higiene del cuerpo. Como en Europa y en la edad contemporánea, el luto se expresa tiñendo la indumentaria de negro (lutos en ocho horas), el Iscariote, que habitaba en la península ibérica, andaba de viuda. La roña va por fuera; la carroña por dentro. La roña viene a ser mierda fresca o mierda seca, según las circunstancias y el estado de humedad de la atmósfera; la carroña es más bien mierda avinagrada o fermentada, según los humores y el grado de acidez del bandujo. La roña se quita con agua de la fuente y, si es necesario, con un poco de jabón; la carroña con agua de Carabaña y, en algunos casos extremos, con aguardiente alemán. El ciudadano Iscariote Reclús combatía la roña lavándose los pies dos veces al día (por la noche con sal) y bañándose los sábados y vísperas de fiesta. Contra la carroña, luchaba purgándose en los solsticios y los equinoccios y bañándose a los tres días de haberle hecho efecto la purga; a esto baños, el Iscariote les llamaba abluciones estacional-purgativo-terapeúticas o, simplemente, ablespurgáticas. En la ablespurgática del solsticio hiemal, el Iscariote añadía leche de burra al agua (un cuartillo por cada veinticinco litros de agua); en la del estival, acostumbraba a emulsionarla con aceite de oliva filtrado, no refinado (un cuartillo por cada cincuenta litros de agua). En la del equinoccio vernal, el Iscariote se chapuzaba en agua de rosas (doce pétalos por cada año que cumplía) y un pellizco de unto de carnero, en honor de Aries; en la del autumnal, se purificaba mezclando el agua con un par de sarmientos y hojas de vid (muchas, lo menos una arroba). Con estas precauciones, el ciudadano Iscariote Reclús se conservaba joven y de buen ver. La roña suele producirse por contagio; la carroña, por lo común, por imprudencia o exceso, o desacomodo en la alimentación. Contra ambas puede lucharse con eficacia ateniéndose a las normas que prescribe la higiene: moderación, reposo, y agua fresca mucha agua fresca por dentro y por fuera. -¿Y usted cree que duran más los higiénnicos? -Hombre, ¡más , no sé! Lo que sí puedoo decirle es que con sus prácticas, no hacen daño a nadie y ellos lo pasan bien. -Sí; eso sí. El ciudadano Iscariote Reclús no pretendía durar más que los demás; a lo que aspiraba era a durar en mejores condiciones.
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