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Conducta filatélica 
La verdad es que si no fuera por la filatelia muy pocos sabrían dónde queda Belice, o hacia qué latitud asoman las Nuevas Hébridas, o arrimada a qué continente debe buscarse la isla Mauricio. La filatelia es muy instructiva, sobre todo para el conocimiento geográfico del globo terráqueo, y ejercita la paciencia del coleccionista y sus dotes de observación. También se usa para bautizar chinos pero esto, bien mirado, cae ya fuera de la filatelia considerada como ciencia y en su estricto sentido. El Iscariote, en sus tiempos de Saturnino Cabezón y López-Monachil, no daba la debida importancia a los sellos de correos y hasta los tiraba a la basura cuando recibía alguna carta (no muchas, porque al Saturnino la verdad es que no le escribía casi nadie). Cuando se convirtió en el ciudadano Iscariote Reclús, ya fue otra cosa. ¡Entonces sí que se dedicó con entusiasmo a lo de coleccionar sellos! La época de mayor auge coincidió con su contrato civil (matrimonio) con la Cloti Valero, sobre todo poco antes de que se le escapase con Sidi Terremoto.
-¿Y no cree usted que pudo haber influiido eso de la filatelia en la fuga de su señora?
-¡No sería yo quien le dijese lo contraario! Las señoras ya es sabido que propenden al aburrimiento y a echar los pies por alto.
-¿Igual que los nómadas del desierto prropenden al pillaje y al pastoreo?
-Pues sí; una cosa así. ;
-El Iscariote llegó a tener más de mil sellos, sin contar los repetidos, clasificados por años y por países y pegados, muy cuidadosamente, en álbumes con forro de cartoné.
-¡Si viera usted lo bien que le quedabaan, todos puestos en fila y derechitos! ¡Daba gusto verlos: unos amarillos, otros rojos, otros azules, otros verdes... ! Los de las colonias eran muy bonitos, algunos tenían hasta jirafas.
-¿Y monjas? ¿No había sellos con monjass?
-¿Monjas, monjas, quiere usted decir? ¿¿Monjas como las hermanas de la caridad pongamos por caso?
-Sí, eso.
-Pues no; que yo sepa, no había sellos con monjas. ¿Por qué me lo pregunta?
-No, por nada..., por aprender. ¡Pura curiosidad!
En la fonda de la estación había un camarero que se llamaba Luciolo Malluembre (aunque solían decirle Pijopronto), que sabía más historia de España contemporánea que nadie.
-Aquí en León hubo, hace ya años, un fiilatélico muy famoso, el don Selesio Bayubas Portuguí, alias Molleja Cagada, a quien metieron en la cárcel por marica del género hidráulico contemplativo, que además de sellos coleccionaba fajas de puros y estampitas de futbolistas, de esas que vienen en las chocolatinas. El don Selesio era muy fino y aseado y hablaba francés a la perfección; el señor gobernador civil estuvo injusto con él, cuando mandó que lo encerrasen. A él ¿qué más le daba? Lo más seguro es que fuera un mal querer de alguien, la gente es muy cominera y malvada.
-Siga por donde iba. &nbbsp;
-Si, usted perdone. &nbssp;
El Luciolo Malluembre, que era bastante amigo del Iscariote, siguió por donde iba.
-Pues como le iba diciendo. El don Sellesio, mucho antes de la guerra, llegó a pagar seis duros por un sello como lo más natural. ¡Qué tío! ¡Para que luego digan que si esto y que si lo otro! ¡Lo que hay aquí es mucha cochina envidia y muy mala uva! Se lo compró a un tal Puig, que era viajante y que se ponía muy rabioso cuando le decían Puig, porque él quería que le dijeran Puch. El único que lo mentaba a su gusto era el don Selesio; no quisiera ser mal pensado, pero para mí que con sus miras y su cuenta y razón. Este don Selesio Bayubas quedaba un poco relamido y medio maniático y orfebre pero, en el fondo, no era mala persona. Cuando se murió, fue mucha gente a su entierro.
Luciolo Malluembre, Pijopronto, evitó un día un tomate de órdago a la grande, y con mucha oportunidad por cierto, al encerrar al faquir Sidi Terremoto en el water de caballeros para que no se lo tropezase el Iscariote, que se había llegado hasta la estación a tomarse una gaseosa. El Sidi Terremoto viajaba en el correo de Galicia y no se le ocurrió mejor cosa que bajarse del tren para echar un par de postales en el buzón. El ciudadano Iscariote le agradeció mucho a Pijopronto su intervención porque lo cierto es que no tenía ningunas ganas de deslomar al faquir, a pesar de que se le había fugado con la señora. La Cloti, en sus últimos tiempos de convivencia conyugal, estaba ya algo pelma y latosa y, para el marido, fue buena solución el que se largase con viento fresco y sin dar mayores explicaciones.
Si no fuera por la filatelia casi nadie sabría donde está Mozambique, ni Tasmania, ni Bosnia y Herzegovina. La filatelia es muy necesaria para la buena formación cultural de la juventud, e incluso de los hombres y mujeres en edad madura, ya que despierta la curiosidad hacia el extranjero y robustece los vínculos de la solidaridad y el amor entre las razas; si en Norteamérica hubiera más afición a la filatelia, lo más probable es que nadie se apuntase en el Ku-Klux-Klan. El que algunos aficionados faltos de seriedad dediquen sellos a convertir infieles tampoco debe ser mirado con malos ojos ya que la intención es buena y en el respeto a las ideas del prójimo se basa toda la convivencia civilizada.
El ciudadano Iscariote Reclús perdió su colección de sellos, su sigiloteca (como decía Molleja Cagada, que era muy culto), cuando vino la guerra y tuvo que poner tierra -y hasta mar- por medio. En Villafranca y convertido en Xavier (con X) Cisneros Mola, cosechero de melones, ni intentó siquiera rehacerla. La verdad es que tampoco había demasiado ambiente para estos escarceos del espíritu.
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