Atl. Madrid-Deportivo, 1-1
Los rojiblancos ceden los dos primeros puntos de la temporada
1 - At. Madrid:
Molina; Serena, Chamot, Torrisi, Toni; Roberto (Correa
m. 87), Bejbl, Valerón, Lardín (José Mari m.74) ; Juninho y
Kiko.
1 - Deportivo:
Songo'o, Armando, Schurrer, Naybet, Romero; Mauro Silva,
Fran, Conceicao (Scaloni m. 66), Ziani (Donato m. 80); Djalminha
y Pauleta (Turu Flores m. 66).
Goles:
1-0: m.75, José Mari empuja a la red un pase de
Valerón.
1-1: m. 81, Djalminha eleva el balón ante la salida de Molina.
Arbitro: José Manuel Andradas Asurmendi
(Comité Navarro).
Enseñó tarjeta amarilla a Armando (m.63), Mauro Silva (m.65)
El Atlético de Madrid cedió los dos primeros puntos de la
temporada en el Vicente Calderón ante el Deportivo de La
Coruña, que consiguió el tercer empate fuera de su estadio, en
donde aún no conoce la victoria. El Deportivo fue mejor durante
la primera mitad. Los hombres de Javier Irureta se fueron
haciendo con el partido en la zona ancha del terreno de juego y
ahogaron a los rojiblancos, que no encontraron la forma de
evitarlo. Arrigo Sacchi, que no pudo contar con el yugoslavo
Vladimir Jugovic, sancionado, optó de nuevo por colocar al
brasileño Juninho en la punta de ataque junto a Francisco
Narvaez "Kiko", que reapareció tras dosausencias.
Juninho no entró en el juego como en él es costumbre. El
brasileño se encuentra fuera de su puesto natural y tiene que
bajar unos metros para engarzar alguna de las acciones que
levantan al público de su asiento. Kiko necesita otro tipo de
acompañante en la delantera, ya que el brasileño construye
desde más atrás.
Mientras, el Deportivo encontraba en el francés Stephane Ziani y
en el brasileño Flavio Conceicao un auténtico filón en el
centro del campo y dos asistidores perfectos del punta Pauleta,
pero el ex jugador del Salamanca no estuvo acertado. En sus botas
estuvo el tanto del Deportivo en los minutos 17, 26 y 29 y falló
en las tres ocasiones.
El Atlético sólo asustó claramente una vez al guardameta
visitante, Songo'o, durante los primeros 45 minutos. Lardín
pegó al balón con el exterior ante la salida del cancerbero
deportivista y el esférico salió lamiendo el poste derecho, en
el minuto 18. De nuevo Lardín pudo inaugurar el marcador cerca
del descanso, pero se encontró a Songo'o. El Deportivo abandonó
la ambición exhibida en la primera mitad y fió su suerte al
contragolpe en la segunda. Cedió voluntariamente el mando del
partido al Atlético. No obstante, Pauleta hizo lucirse a Molina
(m.51), que hizo el paradón de la tarde. El Atlético no
conseguía romper la defensa rival y Sacchi echó mano de Jose
Mari, al que sacó en sustitución de un desafortunado Lardín.
El jugador fue un talisman para los locales, pues el primer
balón que tocó lo envió a la red de Songo'o. El mérito se lo
repartió con Juan Carlos Valerón, que le dio un pase
mortífero. (m.75) El tanto despertó al Deportivo hasta que
Djalminha resolvió con sabiduría un mano a mano con Molina. Al
brasileño le bastó esa jugada para demostrar su gran clase.
(m.81) y darle al Deportivo su tercer empate foráneo.
(Fuente: Marca)
Todos contra el juego
Atlético y Deportivo se reparten los puntos tras un partido sin miga
ATLETICO
Molina, Toni, Chamot, Torrisi, Serena, Lardín, Bejbl, Valerón,
Roberto, Juninho, Kiko
Cambios: José Mari por Lardín (min.73), Correa por Roberto
(min.87) s.c.
DEPORTIVO
Songo'o, Romero, Schurrer, Naybet, Armando, Mauro Silva, Flavio,
Fran, Ziani, Djalminha, Pauleta
Cambios: Turu Flores por Flavio (min.66), Scaloni por Pauleta
(min.66), Donato por Ziani (min.80) s.c.
Arbitro: Andradas Asurmendi
Tarjeta amarilla: Naybet y Mauro Silva
Tarjeta roja: No hubo
Goles: 1-0: José Mari (min.74). 1-1: Djalminha (min.80)
Incidencias: Estadio Vicente Calderón. 40.000 espectadores.
RAFAEL J. ALVAREZ, Madrid
Dos puntos repartidos como castigo, una cicatriz para cada equipo, dedicados a la tortura en un domingo tan apetecible. El Deportivo mandó un rato, un tiempo de inteligencias y calmas, lo que les duró el ánimo a Fran y a Flavio. El Atlético cogió un trozo de la segunda parte para respirar, un instante de José Mari y algunos momentos de Kiko. Por lo demás, un día tirado a la basura, la típica tarde de nada después de haberlo imaginado todo.
Jugaban Atlético y Depor, con sus estadísticas lustrosas y todo eso. Los de casa presentaban los números del Calderón, como un lugar prohibido para el forastero. Los otros, sus últimos partidos, de goles y fútbol.
Pero la cosa se vino abajo enseguida. El Atlético, que nunca junta a todos sus buenos elementos a la vez, vivió de Bejbl, el pan duro y el vaso de agua. El checo es un jugador de clase media, un hombre más, un futbolista muy normalito. Si tiene un buen día arregla averías y mantiene el balón para su equipo. Si le duele la cabeza desconecta al Atlético del partido y le mete en líos. Ayer tocó lo segundo, una tarde de balones perdidos, agujeros negros y pocas ideas. En el desastre rojiblanco desaparecieron Juninho, Kiko o Valerón, una infección demasiado grave para cualquier equipo. La última víctima fue Lardín, que falló dos o tres pases y fue engullido por la grada. En esas, el Calderón cantaba sus cosas, miraba al cielo, comía bocatas y oía la radio. De allí vino la única alegría de la primera parte, cuando el Alavés le hizo un gol al Madrid.
Ideas
Mientras el Atlético se encogía de hombros, el Deportivo ponía las ideas. La primera parte fue blanquiazul, con el Depor por todas partes, aunque con ciertas prudencias. Jugó a ráfagas, como si no creyera lo que estaba pasando. Se fue al descanso sin goles porque Pauleta quiso hacer de todo, tiró siempre mal y demasiadas veces.
En la segunda mitad, tocó la otra cara. El Depor empezó a esperar y el Atlético a tirar. El fútbol venía del corazón, la garra y esas historias. Las ganas de Juninho, las chispas de Kiko. Poca cosa. José Mari sustituyó a Lardín con el estadio de uñas contra el que se iba y de palmas por el que venía. El sevillano se acercó por el área y su primer toque fue gol, un empujón a la red a pase de Valerón.
Pero, seis minutos después apareció el equilibrio que faltaba. El empate era un anuncio de justicia cuando Mauro Silva le hizo un caño a un rival y dejó que Djalminha inventara algo frente a Molina. El brasileño se plantó ante el portero del Atlético y le envió una vaselina, un mensaje de sutilidad entre tantas carreras que le dio a su equipo un punto.
Se acabó el mito del Calderón, pero pervive la maldición del tercer partido.
(Fuente El Mundo)
Atlético y Depor empatan en un partido de gran intensidad
ATLÉTICO DE MADRID (1): Molina; Serena, Torrisi, Chamot, Toni; Roberto (Correa, m. 87), Bejbl, Valerón, Lardín (José Mari, m. 74); Juninho y Kiko.
DEPORTIVO (1): Songo'o; Armando, Naybet, Schurrer, Romero; Flavio (Scaloni, m. 66), Mauro Silva, Ziani (Donato, m. 80); Djalminha y Pauleta (Turu Flores, m. 66).
Goles: 1-0. M. 75. Roberto mete un balón por la derecha a
Valerón, que centra hacia el segundo palo. José Mari se estira
y marca.
1-1. M. 83. Mauro Silva se hace con el balón en el medio campo,
avanza sin oposición hacia la línea de defensas del Atlético y
mete un gran pase a Djalminha, que supera a Molina con una
vaselina.
Árbitro: Andradas. Amonestó a Armando y Mauro Silva.
Unos 40.000 espectadores en el Vicente Calderón. Donato batió
con 347 el récord de partidos disputados en Liga por un jugador
nacido fuera de España.
SANTIAGO SEGUROLA, Madrid
Si en el fútbol cabe todo, este partido lo reflejó perfectamente. Al fanatismo sacchiano del Atlético se opuso el aire sereno del Deportivo, un equipo que juega bien en el viejo sentido de la palabra. Elabora con paciencia y criterio, funciona sin estridencias y aprovecha al máximo la calidad de sus estrellas. Otra cosa es que sus estrellas tengan una gran dedicación. Jugadores como Fran o Djalminha se desempeñan con intermitencia, con raptos geniales y momentos meláncolicos. Desde luego sin la vibración militarista de la mayoría de los futbolistas del Atlético, cada vez más convencidos de las tesis de Sacchi. El caso es que el encuentro reunió dos modelos y del enfrentamiento salió un fútbol digno, interesante a ratos, emotivo casi siempre, discutido de principio a fin. Todo ello presidido por la honestidad. Apenas hubo faltas y nadie quiso sacar ventaja de la trampa y las males artes.
El partido atravesó varias fases, cosa que habla bien de los dos equipos, cada uno en su ley. El Atlético jugó según el estilo marcial de Sacchi. Hay una veta fundamentalista en el Atlético que cuadra perfectamente con el carácter de su entrenador, un hombre de profundas convicciones cristianas, de los que muy probablemente están convencidos de la redención por la vía del trabajo. Por el trabajo minucioso y bien organizado, en este caso.
El problema del Atlético es la descompensación que existe entre su febril actividad defensiva y el rendimiento que saca al uso del balón. Casi lo contrario que el Deportivo, que tiene una extraordinaria facilidad para producir fútbol. El contraste de estilos produjo un partido notable. Alrededor de la pelota, los habilidosos centrocampistas del Deportivo desarmaron la compulsiva presión del Atlético durante el primer tiempo.
El Deportivo tuvo mérito en su juego, porque el Atlético le corría en todas las jugadas. Pero la capacidad pasadora de Mauro, Ziani, Fran y Djalminha superaba el frenético ejercicio del Atlético en la presión. La única deficiencia del equipo gallego radicó en su debilidad para concretar su buen juego frente a Molina. Sólo Pauleta se animó a rematar y en ninguna ocasión lo hizo con precisión e instinto. Molina le sacó tres tiros, con una consecuencia desmoralizante sobre el Deportivo, que comenzó a resentirse del efecto disuasorio que tiene la presión del Atlético.
El equipo de Sacchi actúa con una intensidad indeclinable. Sus rivales se mueven en un campo de minas. Necesitan mucha fe para mantenerse firmes y no decaer ante el empuje febril del Atlético. El Deportivo terminó por capitular, quizá porque no había otro remedio. Le faltó pegada cuando lo necesitó y poco a poco se desvaneció. En los últimos minutos de la primera parte comenzó a verse que el encuentro cambiaba de mano.
Después de perseguir sombras durante mucho tiempo, el Atlético salió a flote por el beneficio de su obstinación. El Deportivo había sacado lo mejor de sí mismo, sin conseguir nada a cambio. Entró en una fase depresiva y llegó la hora de los locales. En el capítulo de la actitud, el Atlético fue irreprochable. Cuando se defendió y cuando atacó. Otra cuestión es su necesidad de pasar por el filtro de Kiko, que acostumbra a mejorar todo lo que pase por sus botas. Esta vez Kiko participó de forma muy difusa, sin la claridad de otros días. Quedaba la posibilidad de Juninho, pero el brasileño no acaba de encontrar su lugar en este equipo. Circula por todos los lugares, de manera arbitraria la mayoría de las veces. Su dispersión fue compensada por Valerón, que tuvo un papel decisivo en el segundo tiempo. Sin hacer un gran partido, Valerón fue todo lo concreto que no es Juninho. Su juego tiene sentido. Su aparición en el gol del Atlético no resultó caprichosa.
El tanto pareció formalizar el triunfo de la fe sacchiana, pero el Deportivo emergió de nuevo. Fran había desaparecido en combate y Djalminha pasaba desapercibido, pero Mauro Silva es de otra clase, un centrocampista consistente y listo que relanzó a su equipo. El empate nació de una poderosa progresión suya, coronada por Djalminha de forma exquisita, como acostumbra. Un gol espléndido para cerrar como se merecía un partido intenso, poderoso y muy interesante.
(Fuente El Pais)