LA "PATAGONIZACIÓN" DE LA
ARGENTINA
UNA DENUNCIA PATRIÓTICA EN MEDIO DE
TANTA MEDIANÍA Y COMPLICIDAD
La
reciente denuncia efectuada por el candidato a la presidencia Pino Solanas
contra Kirchner a quien acusa abiertamente de "traidor a la Patria"
(ver La Nación 29-9-07) representa un hecho de singular importancia, no
solamente por provenir de alguien del espectro político de la izquierda a la
cual pertenece también el actual presidente, sino por las razones específicas
sobre las que versan sus imputaciones. Solanas denuncia a Kirchner, no
solamente por continuar la política de su antecesor Menem de enajenación de
nuestras riquezas petrolíferas por la suma de 150.000 millones de dólares a cambio
de nada para nuestro país, sino de ser uno de los principales beneficiarios
personales de la misma. Pero va mucho más lejos en sus afirmaciones.
Manifiesta que el saqueo al cual fue sometida nuestra patria, y frente al cual
las sonadas bolsas y valijas de la ex ministro Miceli y del chavista Antonini
son apenas juegos de niños insignificantes, se lo ha hecho de manera silenciosa
y levantando falsas consignas que hasta en algunos casos han contado con el
aval cómplice de algunos autoproclamados "nacionalistas" que han
trabajado como verdaderos idiotas útiles. Nos referimos específicamente al tema
que nosotros, desde la revista Cabildo en primer término y luego desde El
Fortín, hemos venido señalando en prácticamente total soledad durante casi
25 años y es el relativo a un pretendido "federalismo", fetiche
ideológico que fuera utilizado para que la nación argentina, a través del
accionar de una clase política corrupta, delincuente e inescrupulosa, entre
cuyos principales exponentes se encuentran justamente el actual presidente
Kirchner y su antecesor Menem, renunciaba y entregaba a las provincias todos
sus recursos petrolíferos y gasíferos. De manera tal que, a través de un cambio
jurídico imperceptible acontecido en nuestra principal legislación y que consistiera
en la profundización del "federalismo", a cambio de una serie de
concesiones políticas, tales como la reelección presidencial o el tercer
senador para la oposición, de la noche a la mañana ciertas provincias
patagónicas, que son las que principalmente poseen tales recursos y que también
"casualmente" tienen en la actualidad a un presidente de la república
en ejercicio y a otro que, si bien carece de cualquier chance de éxito, puede
pagarse una costosísima campaña electoral, pasaron a tener la propiedad de la
mayoría de los recursos energéticos de la Argentina, con la excusa peregrina de
que éstos se encuentran "en su subsuelo". Sucede así que gracias al
"federalismo" que se profundizara con nuestra última reforma
constitucional de 1994 la provincia de Neuquén, por ejemplo, con el 1,5 % de
los habitantes de la Argentina ha pasado a ser la propietaria del 80% de
nuestro gas y del 23% de nuestro petróleo. A su vez Santa Cruz con 200.000
habitantes, es decir con menos del 1% de nuestra población, ha pasado a
ser la dueña del 32% del petróleo de la Argentina. Aunque por otro lado es
dable señalar también que, gracias a la conocida opacidad de nuestros sistema
político, no son tampoco necesariamente los habitantes de tales provincias en su totalidad los que
han gozado de tales beneficios, sino apenas una oligarquía de ricachones, lo
cual resulta muy fácil de comprobar debido al hecho de que no casualmente haya
sido desde estas provincias que han salido dos de los principales candidatos
presidenciales poseedores del privilegio casi único de poder abonarse opíparas
campañas electorales.
Celebramos
que haya habido al fin un candidato que haya efectuado esta denuncia por
primera vez y que haya sido capaz de no entretenerse en pequeños detalles de
corrupción, que los hay y muchos, pero ninguno de ellos de las proporciones que
estamos señalando aquí. Quizás la demora en haberse efectuado tal denuncia en
la sociedad argentina pueda haber sido porque hacerlo significaba dirigir una
acusación colectiva que abarcaba a la totalidad de la clase política que
incluyera a sus principales partidos, especialmente el peronista desde cuyo
seno, con Menem y Kirchner, se produjo esta verdadera confiscación de nuestras
riquezas. Al respecto quiero resaltar con tristeza, y como un testimonio más de
la soledad casi absoluta de nuestra denuncia, que el director de nuestro medio
tiempo atrás, cuando Adrián Salbuchi presentó una denuncia judicial por la
exacción que por 500 millones de dólares realizara el actual presidente
Kirchner relativos a fondos correspondientes a regalías petroleras recibidas
por el Estado nacional hasta el año 1994, es decir hasta la época en que el
petróleo era aun argentino, en una carta personal lo invitó a que hiciera
pública y extensiva la otra denuncia mucho más vasta e importante relativa a
todas las otras regalías que su provincia había cobrado desde esa fecha hasta
nuestros días y respecto de cuyo destino hoy ignoramos hasta las cifras
puntuales porque, gracias a la última reforma constitucional, como muy bien nos
hace notar Pino Solanas, las provincias hoy en día pactan directamente con
las empresas multinacionales la explotación de nuestro petróleo sin que podamos
enterarnos de lo que embolsan por dicho concepto. Lamentablemente no
solamente el aludido no se hizo eco de tal denuncia sino que tampoco contestó
nuestra carta, representando ello un testimonio más del lamentable silencio con
que se ha convidado este problema en nuestra sociedad. Al respecto nosotros
podemos decir, sin posibilidad a equivocarnos, que a las empresas
multinacionales les resulta mucho más conveniente pactar con provincias de casi
nula densidad demográfica y con sus gobernantes corruptos pues es mucho menos lo que deben desembolsar. El
director de El Fortín, Marcos Ghio, periódico que, lo repetimos una vez
más, en exclusividad desde la Patagonia argentina denunciara tal exacción y a
quien "casualmente" se obligara a renunciar a la enseñanza en la
provincia de Neuquén luego de una campaña política y periodística efectuada en
su contra con la excusa siempre funcional relativa a la violación de
"derechos humanos", viajó en una oportunidad en un mismo avión con el
gobernador Sobish. Lo notó exultante y ello era, por sus mismos dichos, por
haber firmado un contrato por 20 años con Repsol quien le liquidaba regalías anticipadamente,
cuando el barril de petróleo costaba menos de 50 dólares, pero lo importante
era para él que la "caja provincial" pasaba a contar con una suma
sustancial de dinero cash, beneficio éste que en cambio no era para la
Argentina, menos aun ahora que el barril ya supera los 80 dólares.
Pero
el tema es mucho más vasto y merece, especialmente para los que lo desconocen
hacer un breve repaso.
De
la derrota de Puerto Argentino a la República Patagónica del ingeniero San Martín.
No hay
duda alguna de que la derrota de Puerto Argentino, que fuera precedida por unos
meses de euforia patriótica generada por la reconquista de las Islas Malvinas,
generó un gran movimiento de reacción contraria por el que entró en crisis
nuestro concepto de patria comprendida como comunidad histórica, para ser
sustituido por el más crematista relativo a aquella organización jurídica que
satisface mejor nuestros intereses. Junto a la democracia fue instalándose cada
vez más la idea de que la patria no era una entidad espiritual y trascendente,
sino simplemente aquel lugar que mejor nos permitía vivir "felices" y
con la panza llena. Fue así que, junto a la consigna de entregar las islas del
Beagle "para evitar la guerra", en la Patagonia se fue acuñando la
idea de que si lo esencial era la "felicidad" era conveniente saber
si ello se lo alcanzaba perteneciendo a la Argentina. En una circunstancia el
gobernador de Río Negro, Horacio Massacessi, tras volver de un viaje del
emirato de Kuwait, explicó que lo que él había visto era el modelo ideal para
las provincias patagónicas. "Si el petróleo, el gas, y otros recursos,
fueran para nosotros exclusivamente, manifestó exultante, con la escasez de
habitantes que tenemos y con el aumento que se produce en el mundo de tal
recurso, bien podríamos llegar a tener unos de los ingresos per cápita
más alto del planeta, tal como sucede en el emirato recientemente
visitado". De allí que el gobernador, junto a sus pares de Neuquén, Chubut
y Santa Cruz, propuso generar un movimiento cada vez más avanzado de autonomía
regional, que pasaba por la constitución de un "Parlamento
Patagónico", el que funcionaba como una instancia intermedia a fin de
negociar con el gobierno central, es decir, con la Argentina. Tiempo atrás en
el diario Río Negro se había publicado de manera capciosa un
"cuento fantástico" que se titulaba "El día en que la
Argentina perdió la Patagonia". Su autor, el ingeniero San Martín, que
demás está decir no tiene nada que ver con nuestro padre fundador de la Patria,
hacía un relato en el cual manifestaba que los patagones, cansados de que los
argentinos no atendían sus reclamos y que los explotaban en tanto se quedaban
con sus recursos, un buen día organizaron una acción comando por la cual
ocuparon todas las represas hidroeléctricas y los pozos de gas y petróleo
amenazando con hacerlos estallar si la Argentina no les reconocía la
independencia. Agregaba que de manera inmediata, Chile los apoyó, Inglaterra le
entregó las Malvinas a los patagones y la ONU reconoció prontamente al nuevo
Estado. El cuento finalizaba con el siguiente aserto. "Y así la Argentina
perdió la Patagonia". El suscripto efectuó una denuncia pública de este
hecho y difundió la existencia de un grupo separatista, cuyo nombre era PAÍS
que promovía abiertamente la secesión. Esa denuncia fue publicada por primera
vez en 1984 en la revista Cabildo y es dable señalar que el diario La
Prensa, a través del periodista Patricio Randle, se hizo eco de la misma,
obligando al aludido ingeniero a dar una explicación. En una carta de lectores
el mismo llegó a decir que muchas personas se le ofrecieron como voluntarios
para integrar los "comandos suicidas" que iban a dinamitar los
aludidos bienes de la Argentina. Lo increíble es que nadie lo enjuició en ese
entonces como traidor a la Patria. En nuestras notas sucesivas denunciamos
también como, acorde con tal espíritu dirigido hacia la disolución de la
Argentina, se insistiera en la provincialización de los recursos energéticos,
cosa que no estaba formulada en la Constitución del 53 en la medida que no se
señalaba allí que también el subsuelo tenía que pertenecer a las provincias,
del mismo modo que tampoco el espacio aéreo. Recuerdo que entre los
colaboradores de la revista Cabildo hubo una persona de Mendoza, llamada
Díaz Araujo, que me refutó en una nota diciendo que el federalismo era un
principio propio de nuestro acervo histórico y rosista y que por lo tanto era
lícito sostener que los hidrocarburos fueran provinciales. Yo le contesté que
el federalismo no era lo esencial del rosismo, sino apenas una posición
circunstancial asumida en una época en la cual la idiosincrasia del país era
tradicional y antiliberal, por lo cual en ese entonces los liberales debían ser
centralistas. Pero ahora en una época en que la misma se encuentra menoscabada
y la nación en el límite propio de su disolución tras la dura derrota de Puerto
Argentino, sostenerlo y profundizarlo representa incrementar aun más nuestro
abismo. Que no por casualidad hoy en día los liberales eran también
federalistas. Y que, tal como manifestara lúcidamente Silenzi de Stagni, el
petróleo era un bien indispensable para el desarrollo del país, productor de
grandes ganancias y que no era lícito que el mismo perteneciera a un grupo de
particulares, aunque éstos se titularan a sí mismos como "las provincias", en tanto que
además iban a ser sus oligarquías las que los usufructuarían, tal como sucede
hoy en día. Que debía mantenerse hasta las últimas consecuencias la legislación
vigente relativa al petróleo, dándole a la empresa estatal el rol hegemónico en
su explotación y que las riquezas que a través del mismo se recabaran debían
ser para la comunidad toda y no para un pequeño grupo minoritario, tal como
acontece ahora.
De
la independencia de la Patagonia a la patagonización de la Argentina
Durante
muchos años las provincias patagónicas estuvieron bregando por la propiedad de
sus recursos y atacando al "Estado centralista", de la misma manera
que en Italia la Liga Lombarda nos habla de "Roma ladrona". Se
acusaba a Buenos Aires de "quedarse
con todo". Por supuesto que quienes en la misma Patagonia nos
oponíamos a tal tendencia separatista para defender los intereses de la
Argentina debíamos ser mal vistos y perseguidos por estas personas vinculadas
todas ellas a los partidos políticos. Tal tarea de defensa de lo nacional fue
llevada a cabo por la publicación El Fortín, la que por muchos años se
autotitulaba como "Publicación nacionalista del sur argentino"
y la idea de El Fortín era porque ahora el malón al que había que
combatir estaba compuesto por el separatismo, actuando ello como un verdadero
desafío a los "patagones" en sus sueños de independencia. Pero esta
situación tuvo un vuelco decisivo en la década del 90 con el peronismo menemista.
Todo cambió cuando, tras privatizarse YPF, el petróleo dejó de ser argentino y
consecuentemente a ello las provincias patagónicas dejaron de ser
"explotadas". De aquí en más lo fuimos todos los argentinos, tal como
muy bien nos señala Solana cuando se refiere a la profunda estafa que ha
significado la pérdida de nuestro petróleo, la que fue confirmada luego por la
Constitución de 1994 de Menem y Alfonsín, por la que el mismo pasó
definitivamente a ser propiedad de las provincias, es decir de sus oligarquías,
las que pactan directamente con las empresas multinacionales su explotación.
Pero reconozcamos que esta situación ha hecho cambiar las cosas. Ya no se
protesta más contra Buenos Aires, la que ha dejado de ser la metrópolis
centralista y explotadora para en cambio convertirse en un coto adecuado para
conquistar gracias a los petrodólares que tales oligarquías hoy poseen en
abundancia. Por ello no es de extrañar ahora que hemos perdido nuestro
petróleo, que sus nuevos dueños se hagan también de nuestro gobierno. Hemos
pasado así de la República de la Patagonia a la patagonización de la Argentina,
consigna ésta que ni siquiera imaginara la frondosa imaginación del ingeniero
San Martín quien no tuvo necesidad de "comandos suicidas" para
obtener sus metas. Los argentinos se encargaron de hacerlo.
Lucas
Baffi
Buenos
Aires, 1-10-07