EVOLA Y SERRANO
1) El nazismo como bien absoluto
Podría decirse que,
simultáneamente con el hecho de que haya surgido una literatura de parte que ha
convertido al nazismo en el mal absoluto que sirve de patrón de medida para juzgar
a todo aquello que resulta políticamente incorrecto, por reacción contraria ha
nacido también aquella que lo ha convertido en el bien absoluto, en modo tal de
evitar así, de la misma manera que en el caso anterior, de adentrarse en una
visión objetiva de los hechos a fin de poder corregir errores y mejorar el
propio punto de vista en relación a tal tema.
En nuestro continente ha habido
especialmente dos autores que desde perspectivas diferentes han pertenecido a
dicho último grupo. Salvador Borrego en Méjico ha escrito una obra entera
dedicada en su gran mayoría a mostrarnos que Hitler no se equivocó en nada de
lo que hizo y que casi gana la guerra, y de que ello fue así uno llega a
enterarse, en caso de no haberlo hecho antes, tan sólo leyendo la última página
de su obra principal sobre el tema. El nazismo, desde su punto de vista, no
habría cometido errores: no se habría equivocado cuando invadió Rusia, no
habría encarado erradamente el problema judío, no habría incurrido en un
racismo biológico limitativo de sus visiones, no habría asumido un cerrado
nacionalismo que a la postre le resultara letal a su
país. Todo habría salido mal porque quienes lo acompañaron a Hitler o no
supieron estar a la altura de las metas que éste se propuso o simplemente lo traicionaron,
llegándose así a la conclusión de que se habría tratado de una verdadera y
propia divinidad que nunca se equivoca y que cuando algo le hubiese salido mal,
no habría sido ésta la responsable sino las personas que lo rodeaban que no
actuaron como hubiesen debido.
En una postura más extrema aun
que la de Borrego es que se ubica el autor chileno Miguel Serrano quien llega a
decirnos que en realidad, si bien es cierto que Hitler perdió la guerra, en
tanto se trataba de un Avatara, es decir de una encarnación
de la divinidad, lo hizo 'a propósito' o más bien que 'la ganó perdiéndola',
alcanzando así un grado de coherencia aun mayor que la postura asumida por
Borrego, pues un dios no podría equivocarse cuando elige a sus colaboradores.
Por supuesto que el caso de Serrano es muy diferente que el del primero y aquí
nos hallamos más bien con un recurso literario utilizado con la finalidad de
que, a través de la formulación de una serie de fantasiosas afirmaciones, las
personas se vean inducidas a la lectura
de su voluminosa obra compuesta de varios tomos en los cuales se suceden una
serie interminable de divagaciones de un tenor muy similar, tales como la de
que Hitler habría podido ganar la guerra en tanto tenía la bomba atómica (1),
pero que no lo hizo para poder irse a vivir a la Tierra Hueca que se encuentra
adentro de nuestro mismo planeta y desde donde se ha inmortalizado enviándonos
a sus ovnis intraterrestres para brindarnos mensajes,
uno de los cuales habría recibido de manera directa el mismo autor en un viaje
que hiciera de joven al continente antártico.
Nosotros en esta nota
soslayaremos todos estos detalles utilizados a nuestro entender con la
finalidad de desviar la atención respecto de una crítica a los puntos de vista
en que se sustenta el autor, para adentrarnos en cambio en los mismos y
demostrar que en última instancia el hitlerismo asumido por éste, a pesar de
toda la alharaca utilizada en su obra y lo impactante de sus aseveraciones, no
es muy diferente en sus principios de muchas de las posturas modernas hoy
vigentes.
2) El encuentro
entre Evola y Serrano
Digamos además que Serrano acaba
de fallecer hace un par de meses a una edad muy avanzada y que nosotros hace
tiempo que queremos escribir algo en relación a lo que ha dicho respecto de Evola a quien visitara en su departamento de Roma en sus
últimos años cuando se hallaba en una silla de ruedas, siendo quizás ésta la
oportunidad apropiada para hacerlo. Este último nunca llegó a escribir nada
respecto del primero pues posiblemente no haya podido conocer sus escritos por
razones de época y porque la obra de Serrano se hizo relativamente conocida tan
sólo luego de la muerte de Evola.
Agreguemos también que el
escritor chileno se caracteriza, a diferencia de este último, por ser un autor
asistemático y lo que dice respecto del italiano hay que rastrearlo en párrafos
aislados a lo largo de toda su obra. Hallamos así que en El Cordón Dorado, por ejemplo, lo considera superior
a Guénon y lamenta que éste haya podido influir en
él. Le achaca que ello ha sido un obstáculo para poder conocer el 'hitlerismo
esotérico' que él sustenta y haber llegado simplemente por tal causa a ser un
autor meramente conservador, tradicionalista en el mal sentido de la palabra
(término que dice darle muchas náuseas), en tanto le manifestó personalmente
haber sido un seguidor del político austriaco Metternich.
En otros pasajes le llega a achacar también ciertas limitaciones raciales,
debido a su origen romano y latino, muy inferior en cambio al germánico que
reivindica en tanto que representaría según él lo ario e hiperbóreo, aunque
también en tal categoría ubica en un grado similar a la raza chilena a la que
pertenece y en cuyo territorio se encontraría el Santo Grial y la Ciudad de los
Césares, demostrando así que, a pesar de su tan mentado esoterismo, no se
encuentra muy lejos de un nazismo biológico materialista el que es a su vez
solidario con un cerrado nacionalismo.
Digamos en primer lugar que
resulta superficial reducir el pensamiento evoliano a
la figura de Metternich respecto del cual lo único
que Evola manifestara fue que se trató del 'último
gran europeo' por haber acertado en proponer un frente de las monarquías
tradicionales en contra de la subversión judeo-masónica
a través de la Santa Alianza; sin embargo no llega a calificarlo nunca como un
pensador metafísico ni mucho menos equiparable con los principales autores de
la tradición a la que se remonta. Por otro lado digamos también que Serrano se
equivoca sobremanera cuando afirma que Evola haya
desconocido el 'hitlerismo esotérico' tal como nos manifiesta varias veces en
su obra queriendo indicar así una gran limitación en el italiano. En diferentes
artículos nuestro autor se ha referido a tal tema, el que se puede resumir
perfectamente en lo que manifiesta en una nota que apareciera en su obra
principal sobre el nazismo, Notas sobre el Tercer Reich,
que es la segunda parte de su texto Il Fascismo visto dalla Destra,
que en nuestra lengua hemos traducido como Más allá del Fascismo.
En dicha nota se refiere
específicamente a la Sociedad Tule que existiera antes de la fundación misma
del partido Nacional Socialista Alemán y a la que pertenecieran varios
dirigentes del mismo, como por ejemplo Rudolf Hess, aunque con una jerarquía menor. Respecto de la misma Evola rechaza que se haya tratado de un grupo esotérico y
metafísico, tal como afirma en cambio Serrano, sino en todo caso habría sido
una asociación que en cuanto a su nivel 'no superaba el del teosofismo
anglosajón'. A tal corriente Evola no le dedicó
demasiado espacio pues para ello había sido más que suficiente lo que
manifestara respecto de la escuela de Madame Blavatsky
en obras tales como Máscara y rostro del espiritualismo contemporáneo. Son en cambio los textos de Serrano, que -insistimos-
Julius Evola no llegara a
conocer, los que se encargan de explicarnos el 'hitlerismo esotérico'
justamente con las categorías propias de dicha corriente de pensamiento.
Acotemos primeramente en qué
consiste la misma y luego sintéticamente aunque de manera sistemática
expondremos lo que de ella Serrano aplica en su obra.
3) Serrano y la
sociedad teosófica de Madame Blavatsky
Lo propio del teosofismo, tal como lo manifestara también René Guénon, ha sido el de haber representado una falsificación
de la metafísica aplicando a ésta categorías propias de la ciencia moderna,
deformando antiguas doctrinas tradicionales, mezclando ilícitamente lo físico
con lo metafísico y lo psíquico e incluso lo corpóreo con lo espiritual. Y
esta confusión está representada principalmente por tal escuela a través del
gran caballito del batalla del teosofismo, la doctrina
de la reencarnación, que es la deformación de doctrinas tradicionales
tales como la preexistencia y la metempsicosis y que, tal como veremos, es sustentada
puntualmente por Serrano en sus diferentes escritos.
Para aclarar las cosas
expongamos previamente lo que afirma el pensamiento tradicional, luego la
deformación del mismo operado por el teosofismo y
posteriormente por Serrano en otro tipo de nivel.
a) Nivel físico
y metafísico
De acuerdo a su obra Rebelión
contra el mundo moderno Evola nos habla de dos
tipos de dimensiones que existen en el plano humano y por lo tanto de dos
diferentes maneras de vincularse con la realidad: lo físico y lo metafísico. En
el primer caso el hombre queda reducido exclusivamente a los fenómenos propios
de la vida, tales como el tiempo, el espacio y el movimiento. En el segundo en cambio lo propio es la supravida, esto es la eternidad, que es una dimensión que
se encuentra por afuera sea del espacio como del tiempo tridimensional,
siendo concebida aquí la vida no como un fin en sí mismo, sino como un medio
para alcanzar algo superior a ella misma, la dimensión metafísica de la
trascendencia.
b) Alma y
Espíritu
Del mismo modo, así como existen
dos dimensiones y dos tendencialidades en el hombre,
una que lo proyecta hacia lo físico y otra hacia lo metafísico, también existen
dos tipos de yo. Uno es un yo psíquico y otro es un yo superior de carácter
espiritual. Y en la medida que se ponga el acento en un tipo determinado de yo
tenemos dos tipos de dimensiones distintas en el hombre. Una es la del hombre
comprendido como simple individuo o parte de un todo (raza, sociedad, historia,
etc.) que lo trasciende y otra es el hombre como persona, que no es parte, sino
fin en sí mismo. La primera es la tendencialidad que
lo vincula con la esfera del tiempo y del espacio físico, la segunda lo remite
en cambio a la dimensión de lo eterno y metafísico. De la misma manera que la
física, esta segunda dimensión existe en todos los seres humanos de modo
distinto, pero, a diferencia de la primera, debe ser suscitada a través de un
segundo nacimiento que es producido por la iniciación y el rito. En modo tal
que, si bien todos nacen individuos, no todos llegan a ser propiamente
personas, es decir seres espirituales y libres.
c) Inmortalidad
y supervivencia
Lo psíquico es la esfera propia
del yo conciente que se construye a lo largo de la existencia en contacto con
el cuerpo y los fenómenos vitales pertenecientes al plano de lo inconsciente,
instintivo e irracional. Es a su vez un principio de orden que sobrevive al
cuerpo luego de su muerte, pero dicho fenómeno, si bien resulta distinto de lo
corporal, no alcanza a ser propiamente el de la inmortalidad, sino que se trata
simplemente de una forma de supervivencia respecto del cuerpo. Se produce así,
luego de la de este último, una segunda muerte, que es posterior temporalmente
a la muerte física representada por la disolución de los fenómenos psíquicos
generados a lo largo de la propia existencia. Lo único que es en cambio
propiamente inmortal es el espíritu, el cual si bien está en todos los seres
humanos, en tanto no todos alcanzan a desarrollarlo, no todos llegan a ser
inmortales aunque sí todos sobrevivan en grado distinto a la propia muerte
corporal. Se necesita para ello un partero, que es el maestro a nivel
individual o el gobernante a nivel social (lo cual obviamente no debe ser
confundido con los actuales políticos que cuanto más administran pero no
gobiernan).
4) ¿Esoterismo
u ocultismo hitlerista?
Estos principios fundamentales
que hacen al pensamiento tradicional representado por Julius
Evola y que hemos tratado de resumir aquí de la
manera más sintética posible, son lo opuesto de lo que en cambio sostiene la
corriente conocida como 'esoterismo hitleriano' de la que Serrano se nos
aparece como su principal exponente. En primer término digamos que la misma no
es esotérica, pues por tal cosa debe entenderse un conocimiento superior a lo
meramente humano psico-físico, sino de carácter
metafísico y espiritual. En todo caso podrá hablarse de 'ocultismo hitleriano',
pero no de esoterismo. El ocultismo es una parodia del esoterismo en tanto que,
simulando de manera conciente o inconsciente querer alcanzar un saber superior,
utiliza en cambio categorías y métodos propios de las ciencias profanas para
acceder a tal dimensión.
Lo fundamental aquí es que para
Serrano no se trata de superar la esfera física, sino por el contrario
estereotipar lo propio de tal dimensión tratando de obtener un superhombre. Lo
cual habría sido 'el gran proyecto de los laboratorios raciales del
hitlerismo'. Manú, o 'el hombre que vendrá', que sostiene Serrano en su obra,
no es sino un tipo de hombre más desarrollado que ha desplegado funciones
cerebrales y físicas que no son las propias del hombre común actual meramente
racional. Hasta en este rechazo por la racionalidad, sin diferenciarla de un
saber superior de carácter intelectual, es que Serrano nos demuestra su
adhesión plena al teosofismo, incluso en su
exaltación del saber femenino en detrimento de lo masculino y viril. En su obra
Manú (pg. 49) nos llega a hablar de una superioridad de la mujer
respecto del hombre en tanto que ha sido capaz de desarrollar un cerebro no
racional, sino emocional (2). No casualmente eran también mujeres las
principales exponentes de la escuela teosofista. Nos
habla específicamente de partes del cerebro aun no desarrolladas o aletargadas
que estaban en cambio presentes en civilizaciones superiores del pasado de
carácter hiperbóreo. Demás está decir que lo espiritual no tiene nada que
ver con lo cerebral lo cual puede en todo caso ser un instrumento utilizado
por éste, pero de ningún modo el espíritu se reduce a una dimensión de tal
tipo. De la misma manera que lo racional no es superado por lo emocional o
irracional, que es en cambio una dimensión inferior, sino por lo supraracional o
intelectual; tal la intuición metafísica, de la cual hablara tan
brillantemente René Guénon y que consiste en un
conocimiento directo de las esencias sin la intermediación de formas sensibles
ni del discurso.
Obviamente que al no concebir
una dimensión propiamente espiritual, Serrano comprenda la inmortalidad como
una permanente reencarnación del yo a través de cuerpos sucesivos en tanto que
lo psíquico, a diferencia de lo espiritual, esfera ésta que, de la
misma manera que los más burdos materialistas, es negada una y otra vez
por Serrano, sólo puede manifestarse a través de un cuerpo material que incluso puede llegar a ser distinto de éste que
tenemos ahora. A diferencia de lo que sostiene el pensamiento tradicional, el
yo psíquico no se disuelve con la muerte sino que en cambio se perpetúa a
través de sucesivas regeneraciones. En varios pasajes de su obra se manifiesta
contrario a aquellas cosmovisiones que hablan de la aniquilación del yo, sin
distinguir por supuesto entre yo psíquico y espiritual. Y en tal aspecto, si
bien sosteniendo caminos diferentes, en el fondo no se diferencia de la ambición
actual de la ciencia y tecnología modernas de querer vencer a la muerte a
través de sucesivos transplantes corporales. Hay aquí una alusión a la teoría
del eterno retorno de Nietzsche concibiéndola como una permanente regeneración
producida por un superhombre que nunca muere sino que se perpetúa
ilimitadamente en el tiempo. Y aquí es donde se encuentra la diferencia
principal entre ambas posturas pues, insistimos una vez más, esto que se
propone no es inmortalidad, sino simple supervivencia que puede incluso ser
ilimitada, pero que en ningún caso sería
capaz de trascender la esfera de la temporalidad y del espacio.
El pensamiento tradicional
distingue la inmortalidad concebida como participación en una dimensión eterna
en donde no existe el tiempo, con una inmortalidad o supervivencia infinita a
través de sucesivas encarnaciones propias del ‘hombre nuevo’, que hasta Serrano
incluye en una nueva era acuariana, a diferencia de
la actual decadente de Piscis; ingresando así en el mismo grupo de las
ideologías New Age que no son otra cosa que
una forma actual de teosofismo modernizado a través
de los últimos descubrimientos científicos. De esta manera su hitlerismo se
enmarca en las concepciones seudo-espiritualistas para las cuales la meta no
consiste en una superación de la dimensión espacio temporal sino por el
contrario en estereotiparla. El hombre nuevo no es pues un ser que supera al
tiempo, sino en cambio alguien que se sumerge en él regenerándose
ilimitadamente.
Por último, y en tanto cree en
la reencarnación, Serrano acepta así otro mito moderno cual es el de la
evolución, aunque ello sea expresado cíclicamente. El 'hombre que vendrá', el
superhombre, es un tipo de hombre superior al actual que habría alcanzado a
desarrollar todas las dimensiones de su cerebro y cuerpo. Alcanzaría así a
perpetuarse ilimitadamente como los hiperbóreos o dioses olímpicos o del
Walhalla que existieran en la protohistoria de la humanidad, es decir, desde
una dimensión bíblica, lo que era propio del hombre adámico que no conocía la
mortalidad antes del pecado. No se equivoca Serrano, al ingresar en esta misma
terminología, en calificar a su postura como luciférica. Teológicamente el
luciferismo consiste en querer elevar al hombre a la categoría de un ángel, es
decir de un ser que ha superado el plano de la muerte física. Pero para la
concepción tradicional y contestando su postura con las categorías propias del
catolicismo, religión que Serrano repudia y con razón, se considera en cambio
que el hombre es superior al ángel en la medida que sólo él ha sido elegido
por Dios para encarnarse. Desde dicha perspectiva el elegido de los últimos
tiempos, es decir la meta misma de la historia, no significa el retorno al
mundo adámico o hiperbóreo, tal como nos propone Serrano, sino alcanzar
una dimensión superior a la misma vida, la eternidad, que la religión
católica, como por otro lado también otras formas religiosas superiores,
expresa a través de la imagen de la contemplación que realizan los elegidos de
la naturaleza misma de Dios de frente.
5) Conclusión
El hitlerismo no fue esotérico,
Hitler murió en Berlín luchando por su causa, no es cierto que siga existiendo
en la Tierra Hueca. Del mismo modo que el hitlerismo de Serrano no es la
superación del cientificismo que nos ha impuesto el mundo moderno secularizado,
tras su victoria en la Gran Guerra. Hay en cambio un hitlerismo sin las
pretensiones serranistas ni borreguianas
que es necesario reivindicar. Es aquel que quizás se encuentra más allá de las
intenciones del mismo fundador del nacional socialismo. Así como el fascismo
italiano en el mismo momento en que viviera sus últimos días dio lugar al
espíritu legionario y se aproximó así a la Tradición, lo que en cambio no había
existido en todo el período burgués del Ventenio,
el nazismo en las postrimerías de la Gran Guerra, cuando ya sus posturas
supremacistas germanizantes estaban condenadas al
fracaso, concibió la misma contienda como una lucha por una concepción del
mundo en contra de la democracia y la modernidad, por un principio jerárquico y
espiritual de hombre en el mismo momento en que sucumbió el racismo biológico
'blanco' y 'ario germánico' para dar lugar a una unión de personas para las
cuales la patria no era ni la raza ni la nación, sino la idea que podía agrupar
a las más diferentes etnías. Este 'hitlerismo' es el
que se silencia hoy en día en aras de una serie de mistificaciones tales como
las que leemos en la obra de Serrano.
(1) No puede sino enmarcarse en
el contexto de la fantasía y del afán exasperado por llamar la atención por la
propia obra la otra manifestación reiterativa de Serrano en el sentido de que
solamente los nazis conocen la fórmula de la bomba atómica. Que llegaron a
construir sólo tres y que por lo tanto queda apenas una en manos de los
americanos y judíos pues las otras dos fueron hechas estallar en Hiroshima y Nagasacki.
(2) En la Argentina tenemos a un
autor serranista que utiliza las mismas categorías de
su maestro, aunque por razones de geografía no ponga las tintas en la
superioridad de la raza chilena. Adrián Salbuchi, en
su interesante obra El profeta de la Edad de Hierro, utiliza conceptos
similares cuando contrapone lo racional a lo emocional, y no a lo intelectual,
al que confunde con lo primero, para luego afirmar textualmente que
"existe un centro psíquico que.. transmigra y evoluciona en forma espiritual... al calor del
fuego sagrado de la Vida". (pg. 93). Tal como vemos una clara confusión
entre las dos dimensiones y una aceptación de la teoría reencarnacionista
propia del teosofismo.
Marcos Ghio