ENCUENTRO DE SANTO DOMINGO
EL CULEBRÓN
SUDAMERICANO
En todo el
mundo el continente sudamericano es famoso por sus telenovelas a las que se ha
bautizado con el mote de “culebrones” en tanto que sus contenidos versan sobre melodrámaticas historias propaladas durante interminables
secuencias sucesivas que pueden llegar a durar meses enteros y que, a pesar de
que durante el transcurso del relato la temática sea de carácter conmovedor y
lacrimógeno, casi aproximándose a la tragedia, por contraste en cambio el final
siempre resulta ser feliz y gratificante en tanto que los grandes problemas que
habían agitado antes a los telespectadores, sumiéndolos en un continuo estado
de gran ansiedad, encuentran finalmente una resolución satisfactoria y tranquilizadora.
Digamos también que tales telenovelas han encontrado un fabuloso éxito de rating no solamente en los países en
donde se han originado, sino que han surcado vastamente las propias fronteras
habiendo sido dobladas a varios de los idiomas que se hablan en el mundo y
habiendo hecho de este modo muy conocida a nuestra cultura vernácula.
Pero quizás
los conocedores de este género no hayan reparado aun en el hecho de que esta
característica melodramática y simultáneamente de “final feliz” que posee el
culebrón no es solamente algo propio de nuestras producciones televisivas, sino
que es también característica usual de esta geografía del planeta y de la cual
participa especialmente nuestra clase política en una manera casi más
paradigmática que los personajes de nuestras telenovelas. Y ello sucede en
tanto que una vez más se corrobora el hecho de que en épocas en las cuales
existe una gran confusión y carencia de grandes ideales y metas, es la realidad
la que termina imitando al arte y no a la inversa como tendría que suceder o
también que las producciones audiovisuales que tanto entretienen a las
muchedumbres son además las encargadas de señalarles a éstas de manera
estereotipada lo que nuestra realidad cotidiana apenas puede presentarnos a la
manera de tímidos atisbos.
Los que hemos
presenciado los diferentes ribetes del último encuentro iberoamericano de Santo
Domingo en el que se estaba tratando una problemática tan dramática como la
guerra inminente que estaba a punto de estallar entre países limítrofes como
Ecuador, Venezuela y quizás también Nicaragua por un lado y Colombia por el
otro, pudimos ver cómo, del mismo modo que en los aludidos culebrones, luego de
una larga e interminable secuencia de al menos siete horas de debates
precedidos a su vez por varias declaraciones de neto corte belicista e
insultante en las que los protagonistas estuvieron a punto casi de irse a las
manos, sobrevino en modo repentino e inesperado el famoso “happy end” de las aludidas producciones, todo
ello en medio de abrazos, caricias y reconciliaciones entre las partes, que
pusieron punto final a nuestra incrementada ansiedad.
Es que lo
sucedido es apenas una muestra de todo lo que sucede. En verdad toda la
historia que se está viviendo en esta parte del continente se ha convertido en
los últimos tiempos en un verdadero culebrón en el cual aquellos que amenazan
siempre con sumergirnos en la tragedia en realidad son simplemente actores de
una trama caracterizada en el fondo por lo inocuo e inofensivo que termina en
forma repentina en la farsa o la comedia. En donde los personajes no son lo que
verdaderamente nos muestran en la realidad, en donde sus guapeadas y amenazas
no son sino coberturas de otras intenciones no siempre manifiestas, las cuales
son las que nos anticipan el final que habrá de suceder. Chávez y Correa, del
mismo modo que las FARC desde hace más tiempo, se nos presentan en la
televisión como enemigos irreconciliables de los norteamericanos. Sin embargo
lo que sucede al final de la trama es exactamente lo contrario de lo que
manifiestan en sus apariciones públicas. El venezolano vive amenazando e
insultando a los EEUU, sin embargo, tal como lo hemos mencionado en otras
oportunidades, es uno de sus principales surtidores de petróleo y por lo tanto
un sostén indispensable de su economía. Es verdad que en algún momento amenazó
con cortarle su suministro en una famosa guapeada que efectuara también por la
televisión, del mismo modo que en los múltiples culebrones que produce su país,
en donde manifestó que lo haría si EEUU invadía Irán. Claro que él como
cualquiera de nosotros sabía que eso no iba a suceder, no por sus amenazas,
sino porque se ha tratado en ciertos aspectos para el primero de un país
necesario para pacificar Irak y Afganistán en donde se encuentra su gran
problema. Que es verdad que tiene intención de producir la bomba atómica, pero
eso no puede suceder sino dentro de al menos cinco años. En cambio donde ya hay
un arsenal nuclear y en peligro de caer en manos de una fuerza antinorteameriana es en Pakistán, país respecto del cual
una intervención de los EEUU resulta mucho más probable. Nos preguntamos al
respecto si Chávez quiere realmente ayudar a terminar con el “imperialismo
yanqui” como dice tantas veces, ¿Por qué no lo conmina cortarle el suministro
de su petróleo si no se retira de aquellos países hoy invadidos efectivamente?
Tales como Irak, Afganistán y Somalia. ¿Por qué no nos lanza una amenaza
similar en el caso de Pakistán, el país efectivamente a punto de ser invadido?
La realidad es en cambio que, como sabía que Irán no corría peligro alguno, es
por ello que lanzó esa amenaza. Y del mismo modo sucede con su socio Correa,
también autoproclamado antiimperialista como Chávez. El mismo cuenta con el
privilegio adicional de ser el presidente del único Estado del planeta que
tiene al dólar como su signo monetario, es decir un país que ayuda como ningún
otro a los EEUU a mantener en pié su moneda, cosa que ni siquiera nuestro mal
habido ministro Cavallo, creador de nuestro famoso y
deletéreo plan de Convertibilidad, se animara a hacer.
Pero está el
problema de las FARC, la guerrilla marxista-leninista- castrista que aun queda
en el planeta, de la cual nadie duda de que sea efectivamente antinorteamericana, de la misma manera que lo fueron
nuestros montoneros y nuestros erpianos trotskistas.
Y del mismo modo el compromiso de los mentados gobiernos “antiimperialistas”
con la misma haría también evidente por extensión su adhesión a la causa en
contra de los EEUU. Sin embargo lo sucedido en la reciente acción del
presidente Uribe en su acción represiva en el territorio ecuatoriano y la
posterior exhibición del atacado campamento guerrillero por parte del gobierno
de este último país nos debería llevar a la reflexión. En primer término
digamos que ese emplazamiento no era una cosa precaria y provisoria, sino que
demostraba ser una construcción de larga data y que era prácticamente imposible
que tal gobierno ignorara su existencia. Por lo cual, si es verdad que desde
tal territorio se desarrollaban acciones militares en contra del vecino país
Colombia, el mismo tuvo todas las razones a su favor para efectuar dicho ataque
y consideramos que no tenía por qué disculparse como hizo posteriormente su
presidente. La famosa “soberanía nacional” nunca puede ser considerada como un
límite absoluto, especialmente cuando la misma es utilizada como cobertura para
justificar una agresión. Pero hay otro detalle que habría que agregar a lo
dicho. La exhibición de los elementos encontrados en el campamento guerrillero
(insistimos que la misma fue hecha por el gobierno ecuatoriano que brindaba
hospitalidad a tal grupo armado) nos muestran que se trataba de personas que se
encontraban muy lejos de una vida ascética y alejada del consumismo. Ello es
otra señal indicativa de que el marxismo no es la antítesis del capitalismo,
sino simplemente un capitalismo que no ha logrado alcanzar aun su consumación.
Nuestros montoneros y erpianos hoy apoltronados en
cargos del sistema, pactando con los regímenes del planeta en paridad de condiciones
y participando de sus ganancias, son una prueba prospectiva de lo que tal grupo
solamente expresa larvadamente y a escondidas en dicha selva.
Y esto
siempre lo tuvo en claro el “imperialismo”. Cuando en 1986 reculó a nuestro
país el ideólogo mundialista Henry Kissinger y se le
expuso lo paradojal de nuestra democracia recién inaugurada, con una cuota tan
importante de ex guerrilleros o colaboradores de los mismos, incluido un
presidente que había sido su abogado defensor en épocas de la “represión”, el
aludido manifestó que no había que preocuparse por ello pues el verdadero
enemigo de la democracia no era el marxismo, sino el fundamentalismo *. Este
último a diferencia del primero rechaza lo esencial del capitalismo que es la
economía como destino. El judeo-norteamericano tenía
muy en claro que el marxismo no patea el tablero, sino simplemente trata de
conquistar un espacio en el mismo. Por lo cual es comprensible que hoy en día
por caminos diferentes Bush y Chávez colaboren en las guerras que tales ideologías
materialistas llevan a cabo en Irak, Afganistán, Somalia, etc. contra tal
peligro del cual nos hablaba proféticamente Kissinger.
Pero hay que
ser realistas. ¿A quién apoyar en este culebrón sudamericano en el que los que
parecen enemigos en realidad son íntimos amigos? No nos cabe la menor duda de
que a Uribe, pues el marxismo es el peor
enemigo en tanto que es el encubierto, el que agrupa detrás de falsos
objetivos a personas que podrían dirigir sus impulsos “antiimperialistas” hacia
un rumbo más efectivo y saludable. Es el
enemigo funcional del sistema. Uribe, del mismo modo que nuestros militares
del Proceso, a pesar de ser, tal como dice Chávez, un “lacayo de los
norteamericanos”, en la práctica no los
benefician al destruir esta falsa disyuntiva, en última instancia funcional a
sus intereses. Lo dicho por Kissinger no es una
expresión aislada. Por algo será que EEUU ha tolerado por casi 50 años a un
régimen marxista a pocos metros de su territorio y ha cruzado en cambio un
océano y dos continentes para combatir al enemigo fundamentalista.
*Puede verse
al respecto nuestra nota “Nosotros, los
fundamentalistas”, publicada originariamente en las revistas Cabildo y Patria Argentina en agosto de 1987. En la actualidad se lo puede
encontrar como capítulo en nuestra recopilación Rebelión Fundamentalista, Ed. Heracles, 2002.
Marcos Ghio
Buenos Aires, 12-03-08