RÉPLICA A LA ALPARGATA
por Marcos Ghio
En ocasión de una inamistosa nota que Arnaldo Rossi, escudándose en
el pseudónimo “El Pampa”, nos dedica en el último número de su publicación,
hemos recibido muchos consejos respecto de la conveniencia de ignorarla. Se nos
dijo que, después de todo, Rossi es un ilustre desconocido en la República
Argentina y que, a pesar de sus años de peronismo y de su incesante prédica a
favor de la democracia y de la modernidad, jamás ha obtenido ganancia ni
espacio alguno en el escenario del régimen que predica. Tampoco nos enteramos
nunca de que se haya presentado a alguna elección o lista partidaria, tal como
hubiera correspondido de haber sido consecuente con sus puntos de vista. Lo
único que sabemos es que se dedica a sacar el aludido folleto de vez en cuando,
en el cual nos ataca consuetudinariamente, aunque eso sí, sin mencionarnos
nunca por el nombre y apellido, si bien critique permanentemente nuestros
puntos de vista y ello a pesar de que no nos habíamos ocupado nunca de él hasta
hace muy poco tiempo.
Sin embargo, si bien ésta es la
situación que se vive en nuestro país, en el cual, salvo escasísimas personas,
por lo general no se sabe que Rossi existe, en el exterior están quienes creen
en cambio que se trata de un importante intelectual y político argentino. Sin
ir muy lejos, luego de haberse sabido que en su publicación se lo ha defendido
a Kirchner y a su esposa de los ataques recibidos respecto de su exacción de
fondos en la provincia de Santa Cruz, se creyó ilusamente que el Rossi
recientemente nombrado en el Parlamento argentino como jefe de la bancada
peronista era el aludido en esta nota. Nada que ver, señores, si bien es
peronista como su homónimo, si bien en algún momento lo ha defendido a Kirchner
y al MERCOSUR (tal como veremos ha dejado de hacerlo ahora con el primero),
nunca ha progresado tanto en su carrera política.
Se dedica, tal como dijéramos -y no
sabemos si ello es a causa de sus no buscados anominatos-, a atacarnos e
incluso con agravios personales como en esta última nota, junto también.... a
Alberto Buela, dedicándonos a ambos varias páginas de sus publicaciones.
Sinceramente, y lo decimos una vez más, no entendemos el por qué de tanta
insistencia y qué es lo que busca especialmente en nuestro caso, ya que
transitamos por caminos absolutamente diferentes. Él cree en la democracia y en
la modernidad, nosotros no. Por lo tanto no nos va a ver nunca compitiendo en
una elección o en una interna partidaria como podría ser en cambio el caso del
segundo. Más inverosímil todavía es el tipo de polémica que viene desarrollando
con Buela desde hace al menos diez años. Aquí hay que explicar que se trata
éste también de un peronista como Rossi y con grandes similitudes existentes
entre ambos, tal como veremos, por lo que se hace incomprensible aun más la
saña con que los dos se convidan recíprocamente en sendas publicaciones con
epítetos que rozan varias veces y en forma muy abundante y generosa el agravio
personal. Pero cualquier desinformado podría pensar que Buela y Rossi discuten
sobre cuestiones doctrinarias o de estrategia relativas sea al peronismo como
al catolicismo que ambos comparten por igual. No, aunque parezca mentira, el
debate se desenvuelve respecto de los conocimientos de griego que tienen el uno
y el otro, habiendo llegado a un grado de pedantería y petulancia realmente
asombroso. ¡Que sexagenarios se estén pavoneando de tal forma en publico
haciendo exhibición de sus conocimientos como si se tratara de imberbes recién
diplomados y que además se agravien por tales razones, es algo realmente
vergonzoso y difícil de explicar! ¡Y que no haya ni siquiera un atisbo de
debate respecto de cuestiones relativas a la doctrina, a la concepción del
mundo o a la misma teología! Ello es algo que realmente a más de uno llama a la
perplejidad. Aunque a decir verdad dicha conducta cuadra con cierto espíritu
inculcado especialmente por el peronismo en nuestro ambiente, una actitud que
se traduce en la famosa consigna de su líder: “Alpargatas sí, libros no”, lo
cual era un remedo del peor nazismo que Perón había aprendido de joven y que lo
hiciera famoso a Göbbels con su también notoria frase: “Cuando te topes con un
intelectual, nunca olvides la pistola”. Y al respecto digamos que una de las
actitudes propias de un verdadero intelectual (no de un intelectualoide) es
justamente el sincero intercambio y contraste entre ideas diferentes. Cosa ésta
que, tal como dijéramos, no existe para nada ni en Buela ni en Rossi. Ellos
podrán ser ambos muy ilustrados y haber acumulado muchos conocimientos
eruditos, pero carecen de la virtud del verdadero intelectual que es la
capacidad del debate crítico y de la reflexión, sustituyendo siempre el mismo
por la diatriba y el agravio personal, la burla, el afán exasperado por
convertir al otro en tonto, es decir por la “alpargata”. Eso mismo lo vimos con
Buela cuando quiso debatir con nosotros reduciendo todas sus argumentaciones a
cuestiones personales, por supuesto que llevadas al terreno de la injuria, casi
lo mismo de lo que hoy repite nuevamente Rossi.
Hay que destacar además que los
hermanos en discordia tienen otro punto en común en cuanto a sus orígenes en la
medida que ambos han sido de muy jóvenes discípulos del padre Meinvielle,
aunque, a decir verdad, luego lo abandonaron para hacerse peronistas. Pero sin
embargo de éste han seguido conservando la mentalidad reduccionista y sectaria
por la que se juzga todo lo existente con categorías definitivas y absolutas no
dejando un sólo resquicio para la duda o la ambigüedad. Así como el finado
sacerdote dividía a la humanidad en cuanto a su concepción del mundo entre
gnósticos y católicos, ellos, además de aceptar esa dicotomía a un nivel
teológico y filosófico, extrapolan ese mismo procedimiento a una esfera
política estableciendo un nuevo antagonismo de carácter absoluto que también
aquí contrapone a los buenos, lo que ellos son, es decir los peronistas, con
los malos, esto es, todos los demás a quienes llaman despectivamente con el
mote de “gorilas”, no existiendo así para ellos políticamente una tercera
posibilidad. Pero aunque ambos concuerden en la aplicación de una misma
metodología heredada desde su muy temprana infancia, sucede que, como están
peleados mortalmente, no se aceptan como pertenecientes los dos juntos en el
bando de los buenos. Así pues Buela no lo pone a Rossi del lado de los
católicos, sino que lo califica como gnóstico, aunque no esperemos que nos
provean razones de por qué es así.
En este punto, y ya entrando a hablar
específicamente de Rossi, digamos que éste, luego de haber sido discípulo del
padre Meinvielle, lo fue de Carlos Disandro, quien murió en la década pasada.
Fue en esa circunstancia, en momentos en que no había aun terminado de superar
el duelo por su maestro, cuya desaparición lo había dejado agobiado y a la
intemperie, que lo invitamos a hablar sobre el mismo en una jornada organizada
por el Centro de Estudios Evolianos. Pero grande fue nuestra sorpresa cuando,
al realizarse el evento, escuchamos que, quizás a causa de un acto de
regresión, en su discurso leído, lo calificaba a Julius Evola –y sin aportar
por supuesto ningún fundamento– como perteneciente al denostado bando de los
gnósticos, es decir de los malos, utilizando una vez más el léxico que le había
enseñado Meinvielle, para luego agregar, por si había quedado alguna duda de lo
que nos quería decir y como queriendo recargar un poco más las tintas, que era
también “aqueróntico”, es decir satánico, demoníaco, etc. Ante nuestra sorpresa
por tanta falta de respeto y de ubicación, tan sólo atribuible y comprensible
por el profundo estado de desazón que le había producido la muerte de su
maestro, y ante nuestra objeción a sus puntos de vista antojadizos, Rossi
agregó en público, presa de un arranque de ira, desencajado y fuera de sí, que
la obra de Evola que había leído, “Metafísica del sexo”, le había
resultado una cosa “repugnante”. Por supuesto que, luego de tal papelón, nunca
más lo volvimos a invitar a charla alguna.
Sin embargo grande fue nuestra sorpresa
años después, cuando asistimos -y luego leímos- a una conferencia de Rossi dada
en Santiago de Chile, en donde, analizando el pensamiento de un famoso doctrinario
del régimen nacional socialista, Hans Günther, autor que sostenía puntos de
vista no solamente contrarios y hostiles al catolicismo, sino incluso ante
cualquier religión o metafísica, sustentando en cambio principios
declaradamente panteístas, inmanentistas y cientificistas, resultaba curioso
constatar que él no solamente lo defendía, sino que incluso compartía
públicamente sus puntos de vista. En una conferencia que diéramos nosotros hace
unos meses en ocasión de publicarse unos artículos en donde Evola lo criticaba
a Günther, hicimos notar tal incongruencia y la perplejidad que nos despertaba
el pensamiento de Rossi. Resulta que él a Evola, un autor que no descarta el
catolicismo, que es gibelino, como dice serlo también Rossi, y que sostiene un
pensamiento metafísico, lo califica negativamente como gnóstico y “aqueróntico”
y en cambio a Günther que sostiene todo lo contrario, como “un gran humanista”.
Luego de haber publicado dicha
conferencia, Rossi, en concordancia con su habitual estilo alparguetense,
despreciativo por cualquier debate y sustituyendo el mismo por la
descalificación, no contestó absolutamente nada respecto de tal interrogante y
solamente se limitó a calificarnos como “personas que no comprenden”, junto a
una cantidad irreproducible de epítetos y además la remató definiéndonos como
un “émulo de Simon Wiesenthal” porque según él habríamos insinuado en tal
conferencia que es un “nazi”. Respecto de esto último vamos a decir dos cosas.
La primera que lo citaremos como testigo en un juicio que tenemos en la
actualidad con el periodista Raúl Kollmann quien, en una exacta contraposición
a lo que Rossi manifiesta, en un libro reciente nos ha calificado como “el
principal ideólogo de los nazis argentinos”. Rossi seguramente demostrará no solamente
que ello no es cierto, sino que quizás allí, ante un juez, haga ver lo
contrario y por primera vez podamos enterarnos de sus pensamientos más íntimos.
En segundo lugar diremos que nos encontramos aquí con un caso psicológico
conocido como “traición del inconsciente”. Con mucha seguridad Rossi, quien
además de hacer la apologética de Günther, se codea y comparte puntos de vista
con un notorio y autoproclamado nazi, Jorge Lastarria, debe seguramente
sentirse sumamente acomplejado por lo que la gente pueda pensar o decir en voz
baja por tal situación, en modo tal de creer que todo aquel que opine
críticamente sobre él en el fondo lo debe estar calificando como un nazi.
Nosotros le diremos que jamás tuvimos la intención de insinuar su nazismo, lo
cual por otro lado es algo que nos tiene sin cuidado. Lo único que nos interesa
es el debate esclarecedor y saber por ejemplo ¿como se puede ser católico y
proclamar la divinidad del hombre y exaltar al mismo tiempo a un autor
darwinista que cree que éste proviene del animal? ¿Cómo se puede ser gibelino y
resaltar a quien rechaza de la propia tradición a Carlo Magno y a la dinastía
de los Hohenstaufen? Etc. Eso sólo era lo que le preguntábamos sin estar
pensando forzosamente que fuera un nazi encubierto. En su respuesta puntual
hubiera podido evacuarle la duda incluso a él mismo.
Pero, si bien se niegue a debatir en
relación al tema de Günther, sin embargo, siempre con la finalidad de
menoscabarnos, en su folleto nos formula una serie de críticas relativas a
nuestra interpretación de la realidad política, las que contestaremos aunque
nuevamente lo hagamos descartando todos los abundantes epítetos que
simultáneamente a ello nos dedica, para eludir así su estilo alpargatense.
Así pues nos dice refiriéndose al
suscripto: “Desde que los televisores se lo pusieron adelante, descubrió que
Bin Laden concentra todos lo que él cree... que son los valores tradicionales.
Claro que con esto privilegia una red... islámico-bélico-mediática y relega un
fenómeno como el iraní, siempre hostil a esa publicitada red, donde lo que se
consolida... no es un enclave nómada funcional a la global-invasión, sino una
nación y un Estado soberanos.”
Repliquemos que lo que manifiesta Rossi
es de una falsedad absoluta. En primer término, no es verdad que hayamos
descubierto el valor del fundamentalismo islámico únicamente cuando Bin Laden
apareció en la palestra de los medios de difusión. (¿Por qué habrá sido?).
Desde mucho antes de que entrara en escena el gran líder de la lucha en contra
de la modernidad, a la cual también Rossi pertenece, nosotros hemos hecho una
abierta apologética del fundamentalismo islámico en textos debidamente
publicados en diferentes medios locales e incluso reproducidos en el exterior,
tales como Nosotros los fundamentalistas (Revistas Cabildo y Patria
Argentina en 1987, época en la cual ni existía Al Qaeda y Bin Laden no
había sido aun “presentado” por la televisión) y ¡Salud ayatollah!
(publicado en Alerta Nacional en el mismo año, publicación esta última
que debe ser muy conocida por Rossi ya que en la misma su amigo Lastarria era
un asiduo colaborador y era además de ideología nazi, por lo que nos dice
Wiesenthal). Ambos artículos, junto a otros de un tenor similar han sido
reproducidos hace 4 años en una colección titulada Rebelión Fundamentalista.
Es decir que es perfectamente demostrable el hecho de que nosotros hemos
exaltado al fundamentalismo islámico desde al menos 20 años antes de lo que
dice Rossi tan irresponsablemente. Por otra parte en ningún momento, ni con
Al Qaeda, ni con Khomeini, hemos dicho, tal como con una nueva desfachatez nos
echa en cara nuestro contradictor, que los mismos “concentren la totalidad de
los valores tradicionales”, sino que simplemente hemos manifestado que
representan en la actualidad el movimiento que más se aproxima a los
mismos, lo cual es una cosa muy diferente, y es tan sólo por tal circunstancia
que nosotros los apoyamos, aunque no por ello, en tanto católicos, compartamos
su islamismo. Es por tal razón que, si bien es cierto que el chiísmo y el
sunnismo estén enfrentados y dicha circunstancia confabule en contra de una
unidad operativa en el seno del fundamentalismo, nosotros, justamente por no
ser musulmanes, podemos prescindir de tal antagonismo de corte sectario, que es
en cambio aprovechado a su vez por todos los detractores modernos del mismo,
Rossi incluido, y por los mismos norteamericanos e israelíes que pretenden
atizar su división para poder así derrotarlos. Nosotros en cambio bregamos por
su unidad intrínseca, tal como bregamos también por la unidad entre sectores
fundamentalistas católicos y musulmanes en función de hacer frente a un enemigo
común: el mundo moderno. Así es como concluíamos el artículo reproducido en
Alerta Nacional que nuestro contradictor ignora olímpicamente. “Hoy en día
la espada y la cimitarra, otrora enfrentadas por distintas concepciones de
Dios, deben unirse..”.
Perspectiva ésta que obviamente no es
la de Rossi, pues él se ubica en el polo opuesto de nosotros, como un defensor
de la modernidad y rechaza por lo tanto al fundamentalismo en sus principios.
Es propio del enfoque moderno considerar que el motor de la historia está
representado por la lucha entre los Estados en aras del triunfo de los propios
intereses y no entre concepciones del mundo antitéticas. Y que, si se sustentan
en algún momento principios, ello obedecería exclusivamente a una cuestión de
oportunidad, sustentada tan sólo en función de la posibilidad de dominio del
adversario, así como en la política partidaria lo son las plataformas
electorales, verdaderos anzuelos para captar a los votantes a quienes se quiere
gobernar y dirigir. Sin embargo habría que decir que quien sostiene como Rossi
y todos los restantes modernos que son los intereses de los Estados o grupos de
éstos los que representan el motor de la historia, también está sosteniendo con
ello un principio. Lo que sucede es que para estos últimos, muchas veces por un
grado de miopía que es el que creemos que tiene Rossi, resulta inconcebible que
exista un principio diferente del propio. De allí que tenga que descalificar al
movimiento fundamentalista en tanto se exprese en forma “nómada” pues en tal
caso no alcanzaría a ser un sujeto histórico como en cambio los Estados, sino
que apenas llegarían a ser simples instrumentos; por supuesto que, según él, al
hallarse afuera de tales instituciones, deben obedecer forzosamente a la
“global-invasión”. De la misma manera que Carlos Marx opinaba que las
ideologías son superestructuras que esconden y camuflan intereses, para Rossi
las ideas antimodernas sustentadas por el fundamentalismo carecerían de entidad
propia no representando otra cosa que una simple cobertura o “montaje” que
escondería aquellos intereses ocultos... aunque por supuesto que no para él.
Pero más allá de que no pueda demostrar
nunca con pruebas concretas que el movimiento Al Qaeda sea una invención de los
Estados “global-invasores” (1), si el problema lo formulamos desde el punto de
vista de la eficiencia y comparamos a un “grupo nómada” que actúa con
independencia de un Estado determinado, como el de Al Qaeda o Hezbollah y un
Estado nacional y soberano propiamente dicho, veremos que las diferencias se
encuentran contundentemente a favor del primero. Han sido justamente los
últimos acontecimientos mundiales en el Medio Oriente los que han demostrando
de manera irrebatible que son estos grupos, u ONG (Organización
no-gubernamental) como él los llama despectivamente, y no los Estados
nacionales los que han obtenido un efectivo resultado en la lucha en contra de
las principales potencias modernas, llámense USA o Israel. Por ejemplo en el
caso específico de este último, cuando tuvo que toparse con Estados árabes
nacionales y para colmo de males de corte muy afín con el peronismo, como el de
Nasser, la guerra se liquidó en seis días y si no intervenía la ONU para
detenerla, con seguridad que Israel llegaba hasta El Cairo. En cambio cuando
fue una “ONG” o un grupo nómada el que hizo frente al mismo país como ahora, no
solamente la guerra no se resolvió en pocos días, sino que, tras casi un mes de
haberse iniciado, su resultado resulta sumamente dudoso para Israel. Y la razón
de ello estriba en el hecho esencial de que los valores que sustenta el
fundamentalismo son de una profundidad sumamente mayor que los meramente
nacionalistas o economicistas propios de las ideologías modernas que han
centrado en le mera vida el fin de la propia existencia. Claro, nos dirá Rossi,
que esto sucede del lado chiíta en donde cuentan con la ayuda del Estado
soberano iraní. Sin embargo, por el lado sunnita, con Al Qaeda y los Talibanes,
pasa exactamente lo mismo en los casos de Irak y de Afganistán en donde la
resistencia lleva años y la victoria inicial de los norteamericanos con sus
diferentes aliados modernos tiene todas las de perder, sin existir allí ningún
“Estado soberano” que brinde algún tipo de apoyo efectivo.
Pero decíamos que Rossi, como buen
moderno que es, además de descalificar expresamente al fundamentalismo en
cuanto a sus principios y respecto del cual se encarga de enfatizar diferencias,
lo rescata únicamente si se encuentra sustentado en un Estado nacional, que
para él resulta ser siempre el factor más importante. En razón de esta visión
distorsionada y parcial de los hechos lo termina reduciendo en su contenido
interpretando con aquellas categorías, que son por supuesto economicistas, un
fenómeno que es de una profundidad mucho mayor en tanto se vincula a
dimensiones metafísicas y religiosas. Para ello debe tener en cuenta
informaciones que son realmente escandalosas por lo superficiales y delirantes.
Resulta que él da como válido el comentario de que, cuando vino en 1982 una
delegación iraní a la Argentina, la misma manifestó que Khomeini era discípulo
de Perón, lo cual podría ser tan verdadero como aceptar que también lo es Bush
en tanto le dijera a Kirchner que se consideraba como muy peronista. ¿Por qué
creerle a uno sólo y no pensar en cambio que en el campo de la diplomacia
suelen decirse cosas por cortesía? Por otro lado ¿cómo podemos creer que un
régimen tan principista como el del ayatollah pudiera tener como modelo a un
oportunista, a un incinerador de templos religiosos, a un firmante de contratos
petroleros con empresas norteamericanas, justamente éste que excluía a
Norteamérica de cualquier trato, pues se trataba de el “gran Satán”? Hay que
ser un ingenuo o tener demasiada mala fe para tomar por ciertos tales
comentarios. Pero lo más increíble es el análisis que Rossi hace de la
revolución iraní tras la muerte de Khomeini, el que por supuesto es coherente
con sus concepciones modernas y economicistas. Al parecer, luego de tal
acontecimiento, la misma habría sufrido una gran crisis pues habría surgido una
línea conservadora y menos “peronista”, la que ahora se vería superada por una
corriente de retorno al primer khomeinismo representada por el actual
presidente. Pero atención, en tanto es la dialéctica la que gobierna la
historia, al mejor estilo marxista y moderno, lo que en realidad se propondría
Ahmadineyad no sería hacer triunfar una concepción fundamentalista en el mundo
sino algo mucho más pedestre como producir energía nuclear “debido al alto
costo del petróleo”, por lo cual la información de que en cambio busca generar
una bomba atómica para terminar con Israel resultaría una total falsedad y
sería un invento de los norteamericanos para “asustar” al mundo. El planteo
nuestro es al respecto exactamente el inverso de el de nuestro contradictor. Lo
que en realidad nos tendría que asustar sería la posibilidad de que una
revolución tan importante y esencial como la del fundamentalismo islámico se
redujese a lo que Rossi nos formula, es decir nada más que a un régimen
movilizado por razones materialistas y no que utilice en cambio la tecnología
alcanzada con la finalidad de terminar con la modernidad. Por otro lado en su
análisis Rossi olvida que Irán es uno de los principales productores de
petróleo y que por lo tanto no necesita para nada crear una fuente de energía
alternativa con todos los inconvenientes que la misma le acarrea.
Y es en este punto en donde volvemos
justamente a lo que expresáramos al comienzo de este artículo. Dijimos que
políticamente Rossi divide a la humanidad entre peronistas y gorilas. A estos
últimos los llama también global-invasores o fuerzas funcionales a los mismos.
Él sostiene que éstos, en función de lograr hacer triunfar sus intereses, han
armado en el mundo una muy vasta conjura efectuada por una finalidad de dominio
universal y que, en aras de ello, intentan paralizar psicológicamente a sus
adversarios generando enemigos y cucos terroríficos que en realidad no son
tales. Así pues tal régimen se habría destruido las Torres, los trenes de
Atocha, inventaría una inexistente bomba atómica en Irán, así como armas de
destrucción masiva en Irak, habría sembrado en el mundo entero el miedo hacia
el “terrorismo” con la intención de paralizar al adversario. Indudablemente,
como bien dice nuestro contradictor, se trata de una teoría muy sencilla y
fácilmente comprensible. Aunque el problema se nos presentaría no cuando
pretendemos conocer la extensión de tal poder opresor, sino a la inversa en el
momento en que se determine con precisión a quién es al que en última instancia
se pretende propiamente inutilizar a través de todos sus montajes. A los
Estados que son nacionales y soberanos, nos replicaría Rossi. Pero en una época en la cual, debido
a la interdependencia y la globalización, la soberanía se encuentra sumamente
limitada. ¿Cuáles serían propiamente esos Estados? De acuerdo a nuestro autor
en realidad ninguno lo sería propiamente hoy en día ya que existirían tan sólo
atisbos los que no alcanzan en ningún momento a representar mundialmente una
clara alternativa a tal poder, terminando pues en el fondo siendo todos
funcionales al mismo (2). Habría sin embargo un movimiento que representaría
tal principio de independencia en su plenitud el que, en razón de sustentar
tales principios en su más estricta pureza, sería el verdadero enemigo en
función del cual se inventan todos los “sustos” antes aludidos por parte de
tales poderes y a los cuales a su vez el mismo les quita el sueño pues nunca, a
pesar de los esfuerzos y el despliegue de medios empeñados, lo han podido
derrotar del todo. Sería el peronismo, es decir el movimiento al cual Rossi
pertenece, la antítesis dialéctica del gorilismo o global-invasión, su mortal
enemigo. Pero si analizamos sus escritos no puede menos que sentirse un
sentimiento de impotencia y frustración pues según él, luego de la muerte de
Peron, nadie, salvo el mismo Rossi, sería hoy en día verdaderamente peronista
pues, si en el anterior número de su publicación se nos había insinuado la figura
de Kirchner como tal, en éste en cambio acaba de descalificarlo. Por lo que
habría que suponer entonces que si el verdadero enemigo de la global-invasión
es el peronismo y el único verdaderamente peronista que queda en el planeta es
Arnaldo Rossi no pueden terminar de explicarse entonces todos los esmeros,
montajes y preocupaciones que tal poder ha exteriorizado hasta ahora ¿Todo esto
que se hace es tan sólo para combatirlo a él?
Arribados a este punto no podemos menos
que arrepentirnos de haberle dedicado al mismo todas estas páginas, aunque
agreguemos que, a pesar de todo lo dicho, respecto del cual sin embargo es
justo decir que, cuando no se dedica estrictamente a la política y se evade de
sus tics peronistas, suele hacernos aportes valiosos y rescatables, los que
solemos valorar. Esperamos entonces que lo dicho, si no logra sugerirle
desandar por el mal camino, al menos haya servido para esclarecer a otros algún
punto de manera tangencial.
(1) Las pruebas que
nos aporta son de un infantilismo sin límites. Resulta que ha descubierto que
la emisora Al Jazeera, cuya sede bien sabemos se encuentra en el emirato
pro-yanqui de Qatar, sería en verdad propiedad de Al Qaeda (¿Será porque las
dos comienzan con el mismo prefijo?), cuya funcionalidad al sistema quedaría
además demostrada por dos pruebas fundamentales. Que ha contratado a una
periodista judía en su nueva sede de la Argentina y porque propala las
proclamas de tal movimiento, junto como bien sabemos también con las de
Hezbollah (del cual no nos dice si también responde a la “gobal”). Habría que
contestarle que el hecho de que Bin Laden y Nasrallah puedan aparecen por la
televisión, más que representar la prueba de un montaje, es la demostración
cabal de la ineficiencia del régimen para dar con ellos. ¿O es que acaso cree
que Olmert o Bush desean que este último aparezca por los medios? Claro que nos
olvidamos de la teoría del “julepe dialéctico” que sustenta Rossi. Al parecer
estas figuras con sus apariciones públicas “montajeadas” son las encargadas de
asustar a los peronistas para que no hagan la revolución. Enseguida veremos a
quién se refiere Rossi cuando habla de los peronistas.
(2) Ni siquiera
Venezuela o Cuba, que en anteriores números de su folleto habían sido en algún
momento exaltados, resultan ahora ser exponentes de Estados verdaderamente
soberanos, pues, de acuerdo a Rossi, Cuba sería un montaje del
judeo-cristianismo, una de las patas de la “global-invasión”, y el régimen
bolivariano, al someterse a tal liderazgo, se apartaría del peronismo.