LA CULTURA DE DERECHA
por Julius Evola
Hoy suele hablarse en Italia de una
"cultura de Derecha"; sin embargo resulta difícil sustraerse a la
sensación de que en todo esto no se trata de otra cosa que de un 'fenómeno de
coyuntura'. Debido al avance que ha tenido la Derecha en el campo político,
evidentemente se trata de levantar una contraparte cultural a fin de
integrarla. Sin embargo surgen aquí una serie de problemas.
En primer lugar habría que precisar qué
es lo que se entiende por cultura. Nos podemos referir al campo creativo o bien
al de las ideas y de las doctrinas. Ahora bien, el campo creativo (de la
literatura, de las novelas, del teatro, etc.) es tal que no se soportan allí ni
fórmulas ni recetas; aquí toda producción auténtica y válida depende
esencialmente de la existencia de un clima adecuado. La inconsistencia de una
creatividad elaborada sobre ciertas medidas u ordenada ha dado por resultado
por ejemplo la nulidad de las producciones en el marco del denominado 'realismo
marxista' o 'socialista'.
Es en el segundo sector en el que se
debería y podría precisar el contenido de una cultura de Derecha, para los
distintos dominios. Pero aparte del apelativo coyuntural 'de Derecha', en la
esencia habría que referirse a orientaciones intelectuales y críticas
preexistentes, y se trataría tan sólo de retomarlas y desarrollarlas
ulteriormente. El ataque en contra del marxismo, en contra de su historiografía
y de su metodología resultaría obvio, pero en una cierta medida puede
definírselo como algo descontado. Son muy raros aquellos que todavía se atienen
a los dogmas apolillados del marxismo: el cual, si hoy representa un peligro,
no lo es tanto en el dominio cultural, sino más bien en el político-práctico,
en donde, más que ser necesaria una polémica es necesaria una acción decidida.
En una cultura de Derecha no puede no
existir una crítica de la ciencia y del cientificismo, respecto de lo cual son
notorios los embates en contra del marxismo. La desmitificación de la ciencia
es aquí una tarea fundamental y en una perspectiva más vasta sería necesario
sopesar por un lado el aporte positivo de la ciencia en el campo material y por
el otro la contraparte consistente en las devastaciones espirituales derivadas
de la visión científica del mundo.
Un campo más importante de trabajo para
una cultura de Derecha es el de la historiografía. Es un hecho irrebatible que
la historiografía de nuestra patria ha sido escrita casi sin excepción en clave
anti-tradicional, masónico-liberal y en gran medida 'progresista'. La así
llamada 'historia patria' y no tan sólo la más estereotipada, está
caracterizada por poner de relieve y glorificar como 'nuestra' historia todo lo
que ha tenido un carácter prevalecientemente anti-tradicional: todo esto
partiendo de la rebelión de las Comunas en contra de la autoridad imperial
hasta aquellos aspectos del Resurgimiento que tuvieron una innegable relación
con las ideas del 89', hasta la intervención en la primera guerra mundial. Algo
de tal tipo se podría decir no tan sólo en relación a la 'historia patria',
sino también respecto de toda la historia en general.
Respecto de esto último faltan
lamentablemente antecedentes para desarrollar. Hay quien hace poco ha querido
resaltar los nombres de Machiavelli y de Vico, respecto de los cuales,
sinceramente no sabemos qué tendrán que ver en un contexto similar, al disponer
entre otras cosas de los mismos un material sumamente diversificado y limitado.
De Vico, cuanto más, se podrían recabar la interpretación de la historia en
sentido regresivo, a través del alejamiento del nivel de aquellas que él
denominaba las "estirpes heroicas", hacia una nueva barbarie. Esto
sin embargo en Vico se refiere a su teoría de los ciclos, de los 'cursos y
recursos' de la historia: algo similar vale también para las teorías más
actualizadas de Oswald Spengler con su Ocaso de Occidente.
De Machiavelli no sabemos en verdad qué
es lo que se pueda recabar para una historiografía de Derecha. Ante algunos
que, aparte de la historiografía, quieren poner a Machiavelli entre los
pensadores de Derecha, nosotros queremos contraponer estas reservas precisas.
No por nada Machiavelli ha dado su nombre al 'maquiavelismo', y aun dejando a
un lado el aspecto menos simpático del mismo, es decir el uso desperjuiciado de
los medios para alcanzar un fin, debemos decir que no estamos de acuerdo para
nada con definir como de Derecha la simple 'manera fuerte', un poder que se
afirma con dureza, en tanto tal poder sea sin forma y se encuentre privado de
un crisma y de una superior legitimación: de otra forma existiría el peligro de
tener que incluir en ello a no pocos regímenes actuales de más allá de la
cortina (1).
Para una consideración de Derecha de la
historia, aparte de ciertos esbozos presentes en Burke, en Tocqueville, en De
Maistre, en Burckhardt, la única contribución válida reciente que nosotros
conocemos es el libro La Guerra Oculta de L. Poncins y E.
Malinski (2). El mismo es sumamente ilustrativo respecto de los procesos,
muchas veces desarrollados por detrás de los bastidores de la historia
conocida, que han llevado a la disgregación de la civilización tradicional
europea. Lamentablemente la exposición se detiene tan sólo con el advenimiento del bolchevismo. Queda
por lo tanto, para llegar hasta nuestros días, un período sumamente vasto,
denso como nunca de acontecimientos, en el cual el análisis debería ser
continuado.
También la sociología ofrece al
pensamiento de Derecha un importante campo de trabajo. En efecto, tal
disciplina, cuando es desarrollada en clave abiertamente marxista, tiene
siempre un componente pervertidor, de reducción de lo superior en lo inferior y
las corrientes de la sociología norteamericana nos han dado un claro ejemplo de
todo esto. En fin, también la antropología, en el sentido de teoría general del
ser humano, debería valer como un objeto
importante. Por ejemplo se
debería estudiar aquí y rechazar la orientación, lamentablemente tan difundida
y aceptada, que opera como premisa del psicoanálisis, en sus diferentes
variedades, para señalar y rechazar la concepción mutilada y distorsionada del hombre que constituye su fundamento
principal.
Con esto creemos que algunas
direcciones esenciales han sido precisadas.
(1) Se refiere aquí a los regímenes
comunistas de la Cortina de Hierro que existían todavía en su tiempo. Hoy en
día hay personas que, remitiéndose a Evola de manera maliciosa y tendenciosa al
mismo tiempo, además de haberle hecho
decir (cosa que como vemos nunca hizo) que estimaba y concordaba con el pensamiento de Maquiavelo,
hacen consecuentemente también la apologética del nuevo régimen
capitalista-bolchevique de Putin, asumiendo incluso el nombre de
nacional-comunistas. Lo repudiable en todo esto es que además se digan
evolianos y lleguen a rendirle homenajes a J. Evola sin que les caiga la cara
de la vergüenza.
(2) Esta obra ha sido traducida al
castellano por Ediciones Heracles, Buenos Aires, 1999.
Roma, 29 de agosto de 1972.
La cultura de Derecha en 2009
El valor del texto consiste en señalar
la necesidad no solamente en Italia, sino en todo el mundo, de formular las
premisas esenciales de una cultura de Derecha como contraste de una similar de
Izquierda actualmente en vigencia. Desde tal perspectiva el autor considera
fundamental la labor a desarrollar en el seno de la historiografía. Así pues
mientras que en la misma hoy prima una visión de Izquierda que trata de ver en
los procesos históricos una cierta intencionalidad y rumbo progresivo hacia la
cada vez mayor instauración y triunfo de la Democracia en el mundo, una de
Derecha en cambio tendría que intentar rastrear en el mismo pasado histórico
aquellos valores que hacen a lo contrario de tal sistema, el Imperio.
Valga al respecto lo acontecido en
nuestra historia americana (descartando en tal visión lo acontecido en
Norteamérica o América sajona, ya que se trata de un contexto cultural
sustancialmente distinto). La historiografía en clave liberal masónica o
marxista ha enfatizado en los procesos independentistas que abarcan los últimos
200 años de nuestra historia y ha silenciado en cambio todo el vasto período
milenario anterior que ha abarcado no solamente los más de 300 años de Colonia
a los que sin más se los ha considerado como una especie de prehistoria y de
muy escaso valor, sino incluso los períodos del pasado pre-colombino el cual ha
sido directamente distorsionado especialmente por la historiografía marxista la
que lo ha pintado como una especie de comunismo primitivo cuando en verdad
durante el mismo existieron verdaderos imperios con un consecuente régimen de
castas, tal como en el caso de los más cercanos en el tiempo, los Incas y
Aztecas y otras experiencias aun más lejanas como los Mayas y los Mochicas
entre otros que nada tenían que ver ni con la Democracia ni con tal otra
distorsión. Por lo cual bien se ha dicho que en América, lo mismo que en otros
contextos culturales, mientras que el Imperio es milenario, la Democracia no
tiene ni 200 años de existencia, habiendo además sufrido una serie de altibajos
y contratiempos, como lo acontecido en la Argentina durante el período de Rosas,
un caudillo decididamente anti-democrático y restaurador. Lamentablemente ha
faltado aquí, como también hace notar Evola en Europa, una historiografía de
Derecha consecuente hasta las últimas consecuencias en la revalorización del
pasado imperial en preciso contraste con la democracia. El único intento
pretendidamente correctivo, el revisionismo histórico escrito en nuestro país,
ha sido hecho en clave güelfa, es decir tratando de justificar prioritariamente
el accionar de la Iglesia en nuestro continente la cual durante el período
colonial fue un factor de disidencia permanente con el Imperio impidiendo
además cualquier comprensión cabal del pasado imperial aborigen, respecto del
cual solamente supo asumir una actitud que no fue ni de diálogo y comprensión,
sino lisa y llanamente de conversión en muchos casos hasta coercitiva cerrando
de esta manera las vías de un encuentro prolífico entre dos visiones imperiales
para contrastar en forma conjunta con la Democracia. A su vez, siempre por su
intención hegemónica tantas veces asumida en detrimento del Imperio en el
Occidente europeo, y en este caso el español, participó activamente de los
procesos independentistas y hasta asumió una actitud de defensa de la
Democracia 'en clave cristiana' asumiendo las doctrinas del jesuita Suárez para
el cual la soberanía viene de Dios pero por la intermediación del pueblo, es
decir lo mismo que afirman los liberales, tal como se repite también en estos
días con aquellos sectores 'nacionalistas católicos' que continúan rescatando
los valores de 'una cierta democracia'.
La gran tarea que debería asumir un
pensamiento de Derecha verdadero en nuestro continente sería la de elaborar una
historiografía americana en clave imperial para contraponerla a la que hoy
existe en clave democrática en la que colaboran de diferente manera y desde
vías en apariencias contrapuestas, liberales masones, marxistas y católicos güelfos. La misma consistiría en
resaltar de nuestra historia todos aquellos acontecimientos y figuras que
exaltaron el ideal del Imperio como contrapuesto a la Democracia, sea en el
pasado pre-colombino como durante el de la Colonia y aun en pleno período de la Independencia. Sabemos que tal labor ha
sido iniciada en otros países como Perú y Ecuador y sería de esperar que ello
suceda también aquí en la Argentina.
M.G.
Buenos Aires, 10/03/09