LA ENCRUCIJADA DEL ISLAM
por Julius Evola
Desde hace mucho
tiempo se habla del problema del Islam en forma general y de manera particular
de los pueblos de tal contexto cultural, en especial con relación al
significado que el uno y los otros pueden tener en el conflicto entre el bloque
oriental y el occidental. No es desde este punto de vista político, sino desde
el espiritual que nosotros querríamos encuadrar de modo sumario el problema. No
pocas veces los movimientos irredentistas de los
pueblos árabes y las mismas iniciativas egipcias han sido vistas
con simpatía por nuestros ambientes 'nacionales'. Pero a tal respecto es
necesario tener el coraje de la verdad y analizar el real motivo de tales
simpatías. Al tener las cuentas que saldar con las potencias que nos han quitado las colonias y nos impusieron
imposibles tratados de paz, puede producirnos placer ver amenazado el prestigio
de tales potencias, casi como si se tratara de una reparación histórica, por
parte de los movimientos nacionalistas árabes y de otros pueblos no europeos.
Pero no por tal razón nos tenemos que lanzar indiscriminadamente en contra del
colonialismo, olvidando cómo al mismo, hasta el día de ayer, estuviese
vinculado el principio mismo de la hegemonía de la raza blanca. Preguntémonoslo
de manera franca: hagamos de cuenta que todavía tuviésemos Libia y Etiopía.
Pues bien, si en tales países se desarrollaran movimientos independentistas
como los que ahora se están desarrollando en el África Septentrional, ¿los
seguiríamos acaso con la misma simpatía, para mayor gloria del principio de las
'libres nacionalidades'?
El problema
verdadero es diferente. Ya Mussolini, en un discurso que creemos de 1930 que
sostuviera ente estudiantes orientales arribados a Roma, subrayó el punto
esencial: se trata de rever el fundamento de aquel derecho, que fue la tácita
premisa del colonialismo, y de manera general de la moderna hegemonía de la
raza blanca. Este fundamento no debe derivar de una civilización materialista
que en las tierras de otros pueblos ve exclusivamente fuentes de materia prima
y potenciales mercados a fin de explotar sin escrúpulos a los fines del
capitalismo, pudiendo ello hacerlo en razón de contar con medios adecuados en
razón de una superioridad tecnológica y organizativa. Impersonalmente, se puede
también aprobar que, en especial pueblos dotados de auténticas y seculares
tradiciones espirituales y culturales, como el caso de los islámicos, vuelvan a
poner en discusión el derecho de hegemonía basado sobre tales bases, se rebelen
en contra del colonialismo y contra cualquier tipo de tutela, y que anhelen su
independencia. Pero el problema no concluye aquí. El punto esencial es el de ver en cuáles términos tal independencia es reivindicada y
qué significado la misma puede tener en la lucha actual entre el
"Oriente" y el "Occidente". Es sumamente evidente el
peligro de que dichos movimientos de independencia confluyan de manera natural
en las aguas del comunismo en tanto el problema sea considerado en términos
puramente materiales. En efecto se sabe muy bien que el comunismo mantiene
lista, como un instrumento táctico, una extensión de la teoría de la lucha de
clases en el plano internacional, al ser aquí equiparados los pueblos
coloniales o sujetos a influjos occidentales con el proletariado oprimido que
debe poner fin a la explotación capitalista. Por tal causa los Soviéticos sostienen en tales pueblos aquel nacionalismo que
en cambio en su área es estigmatizado como "contra-revolucionario" y
combatido en forma decidida. Ahora bien, esta orientación debe ser considerada
también por parte de aquellos que, entre nosotros, se detienen en el concepto
moderno de nación. El punto esencial es éste: los mismos pueblos islámicos
actualmente se están haciendo independientes del Occidente occidentalizándose,
es decir en tanto padecen espiritual y culturalmente la invasión occidental:
ellos no se emancipan material y políticamente sino abandonando las propias
tradiciones y constituyéndose en facsímiles en gran medida imperfectos de los
Estados occidentales. Aquí el comunismo los espera en la otra orilla: espera
que la industrialización y la tecnificación creen en su seno un proletariado
privado de raíces, el cual no tardará en organizarse y seguir el mismo camino
de las "reivindicaciones sociales" en cadena que nosotros conocemos
bien y que conduce siempre más lejos del ideal de un Estado nacional que se
encuentre jerárquicamente articulado y ordenado por valores superiores,
mientras que prepara aquella vía apropiada para el marxismo pasando por la fase
intermedia del "Estado nacional del trabajo".
Se ha dicho
que un bloque de pueblos islámicos, que abarcaría unas 360 millones de almas,
representaría una potencia mundial y una especie de baluarte en contra de
Rusia. Ello es verdad. Pero hay que preguntarse cuál "Islâm"
es el que prevalecerá, o más aun prevalece entre los pueblos islámicos, dado su
incesante proceso de occidentalización. Luego de la Turquía de Kemal Ataturk, justamente el
Egipto de Nasser se encuentra entre tales países,
como el más avanzado en el impulso a conformarse en el marco del ideal occidental
moderno del Estado laico, que se encuentra en plena contradicción con la
tradición islámica. A ésta por lo demás, ya el concepto de 'nación' en sentido
nuestro le resulta extraño: es un concepto que ha sido importado en los países
árabes, sobre todo a través de elementos locales occidentalizados. El Islam
ortodoxo es todavía defendido en Arabia Saudita y por la organización de los
"Hermanos Musulmanes", organización que sin embargo en Egipto ha sido
prohibida por su manifiesta aversión al nuevo régimen y que, por lo demás, en su programa más reciente tenía incluso
ideas socialistas reformistas y radicales mucho más avanzadas, por lo cual en
Siria se debe a la misma la formación de un "Frente islámico socialista".
A través de la instrucción de tipo moderno, entre la juventud y la
intelectualidad árabe hacen cada vez más pié el indiferentismo, el
agnosticismo, el racionalismo y el ateísmo. La universidad Al Ashar, que en su momento había sido árbitra en materia de
formación islámica del derecho y de las costumbres sociales, tiene ya muy poco
que ver con el tema. En más de un Estado árabe el derecho islámico no es
considerado más como la única fuente de la ley; los tribunales religiosos
muchas veces han sido abolidos o desautorizados, y han sido aprobadas reformas
en estridente contraste con la ley islámica, típicas entre todas ellas las
relativas a la emancipación de la mujer, hasta haber llegado a un límite tal
que en Siria se ha revindicado para las mujeres el
derecho no solamente al voto sino también a ser elegidas y que Pakistán,
imitando a Norteamérica, tuvo ocasión de designar a una mujer como 'embajadora'
*. Además el Presidente de los Ministros de tal Estado en 1955 fue objeto de
violentos ataques por parte de las mujeres de su país porque, en plena
conformidad con la ley islámica, se había tomado una segunda esposa. Estos
pueblos hoy se occidentalizan y desislamizan en los
modos de vida, en la alimentación, en las viviendas. Sus diarios y sus revistas
recaban casi exclusivamente todo su material y las mismas fotos de agencias
europeas o yanquis. A lo cual debe agregarse la influencia de la radio y del
cine, con películas casi sin excepción del mismo origen no árabe. Si por el
momento tales modificaciones más sensibles que son fatal consecuencia de todo
esto se refieren a los centros urbanos y a los estratos medios y superiores,
sin embargo no debe pensarse que esto se detenga aquí, mientras que también
debe ser considerado el otro factor, la occidentalización en términos marxistas
del estrato más bajo una vez que éste tome paulatinamente la forma de una masa
obrera.
Junto a la
falta de una autoridad tradicional espiritual verdaderamente reconocida, en el
área islámica un peligro ulterior se encuentra constituido por diferentes
tendencias reformistas en ambientes que, mientras que padecen pasivamente las
ideas occidentales, es decir de la decadencia europea -democracia, socialismo,
sociedad sin clases, a veces incluso marxismo- tales ideas se presentan como
conciliables con la propia tradición. Es la contraparte de lo que se ha
verificado entre nosotros con aquel catolicismo político de izquierdas que se
esfuerza por descubrir un fondo esencialmente cristiano y evangélico no sólo en
la democracia, sino en los mismos movimientos obreros comunistoides.
Todo esto
debe ser adecuadamente considerado. Un mundo islámico que se organice, se
emancipe y se haga fuerte como una mala copia del Occidente materialista, a
nosotros no nos interesa para nada. Y en la balanza de los valores el mismo no
se encuentra en modo alguno como más ventajoso respecto del mundo de las
potencias coloniales de las cuales se sacudiría el yugo, pero sin un verdadero
y superior derecho. Las cosas serían sumamente diferentes si la
contrapartida fuese un despertar del Islâm como
potencia espiritual y religiosa, no a los fines agresivos, como en épocas
lejanas, sino en aras de una consolidación interna, para una defensa ante la
infección de ideas occidentales, ideas que, si son aceptadas ligeramente por
carecer de una forma interna o por el impulso de necesidades externas, en muy
corto plazo llevarían a aquellos pueblos hacia la misma crisis que padecemos
nosotros y en las cuales se encentra nuestra debilidad ante la amenaza
comunista.
Tal como se
ve, el verdadero problema no vierte sobre el plano puramente político. Se trata
del mismo problema que debemos resolver nosotros en base a nuestras
tradiciones. Resolviéndolo, sería simultáneamente puesta la base para una
colaboración, cuyos efectos también políticos en la actual lucha por la
conquista del mundo serían por cierto decisivos.
* Luego
de tal hecho novedoso en el mundo islámico, fue elegida primer ministro una
mujer, Benazir Bhutto, tas
lo cual, habiéndose arribado al límite tolerado, en un proceso de reacción
contrario, fue luego muerta en un atentado realizado por sectores del islamismo
ortodoxo. En la actualidad su viudo, conocido como Mr. 10% -en tanto que éste
era el porcentaje comprobado con el que se quedaba en todas la licitaciones
públicas-, ocupa el cargo de su finada esposa, aunque no ha podido evitar que
más de la mitad de su país haya instituido la Sharia
(ley islámica), siendo el único sostén de su poder el apoyo incondicional
brindado por los EEUU, Rusia, China y el 'occidente'. Como los actuales reyes y
como aparentemente también sucedía en su anterior matrimonio, él reina, pero no
gobierna.
Roma, 25 de Junio de 1958.
El Islam en 2009
El texto que hemos publicado tiene un valor muy significativo para
contraponer a aquellos que, remitiéndose a Evola en
forma capciosa y distorsionada, sostienen una postura provincialista,
simultáneamente antiislámica y 'europea' que, tal
como vemos, no es la sustentada por nuestro autor absolutamente enemigo de un
'nacionalismo' caduco y terminal como el que pretenden imponer algunos que no es
sino un intento velado por salvar a esta civilización moderna. Evola al único Islam que rechaza es al
desnaturalizado, al laico y profano que ha asumido los valores del 'occidente'
decadente, no así al tradicional y ortodoxo que en su época no tenía el desarrollo
actual. Tengamos presente que el texto fue escrito en 1958. Por lo tanto Evola, quien muriera en 1974, no tuvo oportunidad de
conocer las posteriores secuelas que tendría el Islam con el despertar de una
vertiente tradicional y ortodoxa, primeramente en el área chiíta
a través del ayatollah Khomeini
con la revolución de 1979 en Irán y posteriormente con la victoria del
fundamentalismo sunnita talibán que derrotara 10 años
más tarde al comunismo ruso en Afganistán, habiendo sido tal victoria el inicio
de la catastrófica caída de dicho sistema. Todo lo cual ha representado una
lucha en pos de una meta más vasta que es la derrota del materialismo
occidental en todas sus vertientes, el cual en estos días que transcurrimos
está dando sus manotazos desesperados para poder seguir subsistiendo en medio
de un tendal de destrucciones en su sistema económico y financiero, así como de
sistemáticas derrotas en el terreno militar. El Islam tradicional de la Sharia, que Evola exalta, hoy
está nuevamente organizándose en Pakistán, en Somalia y en Afganistán,
extendiéndose a su vez en forma arrolladora en vastas regiones frente al actual
colapso galopante del mundo occidental que es derrotado una y otra vez en
diferentes batallas, habiendo sido el inicio del proceso de aceleración de la
caída un 11 de septiembre de 2001.
Evola nos
advierte también que el beneficioso despertar del Islam no debe esta vez asumir
posturas agresivas para con el Occidente, el que no debe ser confundido
en forma alguna con la caricatura actual que vivimos. Lo cual lo compartimos
plenamente, pero consideramos que la responsabilidad principal de que ello no
suceda es que en dicho contexto cultural principalmente cristiano se constituya
una vertiente decididamente anti-moderna a diferencia exacta con lo que sucede
ahora con sus elites religiosas y políticas, léase principalmente el Vaticano,
así como el ‘nacionalismo’ antes mentado, que por el contrario convocan en
diferentes casos a defender los valores de tal civilización caduca, tales como
el Holocausto y la Democracia, y simultáneamente a ello llaman a la derrota del
'Islam violento', es decir del que no es moderno, laico y secular como el que ellos desearían que
fuera y que nuestro autor repudia con todos los tonos posibles. Si el Occidente
no retorna él también a su valores raigales, al menos
en un movimiento significativo como puede ser el fundamentalismo en la esfera
del Islam, será totalmente obvio y explicable que el mismo llame a la lucha
simultánea en contra de sionistas y Cruzados, poniéndolos a todos en una misma
bolsa. Esta verdadera reacción que debería acontecer en el contexto del
Occidente es lo que justificaría una 'colaboración' entre ambos contextos
culturales. M.G.