EL DOBLE ROSTRO DE LA LEYENDA DEL GRIAL
Julius Evola
Viernes
Santo. En la capilla de los caballeros del Grial, en el Montsalvat,
Parsifal, el 'puro héroe' o 'puro loco', retorna. Él ha superado la conciencia
inherente a su misma inocencia primitiva. Él ha resistido a las insinuaciones
eróticas de las 'doncellas-flor' y de Kundry, la
bella criatura del mago Klingsor, la cual termina
obteniendo la redención a través del amor. La lanza del Grial, que el rey Amfortas había perdido pecando, él la ha reconquistado en
el castillo de Klingsor: es la lanza por cuya herida
brotó la sangre de redención de Jesús, pero que también llagó a Amfortas, el indigno y lujurioso que quiso acercarse al
Grial. Esta lanza ahora Parsifal la vuelve a llevar pues a la roca del Grial. Con
su contacto, la herida ardiente de Amfortas
desaparece y el prodigio del Viernes Santo se cumple una vez más. El Grial -que
es la copa en la cual Jesús bebió en la Última Cena y que recogió su divina
sangre- se hace luminoso. Desde lo alto desciende una
blanca paloma -desciende el Espíritu Santo- entre la mística exaltación de los
caballeros del 'Montsalvat'.
Ésta, tal
como todos saben, es aproximadamente la trama del drama místico de Ricardo
Wagner: es tan sólo a través del mismo que la mayoría de las personas hoy en
día sabe algo acerca de la leyenda del Grial. Se trata de un drama místico al
cien por ciento, de una devota languidez cristiana que en su momento provocara
la áspera revuelta del filósofo del 'superhombre' y de la 'voluntad de
dominio', de Federico Nietzsche, en contra de su antiguo amigo, Ricardo Wagner.
¿Pero cuáles son las fuentes de las cuales Wagner ha recabado su drama musical?
¿Y cuáles son las correspondencias efectivas entre tal drama y aquellas
fuentes?
A tal
respecto se impone un reconocimiento susceptible de ser extendido también a la
relación entre las obras de la 'Trilogía' wagneriana y el contenido efectivo de
la antigua mitología del Edda. No existe una
adecuación con la misma. No hay correspondencia. Wagner ha tomado tan sólo
esbozos para formar arbitrariamente un mundo de arte y de música el cual, más
allá de su valor estético, en muchos aspecto más que
facilitar, desvía de una comprensión verdadera de los significados más
profundos escondidos en los mitos y en las leyendas originarias.
Esto vale
también para el 'misterio del Grial'. Las fuentes efectivas de esta leyenda,
provenzales y germánicas, tales como Chrétien de Troyes, 'Queste du Graal', Robert de Boron, Wolfram von Eschenbach, 'Dù Crône', 'Perlesvous',
etc, no concuerdan sino escasamente con los rasgos
más relevantes del drama wagneriano. Parsifal no es un 'puro', él ha ya
conocido y 'de manera técnica' a Blanchefleur o a Condwriramour, y, en nombre de su vocación caballeresca, ha
dejado morir a su madre.
Kundry no es la bella criatura demoníaca,
instrumento del mago Klingsor, sino que es una vieja
horrible, mensajera de los mismos caballeros del Grial y acusadora de Parsifal.
En Wolfram von Eschenbach
el 'Grial' no es una copa, sino una piedra, y en el 'Wartburgkrieg'
una piedra 'luciferina': en otros textos la misma es un objeto singular que
aparece y desaparece y está dotado de un mágico movimiento, sin nada que pueda
reclamar ni siquiera de lejos el cáliz de la Eucaristía. Símbolos esenciales,
como el de la 'espada partida' y la 'prueba de la espada', el 'rey muerto' o
'en letargo' y su resurrección, han sido totalmente dejados a un lado por
Wagner. Y así sucesivamente. Pero además de todo esto, debe decirse que el
contexto de los textos nos muestra que la del Grial no es una leyenda cristiana
sino tan sólo en la superficie, que sus elementos constitutivos son de una naturaleza muy distinta y retroceden muy
a lo lejos en el tiempo.
La
tradición católica en efecto no sabe nada del Grial, y lo mismo puede decirse
respecto de los primeros textos del cristianismo en general. La literatura
caballeresca florecida alrededor del Grial aparece multitudinariamente en un
muy breve período, asociada con un intenso interés y luego desaparece en forma
repentina: ningún texto es anterior al primer cuarto del siglo XII, y ninguno
es posterior al primer cuarto del siglo XIII. Por lo cual la impresión que se
tiene es que se trata de algo subterráneo aflorado momentáneamente, pero
enseguida rechazado y sofocado por otra fuerza: casi como si se tratase de una
tradición secreta que 'bajo vestimentas extrañas' remitía a una enseñanza muy
poco reductible a la de la Iglesia, del mismo modo que la siguiente literatura
de los así llamados 'Fieles del Amor' (de acuerdo a los estudios efectuados por
Luigi Valli), o la misma literatura
hermético-alquímica o, finalmente, la misma tradición de los Templarios. Y es
de notar al respecto que Wolfram von Eschenbach denomina exactamente a los caballeros del Grial
como 'templeise', es decir templarios.
En cuanto a
los objetos que figuran en la leyenda del Grial: una lanza, una copa que da
'alimento de vida', o una piedra que, entre otras cosas, tiene el poder de
designar a los caballeros aptos de revestir una dignidad regia, tales objetos
se encuentran ya en tradiciones pre-cristianas. Los tres por ejemplo figuran
entre los objetos que, de acuerdo a las leyendas irlandesas, la 'raza divina'
prehistórica de los 'Tuatha dè
Danann' habría traído consigo en Irlanda viniendo
desde el 'Avallon', una enigmática tierra occidental
que quizás es la misma Atlántida del relato de Platón. Pero hay más. La misma
antigua tradición romana presenta singulares correspondencias. Numa constituyó el colegio sacerdotal de los Salios que custodiaba una prenda, concedida por el Cielo,
de la grandeza del imperio, 'pignum imperii'. Estos sacerdotes eran 'doce', del mismo modo
que doce son los principales caballeros que se sientan alrededor de la Tabla
Redonda en el castillo del Grial. Ellos llevaban un 'hasta' o 'lancea', que es
el otro objeto, custodiado, junto a la copa, por parte de aquellos caballeros.
Y de tal copa así como también de la piedra regia, que es el Grial, ellos
tienen el equivalente, en la medida que cada uno de los Salios
tiene, junto al 'hasta', un 'ancile',
es decir un escudo, el que sin embargo Dumézil ha
demostrado que originariamente tenía el significado de un recipiente que brinda
la ambrosía, es decir un místico alimento, propio como la copa del Grial o el
recipiente de los 'Tuatha' atlantídeos.
Y puesto que, de acuerdo a tal leyenda romana, el 'ancile'
habría sido extraído de un aerolito, o piedra divina descendida del cielo, en
esto no sólo existe una correspondencia con la piedra regia o 'fatídica' -'stone of destiny'- de los 'Tuatha' (piedra que aun hoy se conserva en Westminster y
que es 'negra', negra como el misterioso 'lapis niger' de los Romanos), pero existe también una temática
que remite a la versión de la leyenda del Grial, según la cual el mismo Grial
habría sido recabado de una piedra caída del cielo, de una esmeralda que
adornaba la frente de Lucifer antes de su rebelión. Además, la leyenda nos
refiere que, bajo tal forma, el Grial
fue también perdido por Adán, luego fue reconquistado por Seth,
pasó finalmente a las manos de José de Arimatea, un caballero
al servicio de Poncio Pilato, el cual, luego de la
muerte de Jesús, lo llevó -¿adónde?- hacia una región que en algunos textos
lleva 'justamente el nombre de la región atlántica misteriosa', patria de los 'Tuatha', la 'raza divina' que ya tenía los objetos
equivalentes a los de la leyenda del Grial: en el Avalón,
'insula Avallonis', la
'isla blanca', 'île blanche'.
De aquí se desarrolla un nuevo ciclo de leyendas, en donde las epopeyas de los
'caballeros celestes' en su búsqueda del Grial se cruzan con las de la corte
del Rey Arturo, es decir con temáticas que provienen de antiquísimas
tradiciones célticas, e incluso druídicas.
En todo
esto se tienen correspondencias que, para aquel que sabe de la lógica secreta
que siempre preside la formación de los símbolos tradicionales, no son para
nada casuales y extravagantes. La sustancia originaria de la leyenda del Grial
se mantiene también en sus sucesiva forma cristianizada, en tanto que, a
diferencia de lo formulado por Wagner, su temática principal no es ni el
'pecado' de Amfortas, ni la 'tentación', no se trata
aquí de algo místico, sino de algo esencialmente regio y guerrero: 'es el tema
del rey muerto que debe ser vuelto a despertar o vengado y de la espada
quebrada que debe ser vuelta a unir', en conexión con una empresa peligrosa y
mortal propuesta a un héroe que, sin embargo, al alcanzarla, se eleva a una
dignidad trascendente, marcada por esta singular fórmula, que se encuentra en
el antiguo texto de Merlín: "Honor, gloria, poder y alegría eterna al
Destructor de la muerte".
Roma, 29 de julio de 1935.