EL MUNDO SE HA
PRECIPITADO EN UNA EDAD OSCURA
por Julius Evola
Es en gran medida sabido que mientras el hombre
moderno ha creído y en gran medida aun cree en el mito de la evolución, las
civilizaciones antiguas en cambio, casi sin excepción e incluso hasta las
poblaciones salvajes, reconocieron en vez la involución, la gradual decadencia
del hombre desde un estado primordial concebido no como un pasado
semi-simiesco, sino como el de una alta espiritualidad.
La forma más notoria de tal enseñanza es el mito de
Hesíodo respecto de las cuatro edades del mundo -del oro, de la plata, del
bronce y del hierro- las cuales corresponden a grados sucesivos de la
mencionada decadencia o descenso. Totalmente análogo a ello es la enseñanza
hindú respecto de los yuga, ciclos de
conjunto y sucesivos que son del mismo modo cuatro y que a partir de una “edad
del ser” o “de la verdad” satya-yuga,
van hasta una “edad oscura”, kali-yuga.
De acuerdo a tales tradiciones, los tiempos actuales corresponden al epicentro
propio de este último período: nosotros nos encontraríamos pues en plena “edad
oscura”.
Si bien la formulación de tales teorías sea
antiquísima, de hecho los caracteres previstos para la “edad oscura”
corresponden en modo sumamente desconcertante a las características generales
de nuestros tiempos. Ello puede ser recabado de ciertos pasajes del Vishnu-pûrana, texto que nos ha
conservado gran parte del tesoro de las antiguas tradiciones y de los antiguos
mitos de la India. Nosotros nos hemos limitado a agregar entre paréntesis
algunas aclaraciones y a subrayar las correspondencias más evidentes.
Comencemos:
“Razas de siervos, de sin casta y de bárbaros se
adueñarán de las riberas de la tierra hindú… Los jefes que reinarán sobre la
tierra, como naturalezas violentas se adueñarán de los bienes de sus súbditos.
Limitados en su poder, la mayor parte de éstos se levantará y caerá
rápidamente. Muy breve será su vida, insaciables sus deseos, y ellos casi
ignorarán qué cosa sea la piedad. Los pueblos de los diferentes países, que se
mezclarán con ellos, seguirán su mismo ejemplo”.
Se trata aquí de las nuevas invasiones bárbaras con
la consiguiente invasión del virus del materialismo y de la salvaje voluntad de
dominio propia del Occidente moderno en civilizaciones que aun son fieles a
milenarias y sagradas tradiciones. Tal proceso como se sabe se encuentra en
pleno desarrollo en el Asia.
“La casta predominante será la de los siervos (período proletario-socialista: comunismo).
Aquellos que poseen abandonarán la agricultura y el comercio y se convertirán
en siervos o ejerciendo profesiones mecánicas (proletarización industrializadora). Los jefes en vez de proteger a
sus súbditos los despojarán y bajo pretextos fiscales robarán las propiedades a
la casta de los mercaderes (crisis de la
propiedad privada y del capitalismo, estatización comunista de la propiedad)”.
“La salud (interior)
y la ley (conforme a la propia naturaleza)
disminuirán de día en día hasta que el mundo será totalmente pervertido, Sólo
los bienes materiales conferirán rango. Como única meta de devoción será la
preocupación por la salud física, el único lazo existente entre los sexos será
el placer, el único camino para el éxito en las competencias será el fraude y
la mentira”. “La tierra será sólo venerada por sus tesoros minerales (industrialización a ultranza, muerte de la
religión en la tierra)”. “Las vestimentas sacerdotales se sustituirán a la
dignidad del sacerdote”. “La debilidad será la única causa de la obediencia (final de las antiguas relaciones de lealtad
y de honor)”. “La raza será ya incapaz de producir nacimientos divinos”.
“Habiendo sido socavados por seres sin fe, los
hombres se preguntarán entonces de manera insolente: ‘¿Qué autoridad tienen los
textos tradicionales? ¿Qué son estos dioses, qué es la casta que posee la
autoridad espiritual (brâhmana)’”.
“El respeto por las castas, por el orden social y por las instituciones
(tradicionales) será menoscabado en la edad oscura”. “Los matrimonios en esta
edad dejarán de ser un rito y las reglas que vinculan a un discípulo con un
Maestro espiritual no tendrán más fuerza. Se pensará que quienquiera y por
cualquier vía pueda alcanzar el estado de los regenerados (es el nivel democratizante de las pretensiones modernas por la
espiritualidad) y los actos de devoción que podrán aun ser ejecutados no
producirán más resultado alguno”. “Todo orden de vida será igual promiscuamente
para todos (conformismo, estandarización)”.
“Aquel que distribuya más dinero será señor de los hombres y la descendencia
familiar dejará de ser un título de preeminencia (superación de la nobleza tradicional)”. “Los hombres concentrarán
sus intereses en la adquisición, aun deshonesta, de las riquezas”. “Toda
especie de hombre se imaginará ser igual a un brâhmana (pretensiones
prevaricadoras de la libre cultura académica; arrogancia de la ignorancia).
La gente tendrá como nunca un terror por la muerte y se espantará por la
pobreza; tan sólo por tales razones conservará la forma (una apariencia) de un culto”.
“Las mujeres no cumplirán más con las órdenes de sus
esposos ni de sus padres. Serán egoístas, abyectas, descentradas, mentirosas y
se apegarán a las personas disolutas. Ellas se convertirán simplemente en
objeto de satisfacción sexual”.
“La impiedad
prevalecerá entre los hombres desviados por la herejía y, en
consecuencia, la duración de su vida será mucho más breve”.
Si la actualidad de tal profecía del Vishnu-pûrana tiene rasgos difícilmente
refutables, para alcanzar el significado completo de la misma habría que tener
un sentido del punto de referencia, es decir de aquello que habrían sido sus
orígenes, del estado desde el cual paulatinamente la humanidad habría decaído.
¿Pero qué significado hoy podrían tener para la mayoría términos tales como
‘edad del ser’ y ‘edad del oro’? Lamentablemente ello se reducirá a simples
recreaciones mítico-literarias.
En el texto en cuestión valdría la pena notar dos
temas ulteriores que mitigan sobremanera las tétricas perspectivas de la “edad
oscura”. Haremos de ello tan sólo una mención. El primero es la idea de que aquel que ha nacido en el kali-yuga y es sin embargo capaz de
reconocer los valores verdaderos y la ley verdadera, éste recogerá frutos
sobrenaturales difícilmente alcanzables en tiempos más fáciles. “Pesimismo
heroico”, diría Nietzsche, y esta idea no es ajena al mismo cristianismo. El
segundo punto es que el mismo kali-yuga,
en razón de vincularse a un desarrollo cíclico cósmico más vasto, tendrá
también un final. A causa de una mutación no simplemente humana se producirá
una mutación general. Le seguirá a ello una especie de regeneración, de un
nuevo principio.
Esperemos que sea así: y sobre todo que antes no
estemos obligados a ir hasta el fondo del abismo, con las delicias que la ‘era
atómica’ nos reserva.
Roma, 14 de enero de
1954