El descalabro
mundial y la Argentina
PLOTINO Y LA
CRISIS GLOBAL
La situación en que se encuentra
viviendo el mundo ha puesto en evidencia el tan remanido
fenómeno de la interdependencia que, gracias especialmente a nuestros progresos
cibernéticos, existe hoy en día entre la totalidad de las naciones y
continentes. En modo tal que un colapso financiero local, tal como aconteciera
con la crisis (o más bien estafa) hipotecaria en los EEUU, ha por rebote
generado, por un efecto dominó, un derrumbe económico internacional de grandes
dimensiones con países que ya se encuentran abiertamente en estado de recesión,
desocupación y todas esas grandes pesadillas que suelen aterrorizar a la
economía capitalista y de mercado. Pero lo más llamativo del caso es que acaba
de reconocerse que esta terrible catástrofe, que ha tenido como causa más
cercana una gran estafa financiera, no
pudo ser prevista ni evitada debido a que los diferentes organismos de
inteligencia de los EEUU estaban ocupados mayoritariamente tratando de cazar a
los terroristas pertenecientes a la red Al Qaeda y talibán y consecuentemente
en evitar la posibilidad de que pudiesen cometer atentados en territorio
norteamericano, muy similares a los del 11S.
Por tal causa, gracias a tal
confesión de parte, ha quedado así en claro que esta crisis que se está
viviendo no ha sido el producto del azar ni de misteriosas "leyes
cíclicas de la economía", tal como dicen nuestros liberales
consuetudinarios, ni de las "contradicciones dialécticas de la lucha de
clases", tal como afirman nuestros también consuetudinarios y apolillados
marxistas, sino de la acción precisa de alguien que fue capaz de
producirla. De alguien que tuvo la decisión de sortear las 'leyes fatales de la
historia' y los diferentes determinismos que intentan encadenar nuestra
libertad y que por lo tanto hizo caso omiso de las advertencias con que los
ideólogos de todos los colores han intentado detenernos en nuestras acciones.
Esto, si bien es muy remoto y
pareciera tirado de los cabellos, me hace recordar lo que sostuviera tiempo
atrás un militar que no se decidía a actuar "porque no había aun recibido
señales de la Virgen", o porque se corría el riesgo de “ser aplastados
irreversiblemente por el omnipotente poder del dinero", o aquel otro que manifestara,
luego del fracaso de una acción emprendida, que "nos derrotaron porque
tenían armas que no conocíamos"; o también aquel que, luego de rendirse a
las pocas horas de haberse sublevado en un poco recomendable estado psicológico
de resignación, manifestó que su derrota expresaba no la propia ineptitud, sino
que era "la voluntad de la divina providencia" la que vencía a través
de la misma. Ante lo cual alguien les hizo recordar a todos ellos esta antigua
máxima de Plotino: "No existe un
dios que combata en lugar de nosotros".
Claro que aquellos que no se
resignan a ser libres, y prefieren seguir siendo esclavos de las leyes fatales
del mercado, de la lucha de clases o del dios providencial, no pueden concebir
la existencia de algún hecho que transgreda su principio. Así pues, luego de
los atentados del 11S, los distintos teólogos marxistas, liberales,
nacionalistas, etc., esto es, todo el vasto espectro de la modernidad, se
cansaron de decirnos durante siete años que ha sido ese remedo de Jehová, al
cual le han dado diferentes nombres en función de la ideología en la que creen,
el que había atentado en contra de sí mismo buscando excusas para dominar el
mundo y "resolver sus crisis". Escribieron varios libros, publicaron
una retahíla de best sellers,
crearon centros de investigaciones, nos llenaron de "pruebas"
demostrativas de autoatentados. Pero no pudieron
explicar jamás por qué Norteamérica no gana las guerras que provoca a propósito
y menos aun podrán explicarnos ahora, luego de tal confesión, por qué ha
producido consecuentemente este derrumbe económico, tras haberse reconocido
expresamente que el mismo tiene su remoto antecedente en el 11S, el cual,
siguiendo con su lógica, habría sido en última instancia producido por ellos
mismos.
Sin embargo dicha fecha, a
diferencia de lo manifestado por los teólogos aludidos, aun de los que visten
ropaje científico, al mostrarnos que 19 personas con cuchillitos de plástico y cortauñas y con una inversión que no superó los 500 mil
dólares, lograron dañar seriamente, a través de su sacrificio, no sólo a los
EEUU sino al sistema económico mundial, a través del mentado efecto dominó, no
solamente ha indicado la fragilidad absoluta que manifiesta este sistema, sino
también la veracidad que tenía aquella máxima de Plotino escrita hace casi dos
mil años, pero que no pudieron entender nunca nuestros militares. Que el hombre
es libre y no esclavo de ningún destino, y que no existen leyes fatales en la
historia.
Quizás haya llegado el momento
de aprender de los acontecimientos que la misma nos ofrece y considerar
entonces que muchas de las doctrinas conspirativas encargadas de mostrarnos la
existencia de un poder muy aceitado que todo lo rige como el bíblico Jehová en
realidad solamente están hechas para deprimirnos y paralizarnos, es decir para
hacerle el juego involuntaria o voluntariamente a ese mismo poder que se dice
combatir.
La ética tradicional, a
diferencia de la moderna, no busca ningún consuelo en tanto considera que el
ser humano es responsable de todo lo que le sucede, especialmente de los
propios fracasos. Por lo tanto debemos aceptar también que somos responsables
de los Menem o de los Kirchner que hoy tenemos. Que las diferentes teorías encargadas
de asignar a una entidad todopoderosa (imperialismo, sinarquía, masonería,
judaísmo, etc.) la culpa de todo lo que nos sucede es apenas una excusa que nos
inventamos a nosotros mismos para justificar nuestra propia impotencia.
Valga al respecto y para finalizar
esta otra máxima de Plotino: “Es justo que los viles sean vencidos por los malvados”.
Marcos Ghio
Buenos Aires,
17/11/08