LA "PERONIZACIÓN" DE LA ARGENTINA
El reciente acto masivo de Plaza de
Mayo, en el cual una verdadera multitud se concentró para vivar al presidente
Kirchner, ha despertado una serie de suspicacias. En primer término se resaltó
el hecho de que la inmensa mayoría de presentes estaba compuesta por
personas de escasísimos recursos, que bordeaban la indigencia, a las que se
invitaba a concurrir a cambio de 20$ y de comida gratis por un día. Así como
también se contó con nutridas columnas de ciudadanos del interior del país
que fueron además tentados con un paseo gratis a Buenos Aires que integraba un
extenso feriado de cuatro días. Pero lo que más ha llamado la atención ha sido
corroborar la colaboración asidua en tal organización de personas que hace
apenas pocos meses se encontraban en las antípodas del actual presidente, pero
que ahora se peleaban por presentarse como los más devotos de sus seguidores.
Esta falta de dignidad y coherencia en los principios que
hoy se vive como una cosa natural y espontánea se ha pensado erróneamente que
se trata de un fenómeno de los últimos tiempos de la política argentina,
producto de sus sucesivas crisis de "corralitos" y
"piquetazos" que han dado por resultado un tipo de individuo
inestable y sumiso, siempre dispuestos a venderse al mejor postor antes de
encontrarse en el terreno de los perdedores. Es por ello que se ha acuñado el
término "borocotización", para referirse al sonado
caso de un diputado electo por un partido de "centroderecha" el
que, mostrando su carencia de espina dorsal, sin esperar siquiera a asumir su
cargo, se pasó abiertamente a las filas de la "centroizquierda"
representado por el kirchnerismo. Sin embargo habría que decir que estas
actitudes de incoherencia tan frecuentes y habituales no son propias de los
últimos tiempos en exclusividad, sino que tienen un remoto antecedente en nuestra
historia en la figura de quien fuera el principal líder político del siglo
pasado y cuya huella está presente en los sucesivos gobiernos que hemos tenido,
empezando con el actual.
Tomemos al respecto un hecho
histórico acontecido el 16 de septiembre de 1955. En ese entonces un
movimiento cívico militar estalla en el país en contra del gobierno del
General Perón. El mismo estaba destinado al fracaso debido a que no había
logrado sublevar a las principales guarniciones del ejército y apenas contaba
con el apoyo de la minoritaria marina. Esta última, cuando las cosas pintaban
para la derrota, en un acto de desesperación, amenazó con un ultimatum de
bombardeo a la ciudad de Buenos Aires. Curiosamente el presidente, con la
excusa de evitar el derramamiento de sangre entre hermanos, presentó su
renuncia y se exilió en la embajada del Paraguay. Los vencedores de ese
entonces que se encontraron inesperadamente con el poder en sus manos
argumentaron respecto de la falta de agallas del General Perón quien no tuvo el
valor de resistir a pesar de tener superiodad de fuerzas. Algunos hasta lo
compararon con Urquiza en la batalla de Pavón. Es interesante constatar lo que
el mismo Perón manifestará respecto de tal acontecimiento. De este modo
le contestará al General Aramburu, presidente de la revolución que lo
derrocara: "Ud. se ha permitido decir que soy un cobarde porque ordené la
suspensión de una lucha en la que tenía todas las probabilidades de ganar. Ud.
no podrá comprender jamás cuánto carácter y cuánto valor hay que tener para
producir gestos semejantes. Para Ud. hacer matar a los demás en defensa de la
propia persona y de las propias ambiciones es una acción distinguida de
valor." (8-3-1956). Es decir que en esta esquela Perón se nos manifiesta
como un pacifista, como un "león herbívoro" que rechaza la violencia
y que, en aras de la paz social, renuncia al poder. Sin embargo no será la
misma interpretación la que dará del mismo hecho tres meses más tarde, pero no
ante el General Aramburu, sino ante su delegado personal, John William Cooke,
quien bien sabemos que con los años se convertirá en el adalid del peronismo de
izquierda vinculado con Fidel Castro y con la guerrilla. Así le manifestaba en
relación al mismo hecho: "La verdad de por qué no se accionó decididamente
en contra de los rebeldes....es porque.. tanto Lucero como Sosa Molina
(sus generales adictos) se opusieron terminantemente a que se entregaran armas
a los obreros.. ellos defeccionaron miserablemente puesto que
preferían que vencieran sus camaradas antes de que el pueblo impusiera el
orden que ellos eran incapaces de guardar.. ". (12-6-1956). Es decir que
mientras que a unos les decía que renunció para evitar el derramamiento de
sangre entre hermanos, a otros en cambio les manifestaba exactamente lo contrario,
que estaba dispuesto a derramarla pero que no lo dejaron y que por ello tuvo
que renunciar. El doble discurso, el doble mensaje, la ética dual, la
"borocotización" tienen pues sus antecedentes claros y
fundacionales. La peronización de la política argentina es el gran mal de
nuestros tiempos.
Buenos Aires, 26-5-06
Marcos Ghio