LA PATAGONIZACIÓN DE LA ARGENTINA Y LA
GUERRA OCULTA
Un agregado al reciente artículo
de Lucas Baffi
A raíz
de la reciente nota de Lucas Baffi sobre La Patagonización de la Argentina
hemos recibido una serie de comentarios relativos al asombro que suscita en
algunos, especialmente del exterior, el hecho de que la Argentina
voluntariamente y sin recibir nada a cambio se haya desprendido de sus riquezas
petroleras y energéticas beneficiando a un exiguo grupo de personas que
componen nuestras oligarquías políticas y financieras que se reparten, junto a
empresas multinacionales, las ganancias de tales vitales recursos y que
prácticamente nadie se haya preocupado ni antes ni ahora, salvo en muy escasas
excepciones, de protestar por este hecho.
Para
explicar tal estado de apatía generalizado que hoy se vive habría que agregar
al documentadísimo informe de Lucas Baffi el hecho de que previamente a dicho
voluntario desprendimiento nuestro país tuvo por muchos años una empresa
petrolera estatal, YPF, que, a diferencia de todas las restantes, sea públicas
como privadas en el mundo entero, era deficitaria. Lo cual representaba
un verdadero despropósito pues bien sabemos que, salvo el tráfico de droga, no
existe un negocio más rentable que el petróleo, el cual con muy escasas
inversiones iniciales rinde ganancias que en poco tiempo amortizan la totalidad
del capital. Por lo cual, debido a este verdadero despropósito, asociado
también al de otras compañías estatales también deficitarias, en nuestra
sociedad se implantó con el tiempo la idea de que no resulta conveniente en
ninguna circunstancia que el Estado tenga empresas propias aunque éstas, como
el caso del petróleo, sean potenciales proveedoras de ganancias altísimas, las
que, bien administradas, se trasladarían en beneficio para la sociedad toda y
no para un grupo pequeño de ésta, tal como sucede ahora.
Para
explicar este hecho curioso el estudioso del tema petrolero Adolfo Silenzi de
Stagni nos ha demostrado con gran documentación que la falta de rentabilidad de
la empresa petrolera estatal no fue un acontecimiento casual, producto de un
error en la gestión, sino que el mismo obedeció a un plan siniestro ejecutado
con parsimonia durante muchos años por el cual a propósito se convirtió
en ineficiente a la empresa petrolera para después justificar ante la sociedad
toda su privatización. El método consistió principalmente en poner al frente de
la compañía estatal a funcionarios que también lo eran de compañías privadas,
como la Esso, Shell, etc. que competían así con la primera de manera tramposa y
desleal. De este modo trabajaban para estas últimas convirtiendo en deficitaria
a la del Estado. A ello también hay que agregar el gran lote de funcionarios
públicos ineficientes y ñoquis ubicados en sus plantas cada vez que un
partido ganaba las elecciones a fin de conseguir una recompensa por su
"trabajo" para la causa.
A
través de toda esta serie de acciones combinadas y premeditadas se logró
desprestigiar tanto a YPF como a otras compañías estatales en modo tal que aun
hoy en día, cuando Lucas Baffi nos demuestra el daño que se nos ha ocasionado
con la enajenación de nuestras fuentes de energía, hay muchos que descreen de
que la solución pase por volver a nacionalizarlas ya que según ellos, de
acuerdo a lo que se ha vivido, el Estado siempre sería ineficiente. Al respecto
como aquí se ha tratado de un plan premeditado, cuyos propósitos consistieron
en debilitarnos y disolvernos como nación, expliquemos, de acuerdo a la óptica
evoliana, los procedimientos utilizados.
a) Sugestión
positivista. El enemigo de la Argentina y por extensión de la especie
humana sabe que, para poder llegar a manejar al hombre, hay que destruir su
dimensión espiritual, que es aquella que lo hace libre y capaz de no ser
determinado por los influjos del medio. Es en función de ello que con una gran
pertinacia ha logrado con el tiempo inculcar una sugestión entre la inmensa
mayoría de las personas, la cual se ha convertido en un verdadero hábito. La
misma consiste en hacernos creer que solamente existe aquello que se percibe a
través de nuestra experiencia sensitiva. Que por lo tanto no hay ideas,
principios, metas superiores, fines trascendentes por los cuales vivir y
luchar. Que en todo caso, si las mismas existen, apenas son términos a los
cuales nosotros les otorgamos un valor. Que por lo tanto "la realidad,
positiva y tangible, es la única verdad" y que los ideales en cambio no la
poseen. Y digamos también al respecto que resulta afín con la sugestión
positivista el dogma hoy implantado universalmente de la "muerte de las
ideologías", las cuales son ilícitamente confundidas con los ideales.
Tener "ideología" no significa otra cosa en este caso puntual que
tener principios. Y hoy, gracias a la sugestión positivista implantada por
doquier, esto se ha convertido en un lujo que no nos podemos dar ante las
"urgencias" de la vida cotidiana, compuesta de una suma de
experiencias positivas, las que habitualmente son de carácter económico y
material. Por ello es que, bajo el influjo de tal sugestión, la actitud que se
adopta hoy en día es el fatalismo, que consiste en rendirse ante los
hechos consumados, los que son reputados como "la única verdad" ante
la que hay que doblegarse y ofrecer pleitesía.
b)
Asociada y derivada de dicha primera y esencial técnica de guerra oculta* es
que tenemos el segundo procedimiento que ha logrado aplicarse con sumo éxito en
nuestra sociedad, en especial en los últimos tiempos y como una derivación de
una extremada agudización del primero. Éste consiste en la confusión de un
principio con sus representantes ocasionales. En tanto que el hombre se ha
hecho ciego ante realidades superiores y universales como ser los principios y
las instituciones que los expresan, éste sólo puede percibir individuos. La
Iglesia es por ejemplo para él el cura que conoce, el Estado es el político que
frecuenta diariamente a través de la televisión, las Fuerzas Armadas, el
militar que puntualmente le denuncia la prensa. Y al respecto como la persona
ya no puede distinguir entre individuos e instituciones, así como por el
anterior procedimiento no puede hacerlo entre experiencias positivas y
principios universales, entonces la técnica concurrente consiste en: c) la
estereotipación de una de las partes que componen el todo. En este caso el
procedimiento consiste, a través de los medios masivos de difusión, en sembrar
el desprestigio hacia aquella institución que se quiere destruir poniendo el
acento exagerado en alguno de sus representantes deficientes. Y así como en la
televisión cuando se quiere afear a alguien se ponen siempre en evidencia sus
defectos físicos, aun cuando éstos fuesen escasos, o a la inversa cuando se lo
quiere exaltar, en el caso de las instituciones se sobreactúa especialmente con
respecto a aquellos representantes que no hayan estado a la altura del
principio que representan. Ello lo podemos ver cuando en el caso de la Iglesia
por ejemplo se pone el acento especial sobre un sacerdote que pueda ser
pedófilo y en cambio no se dice nada de todos aquellos que no lo son, olvidando
o desconociendo así aquella máxima fundamental de que "la excepción
confirma la regla". Pero justamente como no hay principios tampoco hay
reglas, las que son suplantadas por las excepciones. Lo mismo sucede con las
demás instituciones que se quiere destruir. En el caso específico que ha
tratado Lucas Baffi relativo a la privatización de nuestro petróleo ha
acontecido que, en razón de la confusión entre el principio y su representante,
como el Estado ha sido ineficiente alguna vez y se ha logrado ponerlo en
sustancial relieve, entonces lo que se ha logrado es que se considere que en
ningún caso podría llegar a ser diferente. Digamos que el Estado concebido como
principio es una institución que se encuentra ubicada por encima de los
intereses económicos de las partes y cuando esto no sucede entonces dicha
circunstancia no agota mínimamente su esencia, sino simplemente la desvirtúa.
Tal es lo que quería decirnos -y nosotros no hacemos más que resaltarlo- Lucas
Baffi con su esclarecedora nota.
* Este
tema ha sido magistralmente tratado por Julius Evola en su obra Los hombres
y las ruinas. Parte en la misma de la concepción tridimensional de la
historia por la cual, además de los actores visibles y los hechos que suceden,
existe una tercera dimensión oculta que actúa entre los bastidores del proceso
histórico. La misma está constituida por un enemigo del hombre como especie que
trata de lograr su aniquilación y destrucción en sus principales creaciones,
las civilizaciones y las naciones. Las técnicas de la guerra oculta son los
procedimientos aplicados en una tarea varias veces milenaria.
Marcos
Ghio