PÁGINA
12 Y LA HIPÓTESIS CONSPIRATIVA
Página 12 es un medio que, bien
sabemos, representa el espectro de la izquierda en la Argentina, aquella que
está con Chávez, con Kirchner y que anhela a través de Putin el resurgir de la
antigua Unión Soviética. Incluso en algunos casos, si la vena sionista no le
late en exceso, es capaz de ponerse del lado de Aminajedad
cuando despotrica contra el detestado George Bush. Su periodista internacional,
Juan Gelman, comparte pues los puntos de vista de los
800 catedráticos norteamericanos que “echan por tierra la versión oficial sobre
el 9/11” y que dicen poseer “28 pruebas respecto de la relación de Bush con Al
Qaeda”, así como una infinidad de otros argumentos concurrentes, demostrativos
todos ellos de que el aludido habría armado esta historia siniestra con la
finalidad aviesa de invadir Afganistán, Irak e incluso otros países, si es que tales
‘investigadores’ no lo frenaran a tiempo con sus denuncias. Todo esto es dicho
en un artículo (1) en el que nos enumera
varios centenares de ‘pruebas científicas’ que así lo corroborarían, tales como
que el agujero del Pentágono era demasiado grande como para que pasara un avión
por el mismo (antes se decía que era demasiado chico) o que los testigos que
sobrevivieron al derrumbe de las Torres “sintieron vibraciones en el piso”, o
que los arquitectos demostraron que un avión no puede derrumbar un edificio y
otras “pruebas” de un tenor muy similar que darían fundamento irrebatible a tal
teoría conocida como ‘conspirativa’ o ‘del montaje’. Claro que la ciencia
moderna que sustentan tales ‘académicos’, es decir ese saber ignorante del cual
hablaba tan lúcidamente René Guénon, y de la que con igual
fanatismo y fervor participan marxistas y liberales, es decir todo lo que es
izquierda, prescinde para sus explicaciones de la realidad de las causas
finales y solamente se preocupa por las eficientes. Por ejemplo a Gelman, del mismo modo que a los ‘académicos’ yanquis, le interesan
más la intensidad de las vibraciones que tuvieron las Torres antes de caer o el
tamaño del agujero que dejó la cosa que se estrelló contra el Pentágono antes que
explicarse respecto de las razones que se podrían haber tenido para justificar
meterse en dos guerras anticipadamente perdidas. Y aunque el haber entrado
voluntariamente en las mismas representa un verdadero absurdo incapaz de
justificar nunca un proceder semejante, igualmente ello contrastaría con el
rigor irrebatible de los ‘hechos’ los cuales según ellos hablarían por sí solos.
Por ejemplo la circunstancia de que Al Qaeda le esté ganando la guerra a los
norteamericanos no sería suficiente argumento en contra de las “28 pruebas” demostrativas
de su carácter de agente de la CIA. O si
de lo que se trata es de referirnos a hechos ¿Por qué si se tomaron tantos trabajos como
para armar un complot tan sofisticado y complejo (aunque no tanto como para no dejar
tantas rendijas para uso de los ‘especialistas’) no realizaron la tarea más
sencilla en el Irak ocupado de fabricar unas armas de destrucción masiva? Y en
cambio prefirieron que a Bush se lo acusara de falsificador e inescrupuloso por
haber inventado una excusa inexistente para hacer una guerra.
Y ya que nos tendríamos que atener
a pruebas. ¿Por qué no sería esta última una prueba demostrativa de que a Bush
le debe convenir sobremanera que se piense tal cosa de él, y por lo tanto que
haya personas como Gelman y los ‘académicos’ que lo
denuncien como cínico y malicioso antes de que las personas tomen conciencia de
que su país y sus fuerzas armadas son
ineficientes e incapaces de ganar una guerra contra una simple organización y
contando con 40 aliados? Ésta sería una nueva demostración de que a la ciencia
moderna le interesan solamente ciertas pruebas, las que corroboran sus hipótesis y descarta en cambio aquellas que no
le convienen. O también no acepta que una misma prueba puede tener
interpretaciones diferentes. Nos preguntamos al respecto ¿por qué si han sido
tan poderosos y eficientes como para armar un complot semejante fueron en
cambio tan ineficaces como para dejar tantas pistas como para que los
‘académicos’ las descubrieran con tanta facilidad? ¿No sería ésta también una
prueba inversa de que eso era justamente lo que querían? Que se dijera que si algo muy grave les
había pasado solamente se lo pudieron producir ellos mismos. O también, que no
existe en el planeta nadie que les pueda producir daño.
Gelman y los académicos no se arredran en sus ‘pruebas’: nos indican que está
demostrado que el FBI fue alertado del atentado que iba a suceder pero que no
hizo nada. Su interpretación de la prueba que ellos hacen siempre de acuerdo a su
hipótesis conspirativa es que no hizo nada porque quería que aconteciera el hecho,
en cambio excluye la posibilidad más probable. Que son ineficientes y
burocráticos, o que simplemente cometen errores, y que por tal razón es que se
le pudieron hacer los atentados. Es la misma ineptitud que les está haciendo
perder en estos momentos tres guerras, en Irak, en Afganistán y en Somalia.
Dentro de poco diremos también Pakistán.
Bien dijimos que Gelman es chavista. Del mismo modo que Chávez ayuda a su
‘enemigo’ norteamericano aunque de palabra lo condene. Este último lo hace
vendiéndole petróleo, lo que le permite tener combustible para las guerras
democráticas que realiza por el mundo. El primero en cambio lo hace ‘académicamente’,
es decir silenciando su derrota, quitándole entidad a quien efectivamente lo
combate, cubriéndolo con un manto de omnipotencia. Marxismo y capitalismo son
gemelos, tienen ambos un mismo enemigo: el fundamentalismo.
(1) Juan Gelman, Entonces, ¿cómo fue?,
Página 12, 2/10/08
Marcos Ghio
Buenos
Aires, 2/10/08
VOLVER A PÁGINA
PRINCIPAL