Tiempo atrás se
escribió una obra muy voluminosa en la que se trataba de demostrar que
Napoleón Bonaparte había efectuado todas sus campañas militares para
impresionar a su mujer Josefina. Tras una muy minuciosa investigación efectuada
a lo largo de todo el siglo pasado, de la que participaron principalmente los
judíos, se ha logrado demostrar también que la obra Los Protocolos de los Ancianos
Sabios de Sión era un plagio de un panfleto escrito por un francés de
apellido Joly publicado al menos cincuenta años antes de que dicho texto se
editara por primera vez.
Sin embargo,
aun aceptándose que todo ello sea cierto, los hechos que no pueden rebatirse
son los siguientes. Que Napoleón, gracias o a pesar de sus inconvenientes
sexuales, fundó un gran imperio y de tal forma expandió por el mundo entero los
principios de la Revolución Francesa y que Los Protocolos, con
independencia de que hayan sido un plagio, se han venido cumpliendo de manera
asombrosamente cierta en todos estos años. Éstas, que son circunstancias
históricas irrebatibles, por supuesto que no niegan ni rechazan los resultados
que pueda recabar la ciencia psicológica cuando quiera demostrar los alcances a
que puede llevar un trauma o una patología. Pero, como aquí nos encontramos
ante una esfera humana en donde rige el principio de la libertad y no el de la
necesidad, resulta irrebatible también constatar que no todo enfermo se convierte
en un emperador, ni tampoco que todo plagio literario traiga aparejado
necesariamente un plan de operaciones exitoso.
Todo esto que
decimos viene a colación respecto de una polémica de antigua data que un
miembro de este Centro de Estudios viene sobrellevando con un muy empeñoso
ingeniero de nombre Petrosino, radicado en la ciudad de Luján, el cual desde
hace cerca de 12 años sostiene, mediante la exhibición de pruebas que así lo
acreditarían, que el atentado de la AMIA fue hecho por los mismos judíos, demostrando
con ello un tesón muy parecido al que éstos tuvieron en su momento cuando
finalmente lograron demostrar que los Protocolos fueron redactados y
copiados por miembros de la policía secreta del zar. A su vez él además nos
viene manifestando desde hace cinco años, y basándose esta vez en otras
“investigaciones”, que los atentados de las Torres Gemelas, del Pentágono, de
Atocha, de Londres y muchos más también habrían sido inducidos por los mismos
norteamericanos y judíos. Digamos al respecto que a Petrosino como ingeniero,
esto es como hombre perteneciente al campo de las ciencias fácticas, más que
interesarle conocer las causas finales por las que se producen los hechos, le
preocupan principalmente las causas eficientes: ¿Quién fue, cómo se hizo? Esto
es lo que a él le interesa fundamentalmente, no tanto el por qué, las razones
por las que el hecho se produjo y a quién es que en última instancia favorece
lo acontecido. Por supuesto que él siempre acudirá a algún tipo de explicación,
por ejemplo nos dará la notoria respuesta de que todo ha sido realizado
para sembrar el terror entre las naciones y producir un justificativo a fin de
generar determinadas invasiones (Irak, Afganistán, principalmente). Pero cuando
se le hace notar que si ello podría por ejemplo pensarse respecto de las Torres
(aunque también aquí habría objeciones por hacer), de ninguna manera se lo
puede hacer respecto de Atocha, pues el resultado a recabar sería justamente el
contrario en tanto que con tal atentado se obtuvo la salida de un país de una
guerra y no su entrada como podría haber sido el verdadero justificativo si se
hubiese aceptado su hipótesis, todo esto no resulta sin embargo para él
suficiente para modificársela. Nada de tal tenor es lo que lo preocupa a
Petrosino y a personas parecidas a él (que las hay y numerosas), sino
simplemente las “pruebas” y si de éstas no se recaba un fin que sea coherente
con las mismas, él de ninguna manera suspende su juicio, sino que simplemente
manifiesta que quizás se le escapen las razones de lo acontecido, pero que ello
ha igualmente sucedido como él dice. Es decir que si extrapoláramos la lógica
de Petrosino al campo opuesto de los judíos, al tema relativo a los Protocolos,
para él lo principal serían siempre las “pruebas” que han demostrado que son un
plagio y no que se vienen cumpliendo puntualmente, de la misma manera que
también lo sería el hecho de que Napoleón era un macho frustrado y no un
conquistador de Imperios.
La analogía
establecida es perfectamente aplicable a su tema predilecto. Supongamos que él
tiene razón y que fueron los norteamericanos los que se hicieron estallar las
Torres y el Pentágono, que Bin Laden sea un agente de la CIA o una invención de
ellos. ¿El resultado de todo esto ha sido acorde en cuanto a sus fines con la
acción efectuada? Todo lo contrario. Si bien ha habido países que fueron
invadidos y ocupados, inmediatamente a ello le ha sobrevenido una guerra
interminable y poco exitosa que en manera alguna justificó la acción realizada.
Es decir, el resultado obtenido (la causa final) contradijo al que
supuestamente lo realizó (la causa eficiente).
Del mismo modo,
si es cierto que fueron los judíos los que se hicieron estallar voluntariamente
la Embajada y la AMIA. ¿El resultado obtenido ha sido favorable a sus
intereses? De ninguna manera tampoco lo es en este caso. Si la razón del
atentado fue fortalecer la causa israelí en la sociedad argentina, justamente
la reciente negativa de este país a participar de una acción “pacificadora” en
el Líbano alegando el gran trauma producido por los atentados ratifica lo
contrario y que, más que haberlos beneficiado a ellos, lo ha hecho en cambio
con los árabes pues les han sacado del medio a un Estado enemigo y beligerante.
Por lo cual, en tanto las “pruebas” que se han presentado son, como todas las
pertenecientes al campo fáctico, dudosas y no concluyentes, desde el punto de
vista de los resultados sería mucho más posible pensar, a la inversa de
Petrosino y semejantes, que ha sido el fundamentalismo islámico el que ha hecho
todos los atentados. Pero si a pesar de ello se quisiera insistir en la
veracidad de las hipótesis de tales “investigadores”, le correspondería
entonces a aquel agradecer a los norteamericanos y judíos por haberles
trabajado gratuitamente a su favor.