MORALES Y KIRCHNER: DE SANTA CRUZ DE LA SIERRA A SANTA CRUZ DE LA
PATAGONIA
En el reciente acto de asunción a la
presidencia de Bolivia el líder indigenista y marxista Evo Morales ha
manifestado haber aprendido mucho del ejemplo dado por el presidente Kirchner.
Ello posiblemente sea por ciertas semejanzas de situación que existen entre los
dos países en los cuales ambos gobernantes han tenido un especial protagonismo.
En efecto, Morales acaba de manifestar que el objetivo principal de su gobierno
es el de obtener que los recursos naturales de su país pertenezcan a la nación
boliviana y sean por lo tanto administrados por su Estado y, en concordancia
con ello, se ha declarado en contra de los objetivos formulados por los movimientos
autonomistas o “federalistas” originados en la muy rica y gasífera provincia
Santa Cruz de la Sierra la cual sostiene que, como tales recursos se encuentran
en su subsuelo, deben ser propiedad de la misma y no del conjunto de la nación
boliviana. Con mucha seguridad el ejemplo que le ha dado Kirchner a Morales
consista en la corroboración del hecho de que él también pertenece a una
provincia denominada Santa Cruz, pero de la Argentina, y que cuando era su
gobernador, en sintonía con las restantes provincias patagónicas como Neuquén,
Río Negro y Chubut, del mismo modo que su par boliviana, promovió un movimiento
por la provincialización de un subsuelo también muy rico en gas y en petróleo,
movimiento que, en función de tal objetivo, amenazó durante muchos años con
constituir una federación y parlamento como camino previo a la segregación de
la Argentina en caso de no aceptarse sus reclamos. Fue en consonancia con tal
siniestro plan que el ex gobernador Massacessi de la provincia de Río Negro,
luego de un viaje efectuado por Kuwait manifestó textualmente que, si las
riquezas de la Patagonia fuesen usufructuadas en exclusividad por sus
escasísimos habitantes, se alcanzaría una situación de bonanza parecida a la de
tal emirato árabe. Dicho planteo abiertamente antiargentino, que no fue nunca
denunciado por nadie, salvo por la publicación El Fortín en la que
colaboramos desde su misma fundación, estuvo acompañado por una incesante
plañidera efectuada por los diferentes gobiernos patagónicos que reclamaron
durante años en contra del “centralismo porteño”, eufemismo utilizado para
referirse al conjunto de la nación argentina y al grueso de su pueblo, que los
“expoliaba” de sus recursos, los cuales según ellos no eran argentinos, sino
patagónicos. Esta incesante presión, acompañada del oportunismo de los
gobiernos nacionales de turno que en ningún momento le pusieron coto, se
resolvió abruptamente con el pacto que establecieran los dos siniestros
partidos que han “gobernado” a la Argentina en los últimos 22 años. Los mismos,
en aras del logro de objetivos menores y mezquinos tales como la reelección de
Menem o el logro de un tercer senador por provincia, modificaron la
Constitución nacional estableciendo lo que la de 1853 no decía, entre otras
cosas porque en dicha época no existían los hidrocarburos. Es decir que se
estableció taxativamente que dichos recursos no eran más propiedad directa de
la nación argentina, sino de las provincias que los poseían en su subsuelo. De
este modo, gracias a tal increíble reforma, Santa Cruz de la Patagonia con
apenas 180.000 habitantes se convertía en dueña del 35% de nuestro petróleo,
que Neuquén con 365.000 habitantes del 80% de nuestro gas, y así sucesivamente.
Es decir que lo que Santa Cruz de Bolivia promueve ahora en disonancia con los
objetivos de Morales, Kirchner lo obtenía pacíficamente en 1994 gracias a una
incisiva campaña y presión acompañada del aporte de una convención
constituyente servil y cipaya, cuyos integrantes en algún momento deberán ser
enjuiciados por traición a la patria. Sea el gobernante Morales como otros
presidentes de la Argentina hasta la reforma constitucional de 1994
consideraron siempre, de acuerdo al sentido común, que el petróleo y el gas, en
tanto bienes sumamente rentables y estratégicamente indispensables para
cualquier nación debían ser de la comunidad en su conjunto y
administrados por su Estado y no de un sector de la misma, aunque se
tratase de una provincia, la cual representa siempre un grupo de particulares.
Fue el presidente Frondizi quien manifestara en consonancia con tal
razonamiento que la riqueza petrolífera argentina administrada por su Estado
estaba en condiciones de financiar la salud y la educación, cosa que no
sucedería en cambio si el petróleo dejaba de ser argentino, como ahora.
Acotemos que, luego de tal reforma, gracias a que la Argentina se quedó sin su
petróleo, por arte de magia desaparecieron los reclamos en contra del
“centralismo porteño” así como el consecuente peligro de secesión insinuado por
sectores de la Patagonia. Simultáneamente con la privatización de su principal
empresa petrolera, justificada entre otras cosas en el hecho de no ser más los
dueños de petróleo alguno, las provincias patagónicas iniciaron un verdadero
remate de tales riquezas con contratos contraídos con empresas extranjeras a
precios viles y a varios años de duración, hecho insólito en un mundo en el que
tal recurso, debido a su carácter volátil, modifica sus precios en forma
cotidiana. Las razones de ello se encuentran en el hecho de que los gobernantes
patagónicos pudieron disponer así en forma rápida de grandes sumas de dinero
para financiar sus emprendimientos. Entre ellos principalmente el de financiar
sus costosas campañas electorales, tales los casos sea del actual presidente
Kirchner como del neuquino Sobish, lanzado de lleno a una candidatura
presidencial. Las cosas han sucedido así en modo tal que a partir de 1994 el
peligro de la segregación de la Patagonia pasó a ser sustituido por uno mucho
más grave consistente en la patagonización de la Argentina.
En la actualidad se habla de los casi
mil millones de dólares que Kirchner ha sacado del país hacia un lugar
desconocido, con la excusa de que “son de Santa Cruz”, fondos éstos
correspondientes a la época en que la nación le liquidaba aun a las provincias
las regalías petroleras, es decir hasta el año 1994. ¿Pero cuánto es lo que
desde esa fecha en que las provincias han pasado a ser propietarias del
subsuelo han girado hacia el exterior y cuánto es el dinero que han cobrado de
las empresas extranjeras? Esto por supuesto nadie lo sabe. Pues ¿por qué hemos
de preocuparnos los argentinos por dineros que son de Santa Cruz, de Neuquén o
de Río Negro?
Dijimos que Morales, a
diferencia de Kirchner, es además de marxista, indigenista. Es por lo tanto un
político ambiguo. Es de esperar que su mitad indigenista prime sobre la otra
marxista y que cumpla así con el juramento aymará efectuado en Tihuanaku: “No
robarás, no mentirás”.
Buenos Aires, 24-1-06