REPORTE DE LA AGENCIA KALI-YUGA marzo de 2009
LA GUERRA DEL NUEVO
MILENIO Y LA CRISIS GLOBAL
La CIA, es decir la central de inteligencia
norteamericana que modela las informaciones de la propia opinión pública y por extensión
de la del resto del planeta, quiere hacernos creer lo siguiente respecto de la
actual crisis global que sacude al mundo.
1)
De
acuerdo a la religión liberal hoy vigente la naturaleza humana egoísta de la
que todos estaríamos compuestos no debe ser modificada sino dejada librada a sí
misma ya que, en razón de una milagrosa armonía preestablecida y de una muy
sutil dialéctica que regiría nuestra historia, el desaforado deseo por
enriquecerse de cada uno trae siempre como resultado el bienestar colectivo.
Así pues, el empresario que se enriquece en forma enfermiza, el político que
roba pero hace, indirectamente y sin siquiera proponérselo, producen bienestar
en tanto crean riquezas. Que cuando menos los Estados nacionales intervengan
para regular mayor será la abundancia y más serán las panzas que se llenarán
irreversiblemente con tal despliegue espontáneo e ilimitado de naturaleza
impoluta.
2)
Que
lamentablemente, en razón de que a veces hay crisis, es decir fenómenos parecidos
a los cataclismos y terremotos que sacuden a la naturaleza física, pero siempre
pasajeros, este estado de bonanza universal al que se tiende en tanto se deje
librada la iniciativa privada con la menor cantidad de controles y de Estado, a
veces puede detenerse y hasta retroceder por un tiempo. Pero, en tanto todo se
basa en una fe, no debemos creer que exista alguna de tales circunstancias que
signifique o preanuncie el colapso del sistema capitalista, es decir del que
representaría la plasmación de la libertad más plena del hombre. Cuando éste a
veces pareciera estar a punto de agotarse y fenecer es que es en realidad tan
sólo estaría en un proceso de regeneración y reinvento de sí mismo para
perfeccionarse mejor y volver a brotar con mayores energías creativas y
benéficas.
3)
Que
esta lamentable crisis global por la que cada día que pasa una economía cae, un
gran consorcio internacional entra en colapso, un superbanco
es nacionalizado, habría sido generada por un efecto dominó a raíz de un
desfasaje en las hipotecas inmobiliarias en los EEUU y, en tanto todo está
interconectado como en las fichas del juego aludido, los efectos financieros se
sienten en todos partes, desde Letonia hasta Sudáfrica o Islandia, no quedando
ajeno al mismo ni siquiera la república Argentina. De cualquier forma no habría
que preocuparse demasiado ya que lo que mueve la economía en el mundo es la
confianza en el sistema. Esta crisis no es para nada terminal, sino apenas un
momento pasajero del que con seguridad habrá de salirse. No sería para nada la
peor de la historia, sería pues menos grave que la de 1929.
Ante este derrame de optimismo con
que la inteligencia norteamericana intenta hacernos creer que todo se encuentra
en la normalidad, refutemos sus principales dogmas.
1)
No
es verdad que el sistema basado en los egoísmos humanos irreversibles haya
mejorado la condición del hombre tal como quiere hacernos creer. El capitalismo
para existir sin menoscabar la sed ilimitada de riquezas materiales ha debido
acrecentar hasta extremos inauditos la producción y correlativamente a ello
incrementar, mediante técnicas especiales de reblandecimiento colectivo, las
necesidades de consumos superfluos a fin de que la economía produzca siempre
más con la consecuente destrucción ecológica del medio ambiente y con la más grave
destrucción espiritual del hombre al que se ha convertido en un animal sometido
pasivamente a modas y necesidades ficticias ajenas totalmente a su dimensión
superior. Agregando también a ello el hecho de que, en tanto sería imposible
que todas las personas del planeta pudiesen acceder al nivel de consumo de los
países del Primer Mundo, se han generado correlativamente también situaciones
de gravísimas injusticias sociales con incesantes hambrunas y similares
padecimientos como no se conocieron nunca en los países que son
subdesarrollados.
2)
Que
es falso -y en esto consiste el principal montaje de la CIA- señalar que la
actual crisis global ha sido generada simplemente por el efecto dominó
producido por lo acontecido en el mercado inmobiliario de las ciudades de
Chicago y Detroit, tal como se nos quiere hacer creer. La Gran Guerra Mundial desencadenada el 11 de septiembre de 2001 ha
sido la causa principal de tal colapso. Esta guerra que ya lleva casi ocho
años ha superado en extensión a las anteriores del pasado siglo que abarcaran
los períodos de 1914-1918 y 1939-1945, es decir menos de seis años. Si bien las
diferencias entre ambas son notorias, pues mientras que estas últimas se
trataron de guerras de naciones y la de este nuevo milenio tiene la peculiaridad
de ser un conflicto entre concepciones del mundo, lo cual sin embargo debe
reconocerse que afloró especialmente en la Segunda en los últimos dos años
cuando pasó a convertirse abiertamente en una guerra ideológica entre
Democracias y Fascismos, hay ciertas peculiaridades que deben señalarse.
a) Como las anteriores la actual
guerra mundial se desarrolla en un conjunto de naciones. Pero mientras que las
primeras tuvieron su epicentro en Europa, la nueva contienda lo tiene en Asia y
África, aunque ciertos efectos colaterales también se han producido en los
continentes Europeo y Americano. Esta nueva guerra ha
comenzado en octubre de 2001 en Afganistán, pero se ha expandido luego hacia
Irak, Somalia, Palestina, Líbano, Magreb, el Cáucaso ruso y en estos días se
agudizará en Pakistán, país al cual Obama ha dicho
que piensa ‘ayudar’ en tanto que, a diferencia de los otros, ya tiene la bomba atómica y posee un
gobierno sumamente inestable que no solamente no puede hacer frente a la
rebelión talibán en el noroeste, sino tampoco a la propia oposición democrática
interna.
b) Debido a la larga duración del
conflicto y al hecho de que se está produciendo a distancia y a que en el mismo
están comprometidas más de 40 naciones, es decir más del doble de lo que
estuvieran en las anteriores contiendas, el dinero invertido en la misma acaba
de superar en estos días al que se empleara durante toda la Segunda Guerra
Mundial, la más costosa de todas. No se precisa ser un economista muy experto
para saber que el empleo sin retorno de más de dos billones de dólares tiene
que haber sido forzosamente mucho más letal para la economía mundial que la
simple crisis hipotecaria de los EEUU.
De hecho en la
Argentina somos testigos claros de los efectos que la guerra mundial tiene
sobre la economía de aquellos países que han vinculado su sistema al de las
finanzas internacionales. Debido a que nuestro moneda en el 2001 dependía del
ingreso compulsivo de dólares para cumplir con los compromisos más elementales,
como el pago de sueldos y servicios públicos, cuando en octubre de ese año la
partida que iba a destinarse como préstamo para que la Argentina pudiese
cumplir con sus compromisos lo fuera en cambio para el imprevisible
financiamiento de la invasión a Afganistán, ello trajo como resultado inmediato
el colapso de nuestra economía con el conocido fenómeno del corralito.
c) Pero el nuevo milenio ha traído,
tal como anticipáramos, un cambio esencial en las guerras. Esta nueva
contienda, a diferencia de las anteriores ya
no es más una guerra de naciones, sino abiertamente una guerra de
civilizaciones. Si en la Primera y en la Segunda Guerra mundial ambos
términos pudieron confundirse, ahora ya no es posible más hacerlo, a pesar de
todos los esfuerzos en contrario implementados por la CIA. La diferencia entre
ambas contiendas es sumamente notoria, mientras que la guerra de naciones es la
contienda moderna por el petróleo, por la adquisición de riquezas económicas
mayores, por territorios a explotar, es decir la guerra burguesa, siendo esta
clase aquella para la cual la economía es el destino de todo, la guerra de
civilizaciones * es en cambio una lucha entre concepciones del mundo
contrapuestas en la cual tan sólo un bando sostiene el ideal burgués y
economicista.
Si en la
primera y en la segunda guerra la contienda fue entre la Democracia,
representada por naciones como Francia, Inglaterra, los EEUU -y en la segunda
también por Rusia- y sus adversarios fueron en el primer caso los Imperios de
carácter tradicional y en la Segunda en cambio lo fueron los Fascismos, ahora
el dilema resulta más claro. No son
naciones las que combaten entre sí, sino abiertamente concepciones del mundo.
La Democracia hoy tiene como enemigo al Fundamentalismo islámico el que con el
tiempo en tanto sea capaz de hacerle frente como lo ha hecho hasta ahora puede
llegar a asumir manifestaciones de otros contextos culturales como el del
cristianismo o del budismo. Y el nuevo enemigo de la Democracia no está
representado específicamente por una nación como en las guerras anteriores sino
por organizaciones transnacionales que ocasionalmente pueden ocupar un cierto
territorio, como los casos de Hamas en Gaza y Hezbollah en Líbano, aunque el eje principal está
representado por Al Qaeda y el movimiento talibán que son abiertamente transnacionales
y se encuentran operando en diferentes zonas. La diferencia entre ambas
concepciones, tal como lo hemos manifestado en otras oportunidades es que
mientras que la civilización moderna democrática sostiene los principios
burgueses implementados por la Revolución Francesa en donde la economía es el
destino del hombre y los intereses son por lo tanto lo principal que la
moviliza, para el fundamentalismo es la otra vida, de carácter espiritual, lo
principal, de allí la guerra santa y la universalización de la experiencia
kamikaze que es el hecho original de esta nueva contienda. Del mismo modo que
en la Primera, el fundamentalismo sostiene como ideal contrapuesto a la
Democracia el Imperio, bajo la forma del Califato islámico.
3)
Conclusión: a diferencia exacta de lo que
sostiene la CIA, la crisis global no se resolverá espontáneamente como los
terremotos o maremotos que suelen sacudir al planeta periódicamente. Será
necesario para ello una victoria militar de grandes dimensiones que detenga en
primer lugar la sangría económica representada por la larga guerra y al mismo
tiempo restituya la confianza en la capacidad del sistema en poder mantener el
orden en el planeta. Si ello no sucediese, tal como acontece hasta ahora, nos
encontraríamos en el primer caso de toda la historia en que el Imperio más
poderoso del planeta, al menos según lo que nos ilustran las películas de
Hollywood, habría sucumbido frente a una simple organización transnacional. A
diferencia de lo acontecido en las guerras del pasado siglo en esta nueva
guerra de civilizaciones, luego de ocho años de incesantes combates, la
victoria está cada día más lejos.
·
Queremos señalar que utilizamos el término guerra de
civilizaciones en un sentido totalmente diferente del que le asignara el
politólogo yanqui Samuel Huntington. Para éste civilizaciones serían sinónimo
de espacios geográficos o culturales totalmente ajenos a la concepción del
mundo y de las ideas que se sostengan, movilizados todos ellos por una misma
finalidad de dominio material. De este modo las civilizaciones para Huntington
serían un conjunto de naciones de estilo moderno que lucharían entre sí, en
este caso las pertenecientes al contexto islámico en contra del Occidente
cristiano. La realidad es muy distinta de sus divagaciones. El Islam que hoy
combate al ‘occidente’ no es el que gobierna en las principales naciones que
componen tal contexto cultural, ya que el mismo, como ha acontecido con las
restantes culturas adhiere a los valores del ‘occidente’. Por otro lado lo que
hoy se entiende por tal cosa no tiene nada que ver con lo que fuera
verdaderamente tal civilización en la Antigüedad y la Edad Media, sino que
representa una verdadera anomalía y distorsión, al hallar el primero muchas más
analogías con el fundamentalismo islámico que con el régimen de Bush o Obama, de la misma manera que estos últimos están mucho más
cerca de los regímenes que hoy imperan en la ‘islámica’ Arabia Saudita, Egipto
o Pakistán.
Walter Preziosi
Buenos Aires, 18/03/09