LA MASACRE EN LA MEZQUITA ROJA ECHA MÁS LEÑA AL FUEGO EN LA
"GUERRA DE CIVILIZACIONES"
Los acontecimientos sucedidos en las
últimas horas por los cuales el régimen pakistaní de Musharraf, cediendo a
presiones de Bush, de los restantes gobiernos "occidentales" y de su
oposición interna "liberal", ha decidido tomar por asalto la Mezquita
Roja con una secuela de víctimas fatales que alcanzan, según cálculos
extraoficiales, a más de 400 muertos, representa un hecho de significativa
importancia en el actual conflicto por el que atraviesa el mundo y que algunos
han dado en llamar "guerra de civilizaciones", aunque no siempre con
el mismo significado (1). A fin de esclarecer lo acontecido hagamos un breve
resumen
1) La mezquita de Islamabad
La Mezquita de Lal Masjid, también
conocida como "Mezquita Roja", ha sido un centro islámico ubicado en
pleno centro de la ciudad de Islamabad, a muy pocas cuadras de la residencia
del presidente pakistaní Pervez Musharraf. Dicho centro había tenido un gran
éxito entre la población habiendo su madrassa (escuela de formación religiosa)
llegado a contar con un plantel de varios millares de alumnos. Pero lo más
importante se hallaba en su orientación, decididamente fundamentalista y ligada
por lo tanto al pensamiento talibán y de Al Qaeda, por la cual se quería
suplantar en manera activa la moda y cultura "occidental" impuesta
desde décadas de ocupación en tal país por la estricta Sharia o ley
islámica fundada en el Corán. Tal planteo de verdadera revolución cultural y
religiosa era llevado a la práctica en forma cotidiana por los estudiantes de
tal madrassa quienes, de manera multitudinaria, tomaban por asalto distintas
figuras emblemáticas de tal "cultura" pervertidora, como los canales
televisivos propaladores también allí de destapes y "bailes del
caño", los centros difusores de drogas y de músicas atontadoras y
principalmente los prostíbulos abundantes en tal país, muchos de los cuales
funcionaban de manera encubierta. El procedimiento consistía en destruir esos
lugares, arrestar sea a clientes como a prostitutas, así como a otros
envenenadores de las conciencias de los habitantes del país y llevarlos a la
madrassa para someterlos a un plan de reeducación por el cual se les exigía una
autocrítica pública y la promesa de no volver a incurrir más en tales conductas
lesivas del orden social. Este movimiento contaba por supuesto con simpatías en
gran parte de la opinión pública que en muchos casos se hacía eco de la prédica
de los líderes religiosos de la Mezquita, los hermanos Ghazi, quienes sostenían
que el Occidente colonizaba a los pueblos a través de una serie de venenos
culturales como el consumismo, el sexismo y el libertinaje a fin de obtener así
una comunidad dócil, sin principios superiores y por lo tanto fácilmente
dominable. Esta situación se venía perpetuando desde hacía varios años y no
había podido ser detenida ni siquiera con la invasión norteamericana en el
vecino país de Afganistán, sino todo lo contrario, como una manera de
reaccionar ante el avance del "occidente" degradado, el grupo
islamista consideraba que era indispensable profundizar más aun la revolución.
Pero el hecho estalló cuando un grupo
de mujeres estudiantes endosando sus burkhas y armadas de bastones, en una de
sus habituales purgas culturales, tomaron por asalto un local que
pretendidamente aplicaba "acupuntura china" y se llevaron prisioneras
a 7 prostitutas de tal nacionalidad a fin de someterlas a un plan de
reeducación en la madrassa. Este conflicto, además de generar un inconveniente
internacional para el gobierno de Musharraf quien era cuestionado por no
proteger los "derechos humanos" de los ciudadanos extranjeros, así
como de otros grupos feministas que velaban por el derecho de la mujer a poder
"usar libremente el propio cuerpo", fue utilizado por el presidente
Bush y el nuevo gobierno inglés del primer ministro Brown a fin de instarlo a
tomar medidas en contra del fundamentalismo islámico que lo tenía a Pakistán
como su principal semillero. Se agregaba también que allí se encontraban las
bases principales de Al Qaeda y del Movimiento Talibán por lo que, si quería
realmente colaborar en la lucha en contra del "terrorismo
internacional", debía tomar cartas inmediatas en el asunto.
Musharraf, conciente del problema que
se le podía presentar, en tanto que el fundamentalismo islámico gozaba y goza
aun de grandes simpatías en diferentes regiones de su país, especialmente en
las zonas tribales de Waziristán en las cuales prácticamente ejerce el gobierno
y en donde se dice que se encuentra la plana mayor de Al Qaeda, decidió ceder a
las presiones norteamericanas. Fue así como intimó a los ocupantes de la
mezquita a desocuparla y entregar a las prostitutas chinas detenidas bajo
amenaza de tomar la instalación por asalto. Lejos de aceptar su ultimatum los
islamistas resolvieron en su inmensa mayoría quedarse a resistir hasta la
muerte. Fueron significativas las manifestaciones al respecto de su líder
principal, uno de los dos hermanos Ghazi. "Una causa tan sagrada como la
nuestra no admite rendirse, sino el martirio". Por supuesto que el régimen
intentó toda una serie de medidas propagandísticas para desmerecer la causa de
los islamistas. Se dijo por ejemplo que entre éstos había niños y mujeres a
quienes tomaban de rehenes. En realidad se trataba de estudiantes de diferentes
edades y sexos. Muchos de ellos salieron antes del asalto, solicitados por sus
padres, pero manifestaron que hubieran querido permanecer con sus compañeros
para seguir su mismo destino. Aquellos que en cambio, con el consentimiento
expreso de sus progenitores, resolvieron quedarse a resistir tuvieron
expresiones tajantes como la siguiente: "Ni demente renunciaré a la
posibilidad de martirio que se me presenta a cambio de esta vida fugaz".
Conclusiones
A la luz de estos trágicos
acontecimientos las conclusiones que podemos sacar son las siguientes:
1) Es falso que aquí nos encontremos en
una lucha entre el Occidente y el Oriente como pretenden varias figuras de
nuestros tiempos, entre quienes podemos mencionar desde Bush hasta el mismo
Papa (2). El occidente actual no es sino una caricatura de lo que fuera
el originario, representado por Grecia, Roma y el cristianismo medieval.
Mientras que el de nuestros días, norteamericano y europeo, prioriza la
"vida", el confort vacuno y el sexo libre, el originario, lo mismo
que hoy en día el fundamentalismo islámico, lo hace en cambio con lo que es más
que vida, con la eternidad y lo sagrado; por ello, ante una existencia banal
como la que nos propone el actual, prefiere también el martirio.
2) Es indudable que el occidente actual
y materialista ha comprendido verdaderamente en dónde se encuentra su gran
enemigo, por ello ha agudizado sus medidas coercitivas en su contra. Las
diferentes invasiones a países del Oriente (como Irak y Afganistán), a pesar de
todas las excusas que nos dan sus defensores de diferente pelaje que comprenden
la historia dentro de las mismas perspectivas economicistas que lo informan
(3), han tenido por meta principal detener a este enemigo absoluto. Pero
en los últimos tiempos su dirigencia ha comprendido además que, como se trata
de una concepción del mundo antagónica, la misma no puede combatirse
exclusivamente con medios militares. De allí que ahora presenciemos una
serie de "actos culturales" por los cuales se trata de cerrar filas frente
a tal enemigo. Entre éstos podemos señalar algunos. Que la reina inglesa Isabel
II haya decidido otorgar el título de caballero a Salman Rushdie, autor de los Versos
satánicos, y condenado a muerte por una fatwa del Ayatolla Khomeini,
representa ello todo un desafío lanzado en contra de ese enemigo absoluto al
cual otra de las cabezas del occidente actual, en un famoso discurso en la
ciudad de Ratisbona había calificado en su concepción del mundo como
"violento", sugiriendo luego en un paso siguiente en su visita a
Turquía el camino del secularismo de Kemal Ataturk. (4) En todos estos casos y
otros que sería largo reseñar se trata aquí de un viraje en la estrategia ya no
meramente militar empeñada. A una concepción del mundo suprahumana hay que
contraponerle otra basada en los "derechos humanos", la no violencia,
el pacifismo, la "vida". Es decir algo similar a lo acontecido en la
segunda guerra mundial, pero esta vez en un plano más vasto y metafísico.
Dentro de este contexto de lucha cultural y no simplemente militar es que es
posible comprender el asalto a la Mezquita Roja.
(1) Para los que nos leen por vez
primera digamos que entendemos por civilización la expresión de una determinada
concepción del mundo, a diferencia del planteo de Samuel Huntington que
comprende por tal cosa una guerra entre conglomerados rivales de naciones
movilizadas por meros intereses.
(2) Nuestra alusión es aquí a la figura
del Papa en su actuación política de total coincidencia con el occidente actual
representado por EEUU y Europa, tal como lo viviéramos nosotros en Malvinas y
ahora con su apoyo implícito a las invasiones de Afganistán e Irak, así como
con su silencio ante el martirio de 400 islamistas en Islamabad los cuales
combatían por principios que no eran muy diferentes de los que siempre
sostuviera un catolicismo tradicional.
(3) El occidente actual y moderno goza
también del apoyo implícito de aquellos que, a pesar de proclamarse como
contrarios a los EEUU, en el fondo participan de su misma filosofía. Esto lo
podemos hallar sea en la izquierda como en la "derecha". En ambos
casos nos hallamos con una explicación de las invasiones norteamericanas basada
en criterios economicistas y profanos, en tanto que comparten la idea moderna
de que la economía y los simples intereses representan el destino obligado de
las personas. La diferencia entre marxistas y "geopolíticos" es que,
mientras que los primeros nos hablan de una lucha de clases económicas que
regiría el proceso histórico, los segundos se refieren a un conflicto similar
entre naciones o civilizaciones las que se enfrentarían entre sí por
"intereses" y no por principios, siendo en ambos casos estos últimos
conceptuados como "ideologías", es decir como meros instrumentos
utilizados para dominar o justificar las propias acciones. En este contexto es
como se entiende la descalificación que ambos han hecho del fundamentalismo
islámico, aceptándolo tan sólo en cuanto éste se exprese en el contexto de una
clase social o de una nación, es decir como cobertura de ciertos intereses. En
el caso de Al Qaeda, en tanto se trata de una organización transnacional, no se
han cansado de descalificarla como un instrumento del enemigo. En esto han sido
muchas veces sin quererlo perfectamente funcionales y cómplices del presidente
Bush, que opina en el fondo lo mismo que ellos en su descalificación.
(4) Las recientes declaraciones del
Papa Ratzinger relativas a la reafirmación del exclusivismo católico y de la
misa en latín no deben llamar a confusión. Lo esencial del Concilio Vaticano
II, que él a pesar de todo sigue ratificando, es la aceptación y asunción del
mundo moderno a través de sus principales ideales como la democracia, la
filosofía de los derechos humanos y de instituciones afines a los mismos como
la ONU. El hecho de que reafirme un exclusivismo al nivel de las formas
religiosas externas en un momento como el actual signado por una guerra de
concepciones del mundo, no es sino un hecho de mayor regresión pues coarta
cualquier tipo de posibilidad de diálogo que en otra esfera, no meramente
política y por lo tanto diferente de la del último Concilio, sería posible y
conveniente realizar con otras formas religiosas que se mantuvieran en una
actitud de firme ortodoxia antimoderna, como el caso del fundamentalismo
islámico.
Walter Preziosi
Buenos Aires, 12-07-07