LA LIBERTAD DE
EVOLA
La reciente alocución del Licenciado Leandro Pinkler, en ocasión de presentarse la obra de Julius Evola, La superación
del Romanticismo, nos permite hacer una serie de aseveraciones ampliatorias
al respecto.
Ha dicho con razón Pinkler
que difícilmente un autor como Evola logre, en
especial en un tiempo caduco y crepuscular como el que estamos viviendo, llegar
a ser una figura de renombre y de referencia en los centros académicos del
sistema.
Permítaseme al respecto agregar ciertas ideas
refiriéndome en forma especial a un hecho recientemente acontecido en Italia,
país del que nuestro autor es originario.
Hace pocos meses se volvió a editar allí un texto juvenil
del mismo, La Fenomenología del Individuo Absoluto. Dicha obra, de unas
trescientas páginas de extensión, es la segunda parte de un texto de mayor
envergadura, La Teoría del Individuo Absoluto, que fuera la fallida
tesis doctoral de Julius Evola
cuando estudiara filosofía, cuya carrera nunca concluyó. La misma, a pesar de
haber contado con el buen concepto de una autoridad de renombre en ese
entonces, como Benedetto Croce, nunca pudo prosperar
por haber padecido el boicot expreso del medio universitario de la época que
cuestionara en Evola ciertos intereses no
estrictamente "académicos" y "científicos", tales como la
magia y las filosofías orientales. En ese entonces primaba, a través de
Giovanni Gentile, la filosofía de Hegel para la cual,
en tanto "el sol nace en Oriente y se pone en Occidente", dicha forma
de pensamiento era algo ya "históricamente superado" y perteneciente
apenas a una fase infantil, fantasiosa y previa del saber filosófico absoluto
que en el Occidente había alcanzado su gran plenitud, habiendo sido una prueba
de ello, en tanto "lo racional es real", los grandiosos éxitos
políticos, militares y tecnológicos que el mismo había alcanzado respecto del
Oriente.
Pero como los tiempos cambian, aun hegelianamente,
en el día de hoy ha podido reeditarse dicha obra que Evola
escribiera hace más de ochenta años cuando apenas contaba con 25 de edad y lo
que ha resultado más notable es que, rompiendo un poco con el boicot de
silencio al que se lo condenara en vida, la misma haya estado prologada por un
conocido profesor universitario de Italia quien la precediera con el título
elogioso de "Evola, el filósofo de la
libertad". Era de esperarse que tal verdadera afrenta al saber
convencionalmente admitido por el régimen, que lo tiene a nuestro autor como un
pensador peligroso e inconveniente al que hay que recluir en un guetto o en un gulag a fin de que no contamine el estado
saludable de nuestro medio intelectual, no pudo ser admitida sin una
consecuente respuesta rectificatoria, la que no tardó
en llegar por parte de una de las principales guardias pretorianas del mismo
cual es el matutino milanés, Corriere
della Sera, para el cual resulta una verdadera
hipérbole querer vincular a un autor, que apoyara aberraciones tan grandes como
el fascismo y el racismo, con el concepto de libertad que ha sido una de las
grandes conquistas de los últimos tiempos. Es decir, para expresarlo en forma
simplificada, las épocas y las modas cambian, pero las actitudes son siempre
las mismas; a través de sus diferentes condenas y persecuciones el mundo
moderno sigue existiendo, sea durante la época de la filosofía
"fascista", como ahora en que impera la "antifascista".
Nosotros que no hemos leído ese prólogo sin embargo
consideramos que ha sido sumamente acertado en considerar a la libertad como el
eje central de la filosofía evoliana; lo que
trataremos de reseñar aquí en breves conceptos. En la época en que en las
universidades italianas regía el pensamiento idealista hegeliano sustentado
principalmente por el filósofo oficial del régimen fascista de ese entonces,
Giovanni Gentile, se consideraba que el yo, el
sujeto, se hallaba determinado por aquel sistema para el cual lo real,
manifestado a través de lo que triunfaba históricamente, era lo racional ante
lo cual él debía subordinarse en una actitud fatalista y pasiva que mediatizaba
así la libertad esencial del sujeto. Dicha postura determinista no solamente se
manifestaba en una aceptación obtusa del régimen político vigente, en tanto era
el que había triunfado y por lo tanto representaba la manifestación de la
razón, sino en el rechazo hacia las formas de pensamiento no occidentales en la
medida que el Occidente, a través de su ciencia y su tecnología había
demostrado ser exitoso y victorioso respecto del Oriente místico y metafísico
al que con suma rapidez y en forma fulminante las grandes potencias
occidentales habían liquidado y colonizado. Sin embargo el Occidente, de
acuerdo a Evola, solamente había obtenido un dominio
exterior y secundario; el principal de todos, la potencia interior, aquello que
era lo más propio del yo, seguía siendo algo en lo cual el Oriente aun mantenía
una primacía y no porque ello hubiera sido algo propio de tal civilización,
sino porque era aquella en la cual los principios tradicionales habían podido
sobrevivir en mayor medida socialmente. Por ello a la técnica moderna le opuso
la tradicional consistente en la magia, la que se encontraba aun
presente en ciertas concepciones orientales y al idealismo hegeliano, por el
que el sujeto se subordina a la "historia" convirtiéndose en una
simple "mediación" de la misma, le opuso el idealismo mágico
por el que el yo se asume como una potencia infinita que crea la misma
"realidad" ante la cual en cambio los hegelianos solicitaban y
exigían nuestra subordinación. El yo como potencia infinita supera todos los
límites finitos que lo circundan, aun los propios de la temporalidad y de la
historia por los cuales el hombre está condenado a existir en contra de la
propia voluntad, habiendo sido lanzado a una existencia determinada sin haber
sido nunca consultado y estando así "condenado a vivir". De acuerdo a
lo sustentado por Evola en cambio el yo siente a esta
vida como una elección efectuada antes de la propia existencia, como una prueba
y una medida que él mismo se ha impuesto en función de una meta superior cual
es la de forjarse un alma inmortal. La libertad implica por lo tanto jerarquía
y selección; el sujeto lejos se encuentra de cualquier tipo de masificación
moderna a la que conducen los diferentes determinismos por la que, así como
todos somos parte de un proceso que nos determina y elige, del mismo modo somos
iguales políticamente en tanto valemos un voto cada uno, o lo somos también
"metafísicamente" en tanto nacemos con un alma inmortal. Ser libre
es en cambio la no aceptación de ningún límite ni determinismo. Somos
nosotros los que nos hacemos inmortales, pues de lo contrario perecemos como
todo lo que cambia. Y de la misma manera, como no existe un límite entre mi
elección y mi existencia, tampoco lo hay entre lo interno y lo externo. Hacerse
inmortal significa vencerse a sí mismo, hacer primar al espíritu sobre el alma,
parir en uno mismo la dimensión superior, franquear toda barrera aun la que
contrapone lo interior con lo exterior para hacer triunfar en los dos casos lo
superior sobre lo inferior. La guerra santa interior se exterioriza en lo que
es externo a uno mismo en la medida que el yo alcanza a objetivarse. La acción
por espiritualizarse y espiritualizar el mundo se convierten
en una misma cosa. Por ello el Evola esotérico y
mágico que tanto repudiaran los medios convencionales del sistema académico
vigente, tanto de no aceptarle una tesis doctoral, también será el Evola político que redactara su famoso Imperialismo
Pagano en donde combate a la democracia en todas las esferas, pero
principalmente en la originaria de carácter espiritual, en contra del
cristianismo güelfo y convencional que, de la misma manera que el hegelianismo
solicitaba la subordinación del sujeto al Estado, en tanto razón objetivada
históricamente; en su caso específico tal subordinación era pretendida respecto
de la Iglesia en tanto institución encargada excluyentemente de la salvación de
las almas. Las incisivas y combativas páginas de la revista La Torre en
la cual convoca a la superación del fascismo por el suprafascismo le significarán un
nuevo anatema por parte del sistema, casi tan duro como el de su rechazo por la
tesis doctoral, el que le producirá su
clausura por haber elegido una vez más la libertad.
Hasta que llegamos al momento más crítico de su
existencia, cuando se produce el comienzo del final del movimiento fascista. Si
Evola hubiera actuado de acuerdo al idealismo
hegeliano para el cual el yo debe reconciliarse con la historia, entonces en
1943, cuando ya la "historia" estaba demostrando a todos que los
vientos cambiaban vertiginosamente de rumbo y el fascismo estaba dejando de ser
el movimiento exitoso para en cambio estar a punto de pasar al sector de los
vencidos, con seguridad que habría asumido la actitud de tantos fascistas,
muchos de los cuales se contaban entre los universitarios que rechazaban su
tesis por anacrónica y ahistórica. Todos ellos con la
rapidez de un galgo prontamente se cambiaron de bando actuando así en
concordancia con la filosofía que tanto declamaban, subordinando, como
verdaderas banderolas, sus acciones de acuerdo al rumbo que estaban siguiendo
los acontecimientos. Así fue como una gran cantidad de fascistas terminaron
haciéndose democráticos en apenas un abrir y cerrar de ojos (sin embargo es
bueno destacar que Giovanni Gentile, traicionando al
menos por una vez su hegelianismo, no lo hizo), Evola
en cambio que podía haber sumado a su favor el hecho de haber sido clausurado
por el régimen y esto le podría haber sumado algún mérito o "curriculum", sin embargo resolvió en el momento en que
el fascismo estaba a punto de caer apoyarlo en forma decidida. Esto significaba
justamente ser libres, es decir, actuar de acuerdo a los principios y no por lo
que la historia o la conveniencia del momento, o los intereses minúsculos de
las partes, lo determinaran. Se trataba de hacer lo que debía ser hecho, con
independencia de éxitos y fracasos: la acción por la misma acción y no en
función del resultado, esto es lo que el moderno desconoce y que nunca podrá
entender acostumbrado como está a ver exclusivamente datos sensibles y no
principios inteligibles.
Ser libres y autosuficientes y por lo tanto no
esclavos felices como la mayoría de nuestros contemporáneos sedientos como
están de fama, de aplausos y de confirmaciones para poder edificar y sostener
su débil y enclenque yo, he aquí donde está el eje del problema. Es de esperar
por lo tanto que, mientras que nuestros tiempos continúen siendo de esta
manera, logremos evitar que Evola decore el panteón
de los buenos y científicamente "serios" personajes del sistema
decadente y que Pinkler siga teniendo razón.
Marcos Ghio