LA CLAVA II
EL PERIODISMO CARAPINTADA
Herederos
de la mentalidad derrotista del 14 de junio de 1982, la que luego repitieron en
sucesivas rendiciones al régimen imperante, algunos exponentes del movimiento
carapintada, que fuera creado por los tristemente célebres y sucesivamente
rendidos Rico y Seineldin, hoy
excluidos definitivamente de las lides militares, se han dedicado a profesiones
menos riesgosas como la política y el periodismo con algunos resultados que no
han sido más exitosos que los de sus rebeliones militares.
El ex teniente coronel carapintada
Santiago Alonso, en el periódico Patria Argentina que actualmente
dirige, tiempo atrás realizó una interpretación muy curiosa de los hechos
acontecidos el 11-9. Según él, además de otras circunstancias que le habían
llamado la atención, le resultaba sumamente sospechoso del mismo que los
“suicidas” que lo ejecutaron pertenecieran a un nivel social elevado, en
contacto permanente con los logros tecnológicos y consumistas de la sociedad
norteamericana, lo que según él hacía poco probable que hubiesen decidido
realizar una acción semejante al estar viviendo en un mundo que satisfacía la
totalidad de sus necesidades de consumo. Recuerdo que en tal circunstancia
nosotros le replicamos al aludido ex militar que estaba efectuando una
interpretación economicista de los hechos. La cual por otra parte continúa
sosteniendo pues en números recientes nos acaba de decir que ratifica todo lo
que manifestó en esa oportunidad corrigiendo tan sólo el título de esa nota: “Los
dejaron hacer” por el más categórico de “Lo hicieron ellos”, es
decir los norteamericanos, sin aclararnos por lo demás como éstos consiguieron
que hubiese personas que resolvieran “suicidarse” por su causa o si en cambio
nadie se "suicidó" y todo fue manejado por computadoras tal como
sostienen algunos aun más delirantes admiradores ocultos de esta era
cibernética y de videojuegos
Le hicimos notar en ese entonces al
aludido ex militar convertido ahora en periodista que su interpretación de los
acontecimientos era de corte determinista y moderna, no muy diferente de la que
podrían haber hecho Carlos Marx y Lenin para los cuales el ser humano era
producido por su medio y en el mismo era la circunstancia económica, representada
por la mayor o menor posesión de bienes, el factor determinante principal de
las acciones. Pero que hasta nos parecía todavía más extrema que la de aquellos
pues éstos, a pesar de su adhesión a tal fatalismo, hacían aun un distingo
entre la pertenencia a una determinada clase y la conciencia respecto de la
misma, por lo cual les resultaba factible considerar que en vía excepcional un
burgués por una situación de convicciones pudiese en algún momento entrar en
conflicto con los intereses de la clase a la que pertenecía y entonces
invalidar así en su caso la interpretación de un determinismo extremo en la
toma de decisiones, el que en cambio Alonso asumía en manera por demás
dogmática y categórica negando cualquier mínima libertad en el hombre. Fue risueña
la respuesta que nos diera el aludido en una nota posterior de su periódico, la
que ya sólo por su título resume su espíritu limitado y que recomendamos leer
si la consiguen para todos aquellos que quieran encontrar una explicación
respecto del por qué ese medio amenaza con cerrar por razones económicas. La
misma se titulaba “A propósito de un mal bicho”(Marzo de 2002), el que
éramos por supuesto nosotros en tanto que nos habíamos atrevido a debatir con
él o al menos a invitarlo a hacer tal cosa que él podía realizar plenamente en
tanto tenía y aun tiene a su alcance un medio gráfico. Su actitud de entonces
quizás podía interpretarse como un recuerdo tardío de su vida de cuartel,
pasándole como si se topara con un subordinado irreverente que le discutía una
orden.
Pero lamentablemente lo sucedido en ese
entonces es lo habitual en el medio que se define a sí mismo como nacionalista
en la República Argentina para el cual, especialmente si ello acontece en el
contexto de militares, aunque no sólo
en tal caso siempre, el debate es una cosa totalmente excluida y las personas
que osan discutir ciertas “verdades” indubitables se hacen pasibles de los
anatemas más categóricos, siendo el de Alonso apenas uno de los más leves que
hemos recibido de parte de tal sector cada vez que nos atrevimos a objetar sus
puntos de vista. Y quizás sea esto especialmente lo que nos permita explicar
alguna de las causas de su estrepitoso fracaso en la Argentina.
Al respecto y como una extensión de tal
estilo, ya no estrictamente periodístico, sino volcado especialmente a la
actividad política recuerdo que en otra circunstancia al también ex capitán
carapintada Gustavo Breide Obeid le eché en cara que me parecía al menos
inoportuno de su parte que se presentara como candidato a presidente en el 2003
tras haber fracasado como militar luego de haberse rendido de una manera por
demás humillante en 1990 después de que unas horas antes hubiese tomado por
asalto el edificio del Libertador y me preguntaba también si su tan
intempestiva rendición de entonces no era coherente con su otra rendición
actual de presentarse a elecciones, tal como hiciera años antes otro compañero
suyo rendido fundador de su movimiento, el ex coronel Aldo Rico. En los dos
casos el "nacionalismo" se rendía a la partidocracia de la cual participaba.
Fue risueña y del mismo estilo de
Alonso la respuesta personal que me dirigiera por mail el ex capitán. Allí me
decía casi textualmente que si en el edificio del Libertador quienes lo
reprimieron hubieran sido el suscripto “acompañado de otros izquierdistas” con
seguridad que no se hubiera rendido. Lo cual por sentido contrario significaba,
más allá de su tono provocativo, el reconocimiento de que los militares contra
los cuales él se enfrentaba y que defendían entonces al gobierno de Menem no
eran sus enemigos y que por lo tanto decidió no hacerles frente, aunque queda
siempre el interrogante de saber entonces para qué se sublevó, en tanto que
sabía anticipadamente que no íbamos a estar allí los “izquierdistas” para
atacarlo y si entonces ello no fue acaso, tal como muchos sospecharon con
fundamento, una acción efectuada para consolidar a ese mismo gobierno contra el
cual se decía combatir.
Pero estos hechos relatados relativos a
unas experiencias personales considero que cuadran perfectamente y son
coherentes con la totalidad del espíritu de tal movimiento cuyo origen hay que
rastrear en lo que fuera nuestra gesta de Malvinas y sus dos fechas esenciales
y contradictorias, el 2 de abril de 1982 y el 14 de junio del mismo año. En una
nota anterior hemos hecho notar lo antagónico de ambos acontecimientos pues,
mientras que en el primero se resaltaba el heroísmo y la disposición a luchar
hasta el final en contra de Gran Bretaña, en el segundo, sucedido luego del
lavado de cerebro ocasionado tras la visita papal en donde se privilegiaba en
cambio la vida, se manifestaba que, en tanto se había descubierto que las armas
que tenían los ingleses eran superiores a las que se pensaba, pues habían sido
provistas por los norteamericanos, era conveniente rendirse cuanto antes y no
arriesgar inútilmente el pellejo que al parecer era el bien más preciado que se
tenía.
Tales cambios abruptos de situación que
expresaron una cierta dosis de ciclotimia y contradicción en la toma de
decisiones se vivirían luego con las sucesivas rebeliones carapintadas que
tuviera el país entre los años 1987 y 1990 en las cuales sus dos líderes, Rico
y Seineldín, luego de haber lanzado movimientos militares que despertaron
varias expectativas en importantes sectores de la población, en especial los de
este último, en todos los casos sucumbieron a las pocas horas de haberse
iniciado acudiendo a rendiciones de lo más humillantes e inexplicables.
Pero lo más indignante de todo fue
cuando tales exponentes, luego de haber efectuado dichas acciones, se lanzaron
abiertamente a la arena política. El primero de ellos fue cuando constituyó un
partido en cuya plataforma exaltaba un pretendido “nacionalismo de amparo” que
“interactuara en el mundo Uno”, es decir en el mundo que hoy dirigen los
Estados Unidos e Inglaterra, los mismos poderes contra los cuales se luchó el 2
de abril. En esto Rico manifestaba una diferencia interesante con Seineldín
pues mientras que éste llamaba a votarlo a Menem en tanto que lo consideraba
“un argentino que piensa patrióticamente”*, Rico en cambio desdeñaba de sus
“relaciones carnales” con el poder norteamericano y sugería, tal como Chávez
hace ahora, la “interacción” con el mismo para hacerse respetar como un igual.
Esto es lo que explica también que varios carapintadas en sus primeros momentos
tuvieron un apoyo explícito hacia la figura de Chávez, como el caso del ex
prefecto Sagastizábal y también algunos intelectuales afines como el del ya
finado ex montonero Ceresole quien en algún momento fue asesor directo del
venezolano. Esta diversidad de táctica fue lo que explicó las diferencias entre
los movimientos de Rico y Seineldín, pero las mismas eran meramente secundarias
y no hacían a lo esencial de querer formar parte del poder moderno. Los dos en
el fondo querían “interactuar en el mundo Uno”, pero discrepaban respecto de la
manera como hacerlo. La suerte de ambos fue también dispar. Mientras que Rico,
quizás desencantado con la política que se había propuesto, o más bien muy
encantado con la misma, rifó su movimiento a cambio de un dinero que le entregó
el rival peronista de Menem, Duhalde, Seineldín no logró que el primero lo
ascendiera a general y comandante en jefe, posiblemente porque aquel ya no lo
necesitaba más y entonces se sublevó con los resultados por todos conocidos. El
ostracismo al que se condenó luego, tras todos los fracasos padecidos y tras
habérselo solicitado especialmente el suscripto en una carta abierta como un
último acto de dignidad a fin de no seguir despertando falsas expectativas en
los ilusos de siempre, es el mejor aporte que le puede haber hecho al país.
Lamentablemente su segundo, el aludido Breide Obeid, no siguió enseguida con su
ejemplo y se lanzó a la palestra política con los resultados imaginables,
aunque no sin haber colaborado él también con la consolidación del sistema
democrático si bien con aportes verdaderamente insignificantes debido a las
profundas diferencias existentes entre su figura y la de su líder hoy
afortunadamente retirado.
Pero si bien la política carapintada ha
ya desaparecido con los últimos estertores antes mentados, no ha pasado todavía
lo mismo con su periodismo el cual continúa aun, aunque afortunadamente con
recursos sumamente limitados, a resaltarnos el mismo espíritu que produjeran el
14 de junio el que, tal como hiciéramos notar, expresa una admiración casi
mística hacia el poder de fuego del enemigo anglo-norteamericano, cuyas armas y
capacidad bélica serían tan poderosas e invencibles que lo único que podemos
hacer a su respecto es describirlo y ni locos pretender hacerle frente
cometiendo quizás una nueva “locura” como en el fondo tendría que pensarse que
fue el 2 de abril.
El periódico de Alonso, como también un
libro de otro ex vicecomodoro carapintada, Horacio Ricciardelli, editado hace
unos cuatro años, se encargan de describirnos con lujo de detalles las grandes
capacidades de tal poder. Resulta ser que por supuesto sería inconcebible y
ofendería el honor de las armas argentinas que se rindieron ante un enemigo de
incalculables recursos que hubiese podido aparecer alguien que nos mostrara que
se trata en cambio de un tigre de papel al que con cuchillitos de plástico se
le puedan destruir objetivos tan esenciales como las Torres de Manhattan, el
Pentágono y por poco también la Casa Blanca. La explicación que nos suelen dar,
amparados en varios best sellers promovidos por importantes editoriales
del primer mundo, es que todo tiene que haber sido un “montaje” especialmente
pergeñado por éstos para encontrar justificativos a fin de dominar al mundo
entero, incluso la Argentina respecto de la cual al parecer a tal poder no le
habría sido suficiente contar con tal dirigencia genuflexa en un sentido u
otro, sino que además ha tenido necesidad de producirle los atentados de la
Embajada de Israel y de la AMIA. En este último caso, salvo la intrascendente
condena a unos ex gobernantes del régimen de Irán que hoy no están más en el
poder por haber perdido las elecciones, lo único que se habría logrado es que
la Argentina no envíe más tropas al Medio Oriente, ni siquiera a Afganistán,
una nación en la cual hay 37 países en “misión pacificadora”. A la vista de los
hechos objetivos, si éste ha sido el resultado principal obtenido, habría que
explicar también por qué tal poder buscó no hacernos entrar más en tales
contiendas. Así como debería explicarnos también por qué se produjo en Madrid
un atentado que hizo salir de Irak a uno de los pocos aliados en tal guerra,
etc. etc. Pero lo más insólito resulta comprobar que Alonso, lo mismo que
Ricciarelli en su libro, aunque no sabemos si ahora sigue opinando igual,
continúe diciéndonos que el movimiento talibán y Al Qaeda que combaten
heroicamente en Irak, Afganistán y otros países en contra de Norteamérica, es
decir el fundamentalismo islámico, incluyendo también a Khomeini, Hezbollah y
Hamas, serían un producto de los mismos EEUU o de Inglaterra, los cuales
evidentemente a la luz de los últimos acontecimientos querrían el resultado que
están padeciendo en tales países, quizás por un extraño masoquismo o por una
curiosa dialéctica que hace escribir la historia con renglones torcidos. Al
respecto no podemos dejar de recordar una famosa interpretación de un
carapintada luego de haberse rendido en su última sublevación. “Perdimos, pero
cumplimos con la voluntad de Dios que quería la victoria de nuestro adversario.
Pero en el fondo la nuestra ha sido la victoria verdadera consistente en haberla
comprendido; en cambio ellos son los que verdaderamente han perdido porque no llegado
a conocerla nunca”. Aquí es exactamente el mismo razonamiento. Si los talibanes
y Al Qaeda son una creación de los norteamericanos y a éstos les está yendo mal
en Afganistán e Irak, entonces ellos quieren perder la guerra o también quieren
ganarla perdiéndola, tal como en la paradoja del carapintada rendido.
Aunque dudamos seriamente de que sea
Bush como EEUU, o el gobierno británico compartan tales puntos de vista y
desarrollen el mismo espíritu de resignación de nuestros periodistas
carapintadas que trasladan a la prensa la frustración ocasionada por sus
sucesivas rendiciones gestadas a partir de un infausto 14 de junio.
Pero los montajes que nos descubre
Alonso son realmente sorprendentes e interminables. Resulta ser que EEUU habría
gestado también la rebelión de Khomeini en contra del Sha de Irán, lo cual
rompe indudablemente con todos los esquemas así como con el más elemental
sentido común. También habría querido terminar con Nasser, a pesar de que éste
fuera el “enemigo” adecuado para Israel con sus inofensivas guerras de seis
días. Quizás la clave para comprender la historia sea según Alonso considerar
que toda vez que en la misma haya un movimiento exitoso entonces éste sería
obra de los EEUU o del “poder mundial”, el que se convertiría en una especie de
Jehová que todo lo puede y mueve hasta a sus aparentes adversarios como
Satanás, que es un diablo malo pero a su servicio, así como lo sería Al Qaeda
para Bush. Nada de lo que pasa, ni aun el más insignificante de los hechos
escaparía de sus designios. Así pues nos acaba de relatar también que el
rompehielos Irízar en realidad no se accidentó, sino que fue víctima de un
atentado, del mismo modo que habría sido también un agente encubierto el
capitán Tarapow quien habría pretendido “suicidarse” para distraer la atención
respecto de la realidad del hecho, pero que al final habría renunciado a
hacerlo una vez que fracasara la acción al no hundirse el barco. Y la remata en
forma casi amenazante: “¡Que a nadie se le ocurra convertirlo en un héroe!”.
Claro, porque escapa del espíritu
asumido el 14 de junio y anticipado justamente por un capitán de barco hundido,
el crucero General Belgrano, quien ‘patrióticamente’ salvó su pellejo.
Pero tenemos entendido que Alonso acaba
de tener un severo inconveniente en tanto que ha recibido un telegrama de
protesta y simultáneo agradecimiento de parte del ministro ruso Putin y de su
par chino Hin Tiao. El mismo dice aproximadamente lo siguiente: “Agradecemos no
habernos incluido en la lista de montajes efectuados por el poder mundial, pero
protestamos por haberle adjudicado a Bush y a sus amigos la invención del
fundamentalismo islámico. Hemos sido nosotros los que lo hemos hecho. Gracias a
que ellos nos hicieron atentados en Chechenia y en la provincia de Uighur en
China, nosotros hemos podido producir la Convergencia de Shangai y unir
así nuestras fuerzas con esa excusa para hacer frente a la OTAN y a los EEUU.
Sin el fundamentalismo jamás hubiéramos encontrado una razón justificativa para
aliarnos. Por favor efectúe esta necesaria corrección en su periódico a fin de
que por la no difusión de tal verdad no se vea obligado a cerrar en lo sucesivo
por falta de lectores”.
Nos preguntamos, más allá de tal
advertencia. ¿No habrá llegado la hora de que también se llame a silencio el
periodismo carapintada?
* Esta admiración de Seineldín por
Menem, motorizada a su vez por varios sectores de la Iglesia católica, se
vincula a la admiración secreta o no tanto que el primero manifestó siempre
hacia los EEUU, a uno de cuyos promotores ideológicos, Lyndon Larrouche él
siempre ha promovido en la Argentina. Recordemos que este político del partido
demócrata norteamericano, tal como hemos hecho notar en otra oportunidad, es un
propulsor abierto de la democracia y de la Constitución norteamericana, así
como de la modernidad, repudiando en cambio la influencia inglesa, a la que
llega a acusar de fascista. A Chávez, justamente por haberse planteado
confrontar con Norteamérica en el seno del mundo uno para compartir un
liderazgo, lo ha acusado de agente británico. Estas son pues las diferencias de
“principios” existentes en el seno del movimiento carapintada entre sus
pregoneros Rico y Seineldín.
Marcos
Ghio