A quienes no
habíamos dejado todavía de asombrarnos por las declaraciones del papa Ratzinger
en relación al Islam en Ratisbona, abonadas luego en su visita a Turquía y su
exaltación del régimen laico de Ataturk, no ha podido sino dejarnos
estupefactos la sinceridad con la cual un estrecho colaborador del mismo acaba
de explicarnos que la relación de la Iglesia con el Islam, sólo puede
comprenderse en estricto contraste con la que se establece con el judaísmo.
El cardenal Carlos Cafarra, arzobispo
de Bolonia, recientemente ascendido a tal importante sitial por Ratzinger,
acaba de hacer en el día de la fecha unas importantes declaraciones que sirven
para poner en claro el lamentable estado en que se encuentra nuestra religión
en manos de tales heresiarcas.
En un reciente reportaje efectuado el
día de la fecha en el matutino italiano Corriere della Sera ha
manifestado textualmente:
“No considero que haya habido una
contradicción entre el discurso del Papa en Ratisbona y su reciente visita a
Turquía. Con el Islam sólo es posible un vínculo basado en la racionalidad a
fin de obtener la paz y la convivencia, y es tan sólo desde esta perspectiva
que se produce un diálogo interreligioso...
En cambio con Israel la relación es de
otro tipo. Cada vez veo con mayor claridad que no se puede ser cristiano sin
ser simultáneamente judío. Desde mi punto de vista el único diálogo
interreligioso posible es con el judaísmo. Puesto que nuestra descendencia
espiritual es desde Israel.”
Ante una pregunta relativa al diálogo
con otras religiones que no sean la judía, tal como fuera señalado en el
cónclave de Así, el cardenal contesta:
“Podrían llamarnos a confusión. Con el
Islam sólo podemos encontrarnos en el ámbito de la convivencia humana, de la
razonabilidad, de la educación. Pero la relación que como cristiano yo tengo
con Israel no es equiparable a la que puedo tener con las restantes religiones”.
Es interesante corroborar también cómo
este estrecho colaborador de Ratzinger insiste en la necesidad de combatir la
secularización en el “occidente” y no así en el Oriente islámico en tanto que
lo beneficiaría en la medida que ésa sería la mejor forma de evitar su
penetración en el propio universo cultural. Su civilización sólo puede
defenderse sosteniendo sus principios en sus contenidos raigales y, tal como
bien dice, dichos valores tienen su origen en el judaísmo que los conserva en
su pureza, de allí que sea imprescindible para ellos la defensa del Estado de
Israel. En la reunión que en el día de ayer sostuvieran Ratzinger y el premier
israelí Olmert el primero dejó en claro que de ninguna manera aceptará que tal
Estado sea “borrado del mapa”.