El
próximo 8 de octubre se cumplen los cuarenta años de la muerte del Che Guevara
en Bolivia y ya estamos presenciando por parte del sistema una serie de actos
de homenaje recordatorio a tal "transgresor" y verdadera figura mitológica
aportada por nuestro país al mundo entero, junto a Maradona, para ayudar a
constituir una nueva religión protestataria, aunque no tanto como para
cuestionar en sus fundamentos esenciales al régimen consumista que nos oprime.
Nosotros, en aras de contribuir a la disolución de este mito nefasto, volvemos
a publicar una nota que editáramos tiempo atrás en El Fortín en donde comparábamos a tal figura con la de
otro "transgresor", aunque de diferente tipo, el fundamentalista Bin
Laden. Las cosas han cambiado bastante desde aquella época. No sabíamos en
aquel entonces que mientras que nuestro mítico personaje que orna las epidermis
de nuestros rockeros pop sucumbiera en su "revolución" a pocos días
de haberla iniciado, el fundamentalista en cambio ya lleva seis años no
solamente sin poder haber sido aprehendido, sino habiendo incrementado su
influjo en otros países como Irak, Somalia, el Magreb y aumentándolo en
Afganistán y Pakistán. Nos equivocábamos en esa nota al manifestar que a
Guevara lo ultimaron los rangers de la CIA, ello no está probado para nada, del
mismo modo que tampoco lo está la leyenda, tan a gusto de la izquierda
fidelista y de varios "derechistas", de que Bin Laden haya sido en
algún momento o todavía ahora, un agente de tal organización. Pero en fin estos
son temas que elaboraremos en notas posteriores. Por el momento reproducimos la
aludida, cuyos conceptos esenciales seguimos compartiendo.
(M.
G.)
Los hechos de los últimos tiempos han catapultado
a las primeras planas de los medios a la figura del otrora ignoto “terrorista”
multimillonario Bin Laden, no faltando quienes, en razón de ciertas
características personales del mismo, manifestaron cierta simpatía y admiración
por éste, equiparándolo con la figura mítica de otro combatiente muy en boga
que ha atrapado los entusiasmos de muchos, el Che Guevara. En verdad ambos
presentan múltiples puntos en común. En efecto tanto Bin Laden, como el Che
Guevara lucharon incondicionalmente en contra del mismo enemigo utilizando
medios violentos y heroicos para derrotarlo. Además los dos gozaban de una
posición económica privilegiada. Guevara pertenecía a una de las familias de la
más rancia oligarquía argentina, tenía título universitario, había llegado a la
cúspide del poder tras una revolución exitosa y sin embargo su idealismo lo
condujo lo mismo a internarse en los inhóspitos montes selváticos y a perder
allí su vida luchando con los rangers norteamericanos y con sus
entrenados soldados de Bolivia. Bin Laden, es un multimillonario árabe que
también ha renunciado a disfrutar de su fortuna para elegir el mismo camino de
lucha internándose en sórdidas y escondidas cavernas rocosas para resistir
hasta el final de sus días el ataque del mismo enemigo que diera cuenta de la
vida de Guevara. Hasta aquí las semejanzas entre ambos son notorias y no han
faltado quienes en el ámbito de la extrema izquierda han querido confiscar para
sí a la figura de Bin Laden junto a la ya adquirida del Che para
elaborar conjuntamente con ambos una saga antiimperialista y socializante. No
ha sucedido así en cambio en ciertos sectores de la derecha radical europea
para quienes una especie de racismo biológico los ha mantenido apartados de Bin
Laden, por tratarse de un árabe de piel oscura, con notorias influencias entre
los grupos de la inmigración extra-comunitaria, a diferencia en cambio del
“ario” Guevara, quien si bien era marxista, en razón de sus caracteres
heroicos, en el fondo era “un fascista que ignoraba serlo”, por lo que
paradojalmente ha pasado a formar parte de su altar de elegidos.
Sin embargo
quienes así piensan obvian algunos detalles esenciales. El primero de ellos es
que Bin Laden, antes de enfrentarse abiertamente con los Estados Unidos, fue un
luchador encarnizado en contra de la Unión Soviética, es decir, del mismo país
que financiaba y alentaba las actividades del Che Guevara en Cuba y en Bolivia.
Su oposición al comunismo no fue simplemente circunstancial y debida a motivos
meramente patrióticos, la misma encuentra puntos de afinidad con las razones
que también alientan su antagonismo declarado hacia los Estados Unidos.
Justamente, en tanto que ambos sistemas son materialismos volcados hacia la
mera dimensión económica del hombre son por él rechazados por igual y con el
mismo énfasis. Una concepción religiosa como la que informa al fundamentalismo
islámico debe forzosamente contraponerse a las dos ideologías profanas que se
enfrentaron en su momento entre sí con la mera intención de controlar el mundo,
pero no para modificarlo en su sentido.
Por otra parte
la moral y costumbres del movimiento talibán en que se sustenta Bin Laden
representan la antítesis exacta de las que en cambio inspiran el comunismo en
cualquiera de las vertientes en que se enrolara el Che Guevara. El
fundamentalismo islámico representa un retorno a las antiguas tradiciones de su
civilización, siendo un regreso a la propia Edad Media en un rechazo absoluto
por la modernidad; en cambio el comunismo manifiesta a la inversa un culto por
el futuro y el progreso y reputa al capitalismo norteamericano no como la
negación de un orden normal, sino como un escalón ascendente y necesario en la
evolución de la humanidad hacia el socialismo. Es decir que la mirada del
marxismo guevarista está puesta en el futuro como un bien más perfecto por
venir y no en el pasado como un orden paradigmático a ser imitado, como en el
caso del fundamentalismo.
Dicho fenómeno
de oposición se nos manifiesta con diáfana claridad en lo relativo al
tratamiento del tema de la mujer en ambas civilizaciones. Mientras que en Cuba,
en competencia estrecha con los Estados Unidos, la mujer tiende a superar
cualquier barrera que la separe del hombre hasta incluso la realización de las
tareas más pesadas en el mundo del trabajo, como llegar a ser tractorista o
barrendera, en el régimen talibán de Bin Laden es en cambio excluida
radicalmente del mundo de tal mundo y puesta bajo el control absoluto del padre
o del esposo. Digamos de paso que en esto existen indudablemente ciertas ventajas
que, de aplicarse en nuestro sistema, resolverían muchísimos de los problemas
que hoy nos afligen. En primer término habría que decir que si una sociedad es capaz de prescindir del
trabajo de la mujer, ello significa que, a diferencia de nuestra emancipada y
moderna sociedad consumista, el sueldo del esposo es suficiente para mantener a
la totalidad de la familia y al mismo tiempo ello representa un verdadero
beneficio ante el exceso de desocupación hoy originada en el desaforado aumento
del maquinismo. Es verdad también que en cuanto a la vida privada, entre las
compañeras emancipadas del socialismo marxista de Guevara y las mujeres de
chador del fundamentalismo talibán de Bin Laden hay una diferencia también
extrema. En el mundo moderno las mujeres pueden ir semidesnudas por la calle y
en Cuba prostituirse por cinco dólares, marcando para ellos un signo de
profunda libertad y progreso. Sin embargo ello no resuelve los desórdenes
también sexuales que agitan al hombre de nuestros días, sea en las sociedades
capitalistas como comunistas, pues mientras que nosotros estamos rodeados por
mujeres excitantes y provocativas que al
no pertenecernos producen ansiedad, la mujer con chador es totalmente de
su esposo (con el cual obviamente no usa dicha molestísima prenda) y el que
según la tradición islámica puede tener también más de una.
Podrá decirse,
es cierto, que, comparados con los actuales marxistas que nos circundan,
quienes luego de pregonar a los cuatro vientos la revolución, se han
apoltronado en los cargos suculentos del sistema, la figura de un Guevara,
dando su vida por una causa, nos resulta más simpática y rescatable. No hay
duda de ello, pero dicho valorable heroísmo podría hallarse en cualquier otro
del bando que fuere. Hasta en el más feroz bandido es posible hallar a veces
rasgos de nobleza pues siempre, en el caso que fuere, el valiente será mejor
valorado que el cobarde. Pero lo fundamental que debe marcarnos en todos los
planos son los fines que se sostienen. Tal como dijera Evola, al mundo moderno
representado por los Estados Unidos, se lo puede combatir por lo que es más o
por lo que es menos que éste. El comunismo por el que combatiera Guevara es
siempre un grado mayor de decadencia y masificación que el capitalismo liberal.
Por ello Bin Laden, en tanto exponente de una concepción que niega el sistema
en función de valores religiosos y espirituales, siempre será nuestro
preferido.
Marcos Ghio
Buenos Aires, Octubre de 2001.