¿QUÉ QUEDA DE LAS DOS ESPAÑAS?
Mucho
se ha escrito, explicado, debatido y discutido, y muchos lo han hecho, sobre
esa imagen de las Dos Españas que en tantos períodos de nuestra historia
habrían enarbolado dos formas diferentes de entender el mundo y la existencia y
las habrían defendido a capa y espada; a menudo hasta las últimas
consecuencias. Dos concepciones antagónicas que se hallarían en el origen de
los enfrentamientos fraticidas y/o guerracivilistas
que han marcado la mayoría de los momentos más trágicos por los que ha pasado
nuestra sin par historia.
De esa imagen –convertida posteriormente,
en ocasiones, en tópico simplista- ya hablaban prácticamente todos los más
significativos autores de la ´Generación del ´98´ (Costa, Ganivet,…) y el tema
que se deriva de dicha imagen no sólo fue objeto de profundo análisis por los
prebostes de esta generación sino que también fue profusamente abordado por
intelectuales de otras generaciones posteriores como es el caso de la del ´14
(Ortega y Gasset,…).
Podríamos situar esta España dual como una
plasmación más de una realidad que, a nivel de cosmovisión, simbolizó muy bien Julius Evola al hablar de la
oposición entre la Luz
del Norte y la Luz
del Sur (1). Esto es, la oposición entre lo que “es orden, jerarquía y
aristocracia (Luz del Norte)
y lo que es plebeyismo
y nivelación igualitaria (Luz del Sur)”.
(2)
También en cierta ocasión (3) aclaramos
que “la denominada como
´luz del norte´ vendría asociada a conceptos como el de la jerarquía, la
diferencia, lo vertical, lo solar, lo estable, lo inmutable, lo eterno, lo
imperecedero, lo patriarcal y a valores como el honor, el valor, la disciplina,
el heroísmo, la fidelidad,… Y, por el contrario, la calificada como ´luz del
sur´ abanderaría conceptos como el del igualitarismo, lo uniforme y amorfo, lo
horizontal, lo lunar, lo inestable, lo mutable, lo caduco, lo perecedero, lo
matriarcal, lo sensual, lo instintivo, lo hedonista, lo concupiscente,…”
Incluso, circunscribiéndonos a un plano
psíquico o anímico “podríamos decir que la Luz del Norte contemplaría a
aquél que rebosa autocontrol, equilibrio, serenidad, sobriedad, coherencia,
prudencia, templanza, medida, discreción, calma,…, mientras que la Luz del Sur 'iluminaría' a los
individuos tendentes a lo disoluto y disolvente, al desenfreno, al desorden
referente a hábitos y modo de vida, a la inestabilidad, al desequilibrio, a la
jarana, a la embriaguez,…” (4)
En base al criterio ofrecido por esta
antagónica dicotomía Evola nos explica el porqué de
episodios y de etapas tan dispares a lo largo de la historia acaecida en suelo
de la Península
Itálica. Así, afirmábamos en otra ocasión que “Evola reivindica para la historia de Italia buena parte
de la antigua Roma y, por ejemplo, descarta, por liberal y antitradicional,
el período decimonónico del Risorgimento que acabará con la unificación de la Península
Transalpina. Además achaca a la hegemonía y reaparición del
espíritu consustancial al substrato preindoeuropeo
existente en tierras italianas antes de la aparición y triunfo de Roma, le
achaca, señalábamos, los momentos crepusculares de la misma Roma y el resto de
etapas históricas y episodios negativos -desde la óptica de la Tradición- para
Italia.” (5)
Lo que es aplicable para Italia nosotros
ya lo creímos, en su momento, extrapolable a la historia de España. Por ello
escribíamos que “José Antonio, en el
escrito “Germanos contra bereberes”
coloca detrás de las grandes gestas de la historia de España el espíritu
germánico (´luz del norte´) presente en ella y, en esta línea, a él atribuye la Reconquista de una
Península Ibérica que había caído bajo la égida musulmana y a él atribuye,
también, la conquista de América. Mientras que otros períodos nefastos de la
histórica hispánica (coincidentes con su decadencia como potencia mundial) y
ciertas decadentes tendencias políticoculturales las
atribuye al influjo preponderante de cierto substrato de mentalidad levantina;
impregnado, por tanto, por la ´luz del sur´.(6)
Ernesto Milà
escribió hace unos cuantos años lo que habían de ser algunos de los capítulos
de un libro, inconcluso, que llevaría por título “Historia mágica de las dos
Españas”. Afirmaba en la introducción del capítulo “El interregno visigodo: de
la renovación a la pérdida de España” que “nuestra historia es una lucha eterna entre dos luces: la
´Luz del norte´ y la ´Luz del sur´, tal como fueron definidas por Julius Evola en ´Revuelta
contra el mundo moderno´”. Bajo la misma óptica redactó otro de los capítulos
que llevaba por título el de “Falange contra el Opus Dei. La gran contradicción
bajo el franquismo”.
En el primer capítulo mencionado Milà señalaba como propia de la Luz del Sur esa concatenación
que seguramente desde las posiciones teológicas del arrianismo, propio a los
visigodos que entraron en la
Península Ibérica, llevaría a una
concepción unitaria –o unívoca, diríamos nosotros- de lo
divino, muy común a las religiones semitas, y que sería la que definió la manera
de concebir el hecho espiritual de muchos de los witizianos
que acabaron aliándose a los musulmanes que terminarían ocupando nuestro suelo
durante casi ocho siglos. Frente a esto, sería propio de la Luz del Norte una manera
plural de percibir lo Trascendente, que fue común a las espiritualidades precristianas del mundo indoeuropeo y que el cristianismo
que –para aclarar conceptos- podríamos definir (cuando se convierte en religión
oficial del Imperio Romano y en el Alto Medievo) como catolicismo asimiló y concretó en un trinitarismo que concebía a la
divinidad no de forma unívoca sino multiforme
-o triforme- y con el cual comulgaban buena parte de los
seguidores del rey Don Rodrigo. Un trinitarismo que al concebir a Jesucristo como hombre divino (Dios hecho hombre) rompe con ese hiato insalvable que las
religiones del Libro habían concebido entre Dios y el hombre y cuya teología
creacionista ex nihilo
se halla en total contraste con el emanatismo propio de la espiritualidad
indoeuropea precristiana, que siempre consideró tanto
al hombre (como al resto del Cosmos) como el resultado de la manifestación, por
emanación, del Principio Supremo Inmutable e Imperecedero que se halla en el
origen de toda el mundo manifestado. Hallaríamos, pues, en estas cosmovisiones
tan disímiles las causas más profundas de lo que acabó siendo una guerra civil
de resultados nefastos e irremediables en el seno de la España visigoda.
En el segundo capítulo del libro
proyectado Ernesto Milà también contrapone buena
parte del pensamiento de muchos líderes falangistas, así como cierto ritualismo
y mucha de la simbología de la
Falange, al tipo de religiosidad –meramente devocional-
inherente al Opus Dei. En la
Falange hallaríamos mucha impronta de la Luz del Norte y, en cambio, el
Opus Dei estaría impregnado, hasta la médula, de Luz del Sur. En el seno del
franquismo ambas tendencias pugnaron denodadamente por hacerse con parcelas de
poder y de influencia social y cultural.
Sin duda en base a esta manera de poder
interpretar la historia podríamos explicar la de los diferentes episodios que
han jalonado la de España. Podríamos, quizás, el comprender algunas de las
causas por las que ciertos pueblos de la Península
Ibérica se alinearon, durante la 2ª Guerra Púnica, con los
ejércitos del cartaginés Aníbal y otros, en cambio, se pusieron del lado de los
romanos. O el porqué de la rapidez, lentitud o negativa a la hora de
convertirse al Islam de la población que quedó bajo su égida tras la conquista
musulmana del Reino Visigótico a partir de la invasión acaecida en el año 711;
al margen, obviamente, de otras consideraciones como las de la mayor o menor
represión o las de la carga abusiva de impuestos para los no conversos
(mozárabes) al Islam. O el comprender las razones primordiales que dividieron
España en los dos bandos que se enfrentaron en la Guerra de Sucesión española
(1.701-1.714): austracistas (partidarios de la
continuidad de la España Tradicional
y foral-orgánica) y pro-borbónicos (abanderados de un modelo uniforme y centralista
del Estado y de una filosofía protoilustrada). O
entender, en clave diferente a las que ofrece la historiografía oficial, el
porqué de las tres guerras civiles que a lo largo del siglo XIX enfrentaron a
carlistas y liberales.
Pero, ¿estas dos Españas que han pugnado
de forma irreconciliable a lo largo de nuestra historia (aunque a veces de la
pugna abierta se ha pasado a la hegemonía política y/o socio-religioso-cultural
de una de ellas), continúan, de igual modo, vivas en nuestros días? Sostenemos
que la respuesta a esta pregunta es negativa, puesto que, en los tiempos que
corren, resulta quimérico hablar de segmentos de nuestra población que actúen
guiados por esa Luz del Norte que hizo posible escribir los momentos más
álgidos y nobles de nuestra historia. Si aún continúan existiendo lo sería en
el seno de minorías que, además, no tienen otro destino que el de ser
silenciadas y calladas por el Establishment político y cultural hegemónico. Una única luz
parece actuar en nuestros días: la
Luz del Sur. Una única España pueden percibir nuestros
sentidos y nuestro entendimiento: la del materialismo más descarnado, la del
egoísmo más inconcebible, la del individualismo sin límites, la del consumismo
compulsivo, la de la estrechez de miras, la del esperpento, la del hedonismo
más degradante, la de la vulgarización más extrema, la del triunfo de lo ruin,
la del reino de la mentira, la de la charlatanería más hueca, la del aparentar
por encima del ser, la de la nivelación por lo bajo, la del triunfo de la cantidad
y el número, la del poder de la masa o la del pulular de seres desequilibrados
y depresivos. No vemos a otra España más que a una España farragosa, amorfa,
insensata, cobarde, taimada, pusilánime, desenfrenada, voluptuosa, vermicular,
voluble, corrupta, zafia, trivial y tribal. Una España, en definitiva,
infectada de Luz del Sur, sin alternativa visible que pueda hacer concebir
esperanzas de que la Luz
del Norte reine como ya lo hizo en otras pretéritas fechas o, al menos, tenga
la posibilidad de luchar por intentar hacer ver su transfiguradora,
edificante y ordenadora claridad.
……………………………………..
(1) “Rebelión
contra el mundo moderno”, II parte, capítulo 5: “Norte y Sur”, de la edición en
castellano a cargo de Ediciones Heracles, de 1.994.
(2) “Mantenerse en un mundo en ruinas”, de Janus Montsalvat.
(3) En nuestro escrito “José Antonio y Evola”.
(4) Citado en nuestro ensayo “El Deje Andaluz, el
Flamenco y Otros Asuntos”.
(5) “José Antonio y Evola”.
(6) Op. cit.
EDUARD
ALCÁNTARA
SEPTENTRIONIS LUX
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