A propósito de unas notas críticas hacia nuestra
postura en relación a la actual guerra de civilizaciones
DIALÉCTICA PERONISTA Y
CRISIS GLOBAL
Nuestro
amigo Preziosi, de la Agencia Kali-yuga,
en una reciente nota teñida de optimismo, manifestó que, luego de que Obama reconociera que Al Qaeda y los talibanes le estaban
ganando la guerra, era muy difícil encontrarnos ya con personas que siguiesen
diciendo que la organización que lo está derrotando sea a la vez agente de ese
mismo poder o que, si lo que se consideró como un justificativo para realizar
las acciones del 11S había sido el sometimiento de los países musulmanes, ahora
que esto no estaba sucediendo, pudiesen seguir teniendo todavía base de
sustentación las aludidas teorías conspirativas.
Lo
que nuestro amigo no podía ni puede saber por no hallarse en nuestro país es
que el largo y deletéreo influjo que hemos recibido por parte de fenómenos
tales como el del peronismo, a través de sus principales pregoneros
periodísticos, ha sido el principal caldo de cultivo de todos estos delirios
consistentes en una enfermiza manía, quizás sin descartar la tendencia a
ponerse a sí mismo en relieve, por querer encontrar las explicaciones más
absurdas e inverosímiles por lo originales, de hechos que en cambio son
evidentes y puntuales, en tanto hablan por sí solos, generando por contraste
una conducta verdaderamente evasiva respecto de la realidad, la que es en
cambio sustituida por ‘explicaciones’ que por lo rebuscadas sirven tan sólo
para ocultarla y evitar así asumir actitudes de compromiso.
Y
esto ha tenido que ver muchísimo con la manera de ser del líder de tal
movimiento, cargada de oportunismos maquiavélicos y de mezquindades, la que a
su vez se alimentó de la presencia de sujetos que lo rodeaban encargados
siempre de justificarlo en sus piruetas y contradicciones brindándonos las más
inverosímiles explicaciones respecto de las mismas. Vayamos, entre los
tantos, a un ejemplo concreto e
ilustrativo que nos servirá para demostrar lo que decimos. Perón, como buen
oportunista que era, cultivó siempre el doble discurso. Hay un ejemplo famoso
de ello en las explicaciones disímiles que emitiera luego de que en septiembre
de 1955, a pesar de contar con una desproporcionada fuerza militar a su favor,
se rindiera en el mismo momento en que quienes se le sublevaron se manifestaron
dispuestos a resistir hasta el final.
Allí en forma inesperada presentó su renuncia a la presidencia y se
escapó prácticamente del país ante el asombro de todos, especialmente de los
que se habían amotinado. Más tarde, fiel a su doble discurso, emitió dos
mensajes antitéticos dirigidos a personas distintas, probablemente pensando que
tal contradicción nunca iba a conocerse o que habría de encontrar algunos
intérpretes capaces de explicarlos. Al general que lo derrocara le dijo en una
nota que se había ido del poder para evitar un derramamiento inútil de sangre,
en cambio a su secretario John Cooke, que
representaba el ala izquierdista de su movimiento, le manifestó que se tuvo que
ir porque lo traicionaron los militares que lo rodeaban. Estudios puntuales
efectuados posteriormente por estudiosos que pudieron entrevistar personalmente
a varios de los protagonistas de ambos bandos que estuvieron en esos días, manifestaron
que en realidad lo que sucedió es que Perón se sintió ‘sobrepasado por los
hechos’, es decir que fue invadido por un gran miedo lo que lo paralizó y lo
determinó a renunciar por no querer enfrentarse al obstáculo de un combate
sangriento del que habría tenido que participar. Se recuerda al respecto que
una actitud similar a la de 1955 la tuviera también diez años antes cuando
había sido destituido de sus funciones en el gobierno militar y recluido en la
isla Martín García. Se ha podido encontrar una carta de ese entonces dirigida a
su mujer Eva en la cual, suponiendo que todo estaba perdido, le manifestaba su
deseo de retirarse de la política para irse a vivir juntos a un campo en la
provincia de Chubut. Días después las cosas variaron y una manifestación
popular un 17 de octubre cambió la situación y lo repuso en el cargo
catapultándolo luego hasta la presidencia.
Pero
su éxito principal no se ha debido meramente a haber sido favorecido por las
circunstancias o por los errores groseros cometidos por sus adversarios, sino
principalmente gracias a haber contado con un numeroso grupo de ‘explicadores’
que durante todos estos años, aun luego de su muerte, se han encargado de
ilustrarnos, a través de una especial ‘dialéctica’, la razonabilidad intrínseca
de sus contradicciones y los grandes aciertos de todo aquello que parecían ser
tremendas equivocaciones y desaguisados, cuando no verdaderas actitudes de
entreguismo. Que todo ello obedecía a una inteligencia superior y no a una
personalidad menoscabada que trataba de camuflar, justamente a través de tales
‘explicaciones’, su verdadera realidad. Así pues todas las grandes
contradicciones en que incurría no eran expresión de su carácter mezquino, ni
de su falta de valor esencial, sino que se habrían debido siempre a
sapientísimas motivaciones producidas todas ellas por un gran sentimiento
patriótico. De esta manera la ‘dialéctica peronista’ permitía explicarnos como
grandes aciertos y coherencias el hecho de que, simultáneamente con haberse
manifestado como antinorteamericano, al mismo tiempo
hubiese entregado la explotación de nuestro petróleo a la empresa yanqui
California. O que simultáneamente con haberse declarado como anticomunista, al
mismo tiempo hubiese alimentado en el seno de su movimiento a la peor guerrilla
marxista que conociera el país, entregándole gobernaciones, universidades, etc y de esta manera permitiéndole armarse como en ninguna
otra parte, para luego, cuando ésta trataba de desembarazarse de su liderazgo,
desatar en su contra una de las más feroces guerras civiles de las que tengamos
memoria. Todo esto, que ha sido algo a todos luces dañino y nefasto y muchas
otras cosas similares que exceden el tema de esta nota, es explicado y
justificado en forma sumamente positiva por los grandes panegiristas de este
deletéreo movimiento político que ha tenido nuestra patria y que nos gobernara
durante gran parte del pasado siglo y prácticamente la totalidad de lo que
llevamos de este nuevo milenio con los resultados que tenemos a la vista. La
dialéctica peronista encargada de justificar lo injustificable se ha
caracterizado pues por brindarnos explicaciones que rozan en lo absurdo y que
convierten en lo menos común de todo al más común de los sentidos.
Esto mismo es lo que sucede actualmente con varios de estos grupos que,
a pesar de haberse muerto su líder, mantienen viva su habitual dialéctica
consistente en explicarnos lo inexplicable, esta vez remitidos al fenómeno de
la guerra de civilizaciones actualmente en curso y habiéndose convertido en los
más tenaces e incansables defensores de la teoría del autoatentado
del 11S, a pesar de que la misma ya en estos días carezca de la más mínima base
de sustentación. Nos referiremos puntualmente aquí a tres notas aparecidas en
internet, todas ellas anónimas o con pseudónimo, como es
usual en quienes quieren evitar asumir personalmente las consecuencias de sus
dichos. En dos de ellas se nos menciona expresamente de una manera para nada
amistosa, por lo que comenzaremos por la primera en donde meramente se dedican
a exponernos la continuidad de tal teoría luego del reciente discurso de Obama admitiendo la derrota.
a)
ACCIÓN
POPULAR NACIONALISTA
El grupo peronista "ACCIÓN POPULAR NACIONALISTA"
insiste en explicarnos que Al Qaeda y los talibanes son una
sucursal de la CIA que han hecho los atentados del 11S para hacer guerras y
justificar invasiones. Ante el inconveniente aparente de que les está yendo mal
a los norteamericanos en las contiendas desencadenadas, pues las están
perdiendo, y que tales hechos por lo tanto les han resultado contraproducentes,
el aludido nos explica que en realidad ello es un problema secundario, sino que
en cambio lo principal para los EEUU más
que ganar las guerras es producir armas en tanto que el verdadero motor de
la economía sería la industria armamentista, por lo cual en tanto le sería
necesario que haya guerras, los atentados habrían sido los instrumentos
utilizados para desencadenarlas. Que si ahora existen crisis, las cuales no
serían la consecuencia de la derrota, sino en todo caso la causa, es porque no habría guerras suficientes, que
cuando las mismas lleguen al límite adecuado que requiere la industria de
armamentos, entonces las cosas les irán mejor y la crisis será resuelta. ¿Qué
sería entonces lo que explicaría que Bin Laden es agente de la CIA? Justamente el hecho de que, al
cometerle atentados, hace que las guerras se expandan por el mundo entero y
también al ganárselas los está obligando a producir más armas y esto es
justamente lo que necesita para hacer crecer su economía. Es de recordar al
respecto que una explicación parecida nos la dieron cuando nos justificaron la
entrega de nuestro petróleo a los norteamericanos. Si no se lo entregábamos nos
invadían y de este modo desencadenábamos su industria bélica que es lo que
motoriza su economía, en cambio paradojalmente, siendo un cipayo, se está
perjudicando a tal poder. Tal como vemos lo absurdo es lo verdadero, y en
cambio el sentido común es lo falso. Postura ésta que, además de antojadiza,
resulta de una ignorancia sin límites, producto de la aludida dialéctica que
ofusca el entendimiento en modo tal de considerar a una sola actividad como la
determinante de la economía de un país. Por supuesto que en una crisis siempre
va a haber alguien que se beneficiará, del mismo modo que cuando estallaron las
bombas en Hiroshima las industrias funerarias del Japón hicieron un gran
negocio, pero la ganancia de unos está en este caso en relación directa con la
desgracia de otros. Al parecer para los ‘explicadores’ no sería un signo tan
negativo el hecho de que se hayan cerrado bancos, que hayan entrado en crisis
las industrias de la construcción o de los automóviles, etc,
sino que lo principal habría sido que no se produjesen suficientes armas pues
de esta manera es como resolverían sus crisis. Esto sería lo mismo que decir
que necesitamos que estalle un terremoto o una inundación pues de esta manera,
al dársele más trabajo a los vidrieros y a los constructores, se revitalizará
la economía. Cuando lo exacto es en cambio lo verdadero. Debido a que EEUU está
perdiendo la guerra y a que la industria militar ha debido aumentar su
presupuesto, la población ha tenido que pagar más impuestos y por lo tanto ha debido
de prescindir de otros bienes, lo que ha traído por consecuencia la severa
crisis de su economía. Bush cuando desencadenó la guerra de Irak no dijo que
gracias al desarrollo de la industria militar iba a desarrollarse también el
resto de la economía, sino en cambio que con los contratos petroleros que
obtendrían luego de la victoria iban a financiar su guerra. Esos contratos no
se pudieron hacer pues la guerra tomó un rumbo no deseado, justamente por la
presencia de Al Qaeda en el lugar que se la impidió ganar, por lo tanto ello
tuvo que pagarlo el pueblo norteamericano y de esta manera se desencadenó la
crisis pues el dinero que se destinó para pagar la guerra no se lo hizo en
autos, casas, y otros bienes económicos.
Pero los absurdos del
grupo peronista son interminables: resulta increíble que el articulista diga
que gracias al 11S EEUU ha logrado expandirse por el mundo cuando una vez más
lo contrario exacto es lo que ha sucedido. En razón de las derrotas padecidas
dicho poder se ha retraído y está obligado ahora a solicitar ayuda a otros
países como Rusia, China e Irán para que lo ayuden a ganar la guerra a fin de
salir del pantano en el que el mismo entró sin desearlo. Pero en fin esto no merece más atención en tanto que los absurdos son interminables:
vayamos a otras dos páginas también peronistas.
b) Antagonistas y el maleducado de la motosierra
Las otras dos páginas se
desarrollan en una tónica de interpretación muy similar, aunque con la
peculiaridad de que arremeten en contra nuestro y del amigo Preziosi
en grados distintos de agresividad. En la primera de ellas aparece un foro de
nombre Antagonistas, en el cual los participantes del mismo vinculan nuestro rechazo
por la fantasiosa teoría del autoatentado con el
hecho de no ser peronistas. Hay que reconocerles que tienen razón, más allá de
los agravios que nos prodigan por tal hecho. Pero esta circunstancia no los
habilita para decir que hemos estado con el gobierno militar de 1976 ni
atribuirme el apelativo de gorila por ello. En esto digamos que comparten lo
dicho por otra psicodélica página titulada El Loco De La Motosierra que parte de conceptos muy similares aunque con un grado de
agravio mucho mayor. Digamos primeramente que no compartimos con el aludido el
menoscabo que hace de su persona al vincularla con un estado patológico por lo
que dice, simplemente pensamos que se trata de alguien sin educación y que en
todo caso las gruesas equivocaciones que comete, al no poder aplicar con
corrección ni siquiera la dialéctica peronista, se deben al ruidoso influjo de
la máquina que representa, la que no lo deja pensar bien. Por ejemplo Motosierra nos califica como agentes de la CIA y del Mossad por compartir la ‘versión oficial’ respecto del
atentado del 11S y se indigna al mismo tiempo de que estemos en libertad por
estar de acuerdo con tal violencia. Justamente, siguiendo con su mismo
razonamiento, por tener apoyos tan poderosos y compartir lo que ellos dicen, en
ello se encontraría la causa de nuestra libertad. También dice que queremos
como Evola implantar el Oriente tradicional en el
Occidente moderno, cuando lo contrario exacto es lo verdadero. La tradición es
un concepto suprahistórico y supracultural,
no tiene que ver con ningún espacio geográfico y menos todavía podemos pensar
que el Oriente (léase China, Japón o la India) sea tradicional.
Nos achaca que, a pesar de ser antimodernos, usemos el internet, pero por otro lado, refiriéndose a Bin Laden, a quien dice que reivindicamos, reconoce que no puede existir un heroísmo sin el uso de la tecnología. El problema de nuestra objeción a la técnica actual tiene que ver con el uso universal que se hace de la misma. En manos de las multitudes ella es fuente de alienación, otras personas libres pueden en cambio utilizarla provechosamente. Pero si se nos diera la posibilidad de elegir que las personas dejen de ‘comunicarse’ a través de los actuales medios existentes y volviesen así a la normalidad, con mucho gusto volveríamos a usar las señales de humo para vincularnos con los otros.
Motosierra, del mismo modo que el foro Antagonista, me acusa de haber
simpatizado con el Proceso militar y de haber enseñado en la universidad
durante aquella época mientras desaparecían personas. Está mal informado como
siempre. En realidad fui expulsado de la universidad por tal régimen habiendo
transcurrido la mayor parte de tal período en un exilio patagónico. Ya que
estamos hago una breve referencia del hecho. Mi ingreso a la docencia
universitaria en la Facultad de Filosofía y Letras fue en 1975 antes del golpe
militar, cuando había un régimen peronista y salí de ella en 1978 luego de que
se me despojara de mis dos cátedras en la carrera de Psicología y en la de
Filosofía. Mi discrepancia fundamental era con la orientación ideológica de ese
entonces. Para el Proceso no había que combatir al marxismo como doctrina, sino
solamente a los que eran guerrilleros. Yo consideraba entonces que el problema
principal se dirimía en el plano de las ideas y que era más peligroso un
marxista formando jóvenes que un militante armado. Que al marxismo había que
derrotarlo en el campo doctrinario, más que en el militar, formulando precisas
respuestas a su aparato de ideas y abriendo un amplio debate con el mismo como
nunca se hizo en el país. Recuerdo al respecto una conversación que tuviera con
un conocido filósofo de ese entonces y sostenedor de tal gobierno, Eugenio Pucciarelli, quien defendía la idea contraria.
Lamentablemente esta falencia hizo que varios docentes marxistas pudiesen
seguir enseñando normalmente en la universidad con los resultados ya conocidos
y fue también lo que hizo alejarme de tal universidad.
Por último y ya entrando en lo grotesco, Motosierra,
quien divide a la humanidad entre peronistas y gorilas, y a nosotros nos ubica
en este segundo bando, cree haber encontrado una prueba de mi nazismo por haber
concurrido al programa radial del amigo Alejandro Biondini
y agrega nuevamente su deseo de verme en la prisión ya que no sería un
demócrata y pluralista como él. Por lo que vemos Motosierra
es lo primero pero no lo segundo. Cuando el pasado año Ediciones Marea editara
un libro titulado La Religión en la época
de la muerte de Dios, en donde recopiló cerca de diez artículos de
distintos pensadores argentinos, publicó uno de mi autoría, junto a otros de
escritores de origen judío como Pinkler, Abraham, Schneh y el rabino Goldman. Nadie me acusó por ello de
judío, ni tampoco los que integraron el grupo objetaron mi manera de pensar.
Eso es pluralismo y no tiranía democrática que es lo que conoce en cambio Motosierra.
Nos hemos enterado finalmente de que el aludido suele pasar los
fines de semana en la localidad de Marcos Paz, muy cerca de una conocida
prisión, razón por la cual tal tema lo obsesiona y que tiene el apellido de una
provincia argentina, pero preferimos seguir llamándolo con el nombre de la
máquina que representa.
Marcos Ghio
Buenos Aires, 4/04/09