El Centro de
Estudios Evolianos ante la suma trascendencia que han tenido en el mundo los
recientes atentados acontecidos en los Estados Unidos declara:
1)
Que repudia la forma que ha
adquirido la guerra moderna en la cual, en vez de ser ejércitos que luchan
entre sí en campos de batalla especialmente determinados, tal como aconteciera
en la antigüedad clásica y aun en la “oscura” Edad Media, las víctimas y
objetivos militares principalmente sean civiles inocentes.
2)
Pero sería hipócrita y
absurdo querer achacar dicho procedimiento exclusivamente al terrorismo que
demoliera las Torres Gemelas y dañara seriamente el Pentágono. Tal como se ha
hecho notar en sucesivas ocasiones, los Estados Unidos durante la Segunda
Guerra Mundial (Hiroschima y Nagasacki) y en todas las expediciones punitivas
de los últimos años (Vietnam, Irak, Kosovo, etc.) han demostrado con creces
haber sido pioneros en el procedimiento de atacar y exterminar a la población
civil con finalidades militares.
3)
Que dejando a un lado dicha
circunstancia sumamente dolorosa no podemos menos que sacar ciertas conclusiones
respecto de estos hechos:
a)
Tales acontecimientos han
servido para manifestar una vez más lo que algunos describieron como el carácter
infantil de la civilización norteamericana. Es al respecto una de las características
del niño la de carecer del sentido de las proporciones. En efecto, tal como los
mismos norteamericanos lo han testimoniado en su prensa, mientras que por un
lado Estados Unidos ha pergeñado sofisticados métodos de defensa satelital,
nuclear, soldados biónicos, etc., ha descuidado en cambio elementales normas de
seguridad aeronáutica, por lo cual, con medios sumamente rudimentarios, como
cortaplumas, navajas, paquetes simuladores de bombas, etc., se lograron
destruir o dañar los principales símbolos del régimen, como el referido al
poder financiero y al militar.
b)
También es de niño no medir
con corrección la relación entre las causas y los efectos. Las desmedidas
reacciones de Bush ante el atentado incriminando al mundo entero como
terrorista, chantajeándolo a fin de que se declare a su favor, en vez de
reconocer con humildad culpas propias; declarar guerras sin tener pruebas de
culpabilidad no a un país, sino a personas. Todo ello es una clara muestra del
anteriormente señalado temperamento infantil del norteamericano.
c)
Estos atentados han servido
además para romper con el mito referido al carácter invulnerable que presenta
la civilización yanqui con su avanzada tecnología, pero, además de ello, han
permitido retornar a un concepto clásico y tradicional de la guerra, el
relativo a la superioridad del hombre y de su valor respecto de la máquina.
d)
Que por lo tanto, por todo
lo dicho y con independencia de la situación dolorosa antes apuntada,
resaltamos el valor heroico de quienes se inmolaron en tales actos de ataque a
los principales símbolos de la civilización norteamericana, vanguardia
arquetípica de la modernidad. Y ello lo sostenemos con independencia plena de
quienes puedan haber sido los ejecutores de los mismos, juzgando en
exclusividad el hecho objetivo.
e)
Por último, ante quienes, en
un exceso de suspicacia, opinan acerca de la posibilidad de que estos atentados
hayan podido ser inducidos por los mismos Estados Unidos para justificar una
intervención militar en el Oriente Medio, juzgamos que en proporción ha sido
mucho peor para tal gobierno la puesta en evidencia de la vulnerabilidad del
sistema que las ventajas que le podría haber brindado el hallazgo de un
justificativo. Puesto que para ello hubiera podido acudir a medios más
sencillos, pues bien sabemos que no es necesario usar un rayo láser para matar
una mosca.
Buenos Aires, 22/09/01