PARALELISMOS HISTÓRICOS
BUSH Y CHURCHILL
En esos días, debido a la perseverancia
y tozudez demostrada por el actual presidente Bush en mantener, a pesar de
todas las críticas en contrario, a las fuerzas armadas de su país en Irak, se
ha venido asociando su figura con la del primer ministro británico Churchill
por su actitud similar asumida en ocasión de la Segunda Gran Guerra. En efecto,
así como este último, contra viento y marea, casi en completa soledad y
teniendo todo en su contra, se mantuvo firme en su decisión de enfrentar a la
Alemania nazi hasta lograr con el tiempo vencerla, sucedería lo mismo ahora con
el presidente Bush en relación al fundamentalismo islámico. En su caso él
vislumbraría, del mismo modo que su par británico, el terrible peligro que el
mismo representa en tanto manifestación
del nuevo "fascismo" de estos tiempos, y se daría cuenta de que si no
se le hace frente de cualquier manera y en su propia madriguera, tarde o
temprano, tal como se habría ya visto el pasado 11/9, se lo tendría en la
propia casa.
Aunque a decir verdad el famoso
"sangre, sudor y lágrimas" de Churchill no sería el único y principal
elemento que lo acerca a su par norteamericano. Habría a nuestro entender otro
aspecto fundamental del cual no se ha hablado para nada y es lo relativo a la
inteligencia política que se encontraba por detrás de tal aparente tozudez.
Analicemos brevemente los dos ejemplos. Churchill en el año 1941, cuando su
país se encontraba casi al borde del colapso ante el vertiginoso avance de
Hitler por toda Europa, tenía ante sí a dos potencias que por igual se
contraponían al sistema liberal capitalista por él sustentado. Por un lado la
Alemania nazi y por otro la Rusia comunista y, para colmo de males, sucedía
también que esas dos naciones se habían aliado para dividirse Polonia.
Enfrentar a las dos le hubiera resultado imposible, ya que no lo podía hacer
con una sola, en cambio la solución para salir de una derrota segura se hubiera
encontrado en el hecho de que se pudiese lograr que los dos aliados entraran en
guerra entre sí. Los historiadores han podido probar que con una gran habilidad
Churchill le hizo creer a Hitler que Inglaterra, ante la desesperación de una
derrota segura, hubiera apoyado una acción de éste en contra de Rusia
retirándose de la guerra y abandonando definitivamente su proyecto de hacer
entrar en ella también a los EEUU (y fue en función de ello que aquel lo
enviara a su lugarteniente Rudolf Hess en misión de paz). La realidad fue en
cambio que, una vez logrado que las dos fuerzas antiliberales entraran en
colisión entre sí tras la invasión de los nazis a Rusia, el camino para la
victoria, que antes parecía imposible, se vio allanado con el tiempo. Primero
se derrotó al nazismo y años más tarde se produjo el derrumbe del segundo
enemigo, el comunismo.
Hoy en día a Bush se le presenta una
disyuntiva similar, la que venía a su vez siendo enfrentada por sus
predecesores pero en una forma diferente. En el Oriente milenario e islámico en
1979 había surgido un nuevo enemigo del sistema capitalista occidental con la
revolución iraní del ayatollah Khomeini, la cual amenazaba expandirse por la
totalidad de tal territorio sumamente estratégico y rico en materias primas
como el petróleo. Luego de un primer fallido intento por atacarlo frontalmente,
se acudió al procedimiento de confrontarlo desde el seno mismo de tal
civilización. En primer lugar se lo hizo a través de un sector laicista, con el
régimen de Saddam Hussein, su vecino en Irak, al que se lo estimuló a llevar a
cabo una larga guerra de 8 años de duración la que fue respaldada cálidamente
por los norteamericanos, quienes incluso llegaron a aprobar la utilización de
armas químicas por parte de este último. Luego, tras el fracaso de este primer
intento, se acudió a una estrategia más osada todavía, la de confrontar al
fundamentalismo chiíta de los iraníes con otro de un tenor similar pero
perteneciente al sector rival en que se divide el islamismo, aprovechando esta
vez la enemistad histórica entre esta comunidad religiosa con su par sunnita,
mayoritaria en el resto del Islam. Fue así como la apuesta norteamericana subió
de tono con el apoyo brindado a los talibanes en Afganistán con la finalidad de
crear un foco opositor en el seno del mismo fundamentalismo, considerando que
ello iba a representar un freno para su expansión y que este movimiento se iba
a agotar en una lucha intestina, así como en el siglo pasado nazismo y
comunismo se terminaron aniquilando entre sí impidiendo de este modo la derrota
del capitalismo liberal. Pero esta jugada insumió un riesgo inesperado en la
medida que el "aliado" elegido terminó siendo mucho más peligroso que
el enemigo al que se quería destruir. Llegamos así al 11/9 cuando el
fundamentalismo sunnita destruyó las Torres Gemelas, dañó el Pentágono y casi
lo hace con la misma Casa Blanca. Quedaba así en claro que, a diferencia de su
par chiíta, éste no quedaba reducido a las fronteras del Oriente, sino que
llegaba hasta la sede central misma del capitalismo liberal. Este hecho, que
aconteció a los pocos meses de que Bush asumiera el gobierno, lo obligó a
efectuar un replanteo de su estrategia. El enemigo principal ya no era el mismo
del de antes de que asumiera la presidencia. Aquel al cual se reputaba como un
aliado aparecía en cambio ahora como mucho más extremo y peligroso, dejando de
ser una cosa exótica con sus burkhas, leyes del talión y destrucción de
monumentos, para convertirse en algo sumamente deletéreo y corrosivo una vez
que se comprobara la existencia extrema del peligro kamikaze, pero expandido
entre vastas capas de la población, a diferencia de la experiencia que se
viviera en Japón en donde tal fenómeno era sólo exclusivo de una pequeña elite
militar.
Por tal causa Bush rápidamente renunció
a su anterior aliado y decidió invadir Afganistán. Y en tal maniobra contó esta
vez con el apoyo del régimen iraní quien se sintió encantado con la posibilidad
de sacarse de encima a un vecino molesto y rival en su fundamentalismo. A su
vez aquel no era ya lo mismo ahora que en la época de Khomeini pues, a pesar de
toda la retórica que continuaba empleando en contra del Occidente, estaba
dispuesto a participar de los mismos cánones del sistema capitalista y su revolución,
a diferencia de la sustentada por Al Qaeda, se había convertido en un fenómeno
meramente nacional y vinculado al proceso de hegemonía y dominio dentro de la
propia región. Sucedió así que, del mismo modo que Churchill no manifestó nunca
que habría apoyado a los rusos en contra de los alemanes y siguió manteniendo
una retórica anticomunista, Bush calificó verbalmente a Irán como el eje del
mal, pero curiosamente, luego de la ocupación de Afganistán, hizo lo mismo con
su otro enemigo Irak y, otra curiosidad, apoyó allí la instauración de un
régimen chiíta de grandes afinidades con el de Irán y con el cual mantiene
fluidas relaciones. Es decir, aquí también los hechos desmintieron a las
palabras.
Por lo cual hoy en día sucede lo
siguiente. Si bien Bush manifiesta querer seguir estando en Irak, en la
práctica sabe que esto no va a suceder por mucho tiempo pues hay ya un
sustituto adecuado para cumplir con la función de mantenedor del orden en
tal país. Los mejores testigos de tal realidad nueva han sido por un lado el
nuevo primer ministro británico y por otro el régimen irakí de Maliki. El
primero ha dicho que reducirá sus tropas a 1.500, es decir nada, pues piensa
enviar los contingentes que retire de allí hacia Afganistán en donde se
encuentra el verdadero problema y el segundo quien acaba de manifestar que EEUU
puede sin más retirarse de su país. No resulta difícil imaginar quién lo va
a suplantar, luego de que el presidente Talibani volviera de un viaje a Teherán
con apoyos plenos al nuevo plan de seguridad a implementarse. Claro que las
cosas no son tampoco tan fáciles pues por un lado el Estado Islámico de Irak
(Al Qaeda) ha manifestado abiertamente que si Irán no se retira de Irak en dos
meses le iniciará una guerra y por otro la milicia chiíta de Al Sadr ha
manifestado su rechazo por el régimen iraní.
Pero nos queda una pregunta clave:
¿adónde se irán los 160.000 soldados norteamericanos una vez que se retiren de
Irak? No cabe duda alguna de que el nuevo destino es la zona de Afganistán y
Pakistán en donde se encuentra el eje de la insurgencia de Al Qaeda y los
Talibanes. La reciente matanza de la Mezquita Roja implementada por el
presidente Musharraf, con el debido apoyo de los norteamericanos, preanuncia
este hecho respecto del cual podemos esperarnos en cualquier momento novedades
impensadas de la extensión de la guerra de civilizaciones.
Quedan una pocas palabras para los
desinformadores de siempre. Así como años atrás se cansaron de decirnos que
EEUU se había autodestruido la Torres y el Pentágono, hoy nos dicen que piensa
invadir o hacer invadir Irán. Si bien es cierto que en este último caso existen
sectores extremistas sea en el seno de la colectividad judía como de la
norteamericana que pretenderían hacerlo, lamentablemente ello no va a
suceder pues el enemigo tiene la suficiente inteligencia como para darse cuenta
de que una medida de tal tipo sería contraproducente pues lograría unir en un
mismo bloque a fundamentalistas sunnitas y chiítas. Esto lo tuvo en claro
Churchill cuando supo ver que para derrotarlos había que hacer enfrentar entre
sí al nazismo y al comunismo, pero no a los dos a un mismo tiempo. Bush sigue
pues en el mismo camino.