MEDIO ORIENTE
LA GUERRA ENTRE BLANCOS Y BRONCEADOS
Como todos los grandes conflictos existentes en la historia
la ya estallada guerra en el Medio Oriente ha ayudado a poner en claro ciertas
actitudes ideológicas que se encontraban apenas latentes permitiendo establecer
así nuevas clasificaciones, mostrándonos a su vez lo obsoleto que resulta hoy
en día no solamente hablar de izquierda y de derecha, términos que, tal como
hemos manifestado en otras oportunidades, se han relativizado totalmente, sino
también seguir utilizando aquella dicotomía que ha dividido por mucho tiempo a
las personas entre adherentes al fascismo o al nazismo por un lado y a la
democracia por el otro. Hoy presenciamos cómo representantes de estas dos
posturas, consideradas desde tiempo como antitéticas, simpatizan y apoyan la
causa de Israel en contra del “terrorismo”, haciéndolo en nombre de principios
diferentes. Por lo cual habría que modificar nuestro léxico ideológico habitual
y comenzar a utilizar otro diferente. Consideramos que a este último grupo
compuesto sea por fascistas y demócratas, aunque no englobándolos a todos,
habría que denominarlo como el de los defensores de la “teoría de la lucha entre civilizaciones” los que, en tanto
provenientes de estas dos concepciones tradicionalmente antagónicas, podrían
dividirse a su vez en dos subespecies. La primera es aquella que considera que,
más allá de las ideologías que se sustenten ocasionalmente, se encuentra un
fondo común e inmodificable que estaría representado o por las razas, o por las
naciones, o por ciertos conglomerados hemisféricos y culturales a los que se
denomina equívocamente como “civilizaciones”, los que lucharían
incondicionalmente entre sí por perpetuarse y por doblegar al adversario, por
lo que el conflicto del Medio Oriente ingresaría en uno más vasto que es el que
contrapone a la “civilización occidental y blanca” por un lado con la islámica,
morena y “bronceada”, utilizando un léxico propio de uno de los más ardientes y
singulares pregoneros de tal postura, el caricaturesco Calderoli, por el otro.
A esta postura proveniente en gran medida de sectores fascistas, aunque
obviamente no agote a la totalidad de tal espectro, se le ha aliado una de
izquierda, democrática y progresista, que en cambio defiende al Occidente no
por su blancura de piel o por su pasado “indoeuropeo”, sino porque es la
“civilización” que sustenta los valores superiores consistentes en la
“democracia” en contra del autoritarismo, la intolerancia y el fundamentalismo
religioso hoy manifestado principalmente a través del Islam. Lo interesante a
resaltar aquí es que ambos sectores están íntimamente unidos, a pesar de su
pretendido antagonismo ideológico, en defender hoy en día la posición del
Estado de Israel ante lo que ellos consideran como el principal enemigo de la
propia civilización que es el integrismo religioso islámico, el que se ha
apropiado de la causa palestina a través de Hamas y Hezbollah, presentando a su
vez marcadas cercanías con otros peligrosos movimientos fundamentalistas de un
similar tenor como el Talibán y Al Qaeda hoy sumamente operativos en Irak,
Afganistán y Somalia. A esta izquierda democrática se le contrapone otra de
carácter “antiimperialista” y convencional que, en tanto sostenedora de la
lucha de clases entre pueblos y naciones, reputa como una superestructura de
valor secundario el carácter religioso de tales movimientos, defendiendo así
incondicionalmente la postura del sector árabe simplemente por ser
antisionista.
Sin embargo hay que resaltar aquí que,
más que sorprendernos que haya una izquierda que hoy avale a un movimiento de
corte religioso y medievalista en una postura doctrinaria totalmente contraria
a sus principios, resulta mucho más asombrosa en cambio la voltereta efectuada
por sectores tradicionalmente antijudíos de origen nazi y fascista que hoy en
cambio se embanderan abiertamente por la causa del Estado de Israel. Así pues
mientras que en Italia, en concordancia con lo ya señalado en otras
oportunidades, el post-fascista Fini, con la anuencia de varios otros sectores
afines pertenecientes al viejo tronco de su movimiento, critica al gobierno de
centro izquierda por ser excesivamente blando con el terrorismo y no declararse
decididamente a favor de Israel, al que califica como verdadero bastión
occidental y el racista Calderoli a su vez llega nada menos que a calificar a
Prodi de antisemita, en Rusia se acaba de realizar un congreso de apologética
de la raza blanca del que han participado conocidos ideólogos sea del nazismo
como de la nueva derecha pagana, tales como Faye, Steuckers, Vial, Ravello,
entre otros (1). Curiosamente allí se ha centrado todo el debate respecto del
principal peligro para Europa que ya no estaría representado más por el
judaísmo, sino por el islamismo al que se califica como una civilización de
carácter regresivo e invasivo pues pretende conquistar a la propia y sustituir
toda Iglesia por una mezquita, concordando en esto con lo afirmado por la muy
conocida periodista Oriana Fallaci desde la izquierda progresista. El belga
Steuckers llega todavía más lejos en sus análisis. Tomando como excusa la
tragedia acontecida con la toma de la escuela en Osetia, acontecimiento que
como bien sabemos no puede atribuirse en su responsabilidad exclusivamente a la
guerrilla chechenia, sino principalmente al régimen ruso por su actitud
extremista en el enfrentamiento de la misma, afirma que la meta del Islam es el
exterminio de los pueblos “indoeuropeos” de raza blanca. Acá acotemos que estos
nuevos racistas, epígonos actuales de Rosenberg y Chamberlain, extienden el
concepto de raza elegida y superior no reduciéndola solamente como sus maestros
a la nórdica germánica, sino también a la eslava (por eso se reúnen en Rusia)
la que ahora habría dejado de ser “esclava” y en general a todos los que son
“blancos” y no “bronceados”. ¿Pero cuál sería la razón por la cual el judaísmo
habría dejado de ser el principal problema a enfrentar? Quien nos da al
respecto una respuesta es el principal ideólogo del evento, el ya mencionado
por nosotros Guillaume Faye cuando enfoca la cuestión judía.
Según éste la misma ha dejado de ser un problema para ser sustituido en cambio
por el Islam, pues mientras que éstos quieren someternos a todos, el judío en
cambio “no pretende convertir” a nadie a su religión, habiendo además efectuado
notorias constataciones. Mientras que los árabes son morenos y bronceados,
nuestros hebreos de Israel son “blancos”, representando pues una avanzada de
tal civilización en el Medio Oriente. Habría que acotar también, en abono de
tal constatación que la élite judía que controla mayoritariamente el Estado de
Israel es ashkenazi, por lo tanto de origen “indoeuropeo”, habiendo sometido al
sector judaico bronceado de origen sefaradita. Una razón más entonces para
encontrar grandes puntos de coincidencia.
Pero contestando lo aseverado por Faye
digamos dos cosas. La primera que es verdad que el judío no quiere convertir al
Occidente, pero ello es por la sencilla razón de que ya lo está. Aunque digamos
también que la religión judaica a la cual el Occidente indoeuropeo se ha
convertido no es la tradicional de David o de Jacob, sino la secularizada del
gran becerro de oro, en cuyos principios está informado el Estado de Israel.
En segundo lugar digamos también que es falsa la teoría de
la lucha de las civilizaciones en tanto que no es verdad que las ideas y los
principios sean simples instrumentos utilizados por las razas, naciones o
conglomerados de éstas para perpetuarse y doblegar a las restantes. El hombre
es libre y no se encuentra sometido a una fatalidad, llámese ésta intereses
históricos de la raza blanca en el caso de los aludidos nazis o los de Jehová
en el de los judíos de Israel. Es falso por lo tanto lo que ellos consideran
cuando afirman que aquí lo que se repite es una constante histórica que
contrapone el Islam con el Occidente y que la batalla a librar es una
continuidad de la de Carlos Martel en Poitiers, por la sencilla razón de que el
Occidente de aquella época no estaba convertido como ahora al judaísmo
secularizado. Las banderas de ese entonces no eran el consumismo, la fiebre
tecnológica, la democracia y el hedonismo, sino valores espirituales y
metafísicos. Estos últimos son en cambio sustentados por el fundamentalismo
islámico en la actualidad en total exclusividad, puesto que nuestra Iglesia
católica lamentablemente ha abjurado de la Tradición volcándose de lleno a la
modernidad. Por lo tanto la lucha de hoy en día no es entre blancos y
bronceados como nos proponen nuestros nuevos nazis, que hoy cuentan
paradojalmente con el apoyo ruso, sino la que siempre ha existido entre
Tradición y Modernidad. Esto es entre un mundo centrado en valores espirituales
y metafísicos y otro en meramente materiales, económicos y hedonistas como el
actual.
(1) Nos referimos a la Conferencia sobre el Mundo
Blanco realizada en la ciudad de Moscú junio 8-10, 2006. Agradecemos a nuestro amigo Jorge Camacho de Tartagal (Salta) quien no
ha hecho llegar tal información.