BIN LADEN ANTE WASHINGTON Y MOSCÚ
La reciente aparición pública del líder de la resistencia
antimoderna tiene una serie de explicaciones. En primer lugar que ello ha
acontecido luego de que, tras un bombardeo efectuado por la CIA en Paquistán,
se insistiera de manera casi obsesiva en que, entre los 18 muertos que
participaban de una fiesta de casamiento, además de las ocho mujeres y seis
niños debidamente comprobados, se encontraba nada menos que el N.º 2 de Al
Qaeda, Al-Zawahiri. En tanto no fueron suficientes al respecto las sucesivas
declaraciones de las autoridades paquistaníes que desmentían tajantemente tal
información, el hecho de que Bin Laden haya demostrado estar vivo, a pesar de
todo lo que se decía en contrario, representa el mayor mentís a las especies
informativas esparcidas por el mundo entero por tal central de inteligencia y
hasta por Donald Rumsfeld. Para éstos el largo silencio del líder de Al Qaeda
indicaba que él también había sido muerto por las “bombas inteligentes” de los
norteamericanos y que por lo tanto la disolución de tal organización era casi
una cuestión de hecho. Su aparición pública, así como su amenaza de nuevos
atentados en el seno mismo de la sociedad norteamericana representa pues una
contundente derrota de tal potencia en su manifiesta incapacidad por
desarticular a su principal enemigo a pesar de todo el despliegue bélico
implementado.
Las consecuencias de la misma no tardarían en manifestarse en su eslabón más sensible, la economía. Ante la eventualidad de nuevos atentados, muy factibles en tanto no se ha sido capaz de desarticular a la aludida red terrorista, rápidamente el petróleo sube hasta los casi 70 dólares el barril, Wall Street se derrumba en un 2% en una sola jornada. Y muy posiblemente se incrementen los hechos negativos ante el estado de inseguridad que se vive en la gran metrópolis y que crece cada vez que aparece un comunicado en vivo de tal tipo.
Pero es curioso constatar también la
reacción ante tales hechos por parte del alicaído gemelo “ex comunista” del
coloso del Norte, hoy en crisis, el que no se resigna a aceptar haber perdido
su condición de partícipe fundamental en los acontecimientos mundiales. La
“izquierda boba” (feliz expresión de Vargas Llosa para referirse al marxismo
terminal) no quiere dejar de ser protagonista y no acepta que haya otros que
puedan asumir la función de enemigo del sistema con una eficacia mucho mayor
que la tenida por ellos a pesar de haber contado en su momento con una vastísima
geografía. Así pues mientras que Fidel Castro dice que Bin Laden no existe y
que los videos y grabaciones que nos lo muestran son montajes de Washington, el
general ruso Ivashov, ex jefe del Estado mayor de su país, ha expresado también
en una reciente conferencia que el terrorismo es un invento de los
norteamericanos, aunque a renglón seguido se contradiga proponiéndole a tal
país una alianza para derrotar al tal enemigo común. Es decir que la izquierda
boba añora el mundo bipolar en donde ellos eran protagonistas y tenían la
posibilidad de pactar en igualdad de condiciones con tal imperio. Mundo por lo
demás ilusorio ya afortunadamente concluido pues el marxismo nunca fue una
alternativa al capitalismo, sino su alma gemela, tal como se demuestra aun hoy
día en las consideraciones de ambos en relación a la figura de Bin Laden. Así
pues mientras que los capitalistas se consuelan dando por muerto a su principal
enemigo y recaban de su silencio su no existencia, el consuelo de los
comunistas se expresa en cambio en una manera inversa. Es porque aparece y
habla que estaría demostrado que no existe en tanto se trataría de un montaje.
En pocas palabras, por caminos distintos niegan a un enemigo común. La duda
consistirá en saber si, a pesar de todo, Washington aceptará la alianza con
Moscú para emprender en manera conjunta la lucha “antiterrorista”, es decir si
querrá volver a un mundo bipolar.
Pero así como ayer decíamos que el
capitalismo y el comunismo eran las dos caras de una misma realidad, hoy lo
seguimos sosteniendo al afirmar: ni mundo moderno unipolar ni bipolar, ni
tampoco multipolar, sino mundo tradicional en el que imperen los valores del
espíritu a diferencia de las ideologías gemelas.
Buenos Aires, 23-01-06